Arizona Baby y Los Coronas. Dos bandas y un destino en sala Óxido, Guadalajara. 03/02/2011

Por , el 05 - 02 - 2011

Pasadas las 22.00 horas, un sonido nos hace dejar la conversación para percibir que las imágenes que comienzan a proyectarse sobre la pantalla del fondo de la sala anticipan la introducción con la que da inicio la actuación entre Arizona Baby y Los Coronas. Mientras el mensaje del vídeo de presentación de Dos Bandas y Un Destino llega a su conclusión, Javi Arizona comparece sobre el escenario desenfundando su guitarra y arrancando con los compases de “Buenas Tardes Amigo” de Ween.

A su espalda, se suceden las imágenes de westerns antiguos mientras la canción progresa y los forajidos de Arizona Baby & Los Coronas ocupan el escenario. La Sala Óxido se convierte en el OK Corral alcarreño, donde un trío convenientemente ‘arizoneado’ de amish electroacústicos, ataviados con su sobriedad característica únicamente quebrada por ‘ostentosos’ sombreros de copa; mide fuerzas con un quinteto de jinetes de las olas, de camisa rojo diablo y sombrero de cowboy.

Dos cuadrillas enfrentadas y capitaneadas por dos de los forajidos más lenguaraces y locuaces de este lado del Atlántico: Javi Arizona y Fernando Pardo. Aunque, por su condición de vocalista, el reverendo vallisoletano se encarga de ejercer de maestro de ceremonias, intentando involucrar a la audiencia.

Sin embargo, más que un duelo de pistoleros, la gira Dos Bandas y Un Destino lo que ofrece es una relación pacífica y simbiótica entre dos elementos aparentemente enfrentados: la arena del desierto y el agua del mar. Una simbiosis que empieza a gestarse con la apertura con “Buenas Tardes Amigo”, donde a modo de calentamiento, los ocho músicos se ajustan y fusionan para enlazar con la adaptación de “Everybody Knows This Is Nowhere” de Neil Young. A cuya conclusión, Los Coronas dejan solos a los hermanos Arizona para que encaren su repertorio habitual.

Tres licenciosos creyentes de la religión del rockandroll, barbudos bebedores de cerveza, que transmiten la fuerza de sus composiciones acústicas apoyados visualmente por imágenes de duelos al sol, peleas de salón y bailarines del midwest. A lo largo de la actuación, la selección de las imágenes y su coordinación con lo que sucede en el escenario es digna de mención.

Con Rubén y Hermo sentados respectivamente al mando de un Winchester 73 en forma de guitarra y una batería básica, ejecutan los ritmos ‘arizoneados’ de “The Truth”, “Ouch”, “Dirge”, “Muddy River” y “X’ed Out”, mientras ceden el protagonismo escénico a Javi, que invita, que provoca, que recorre el escenario de un lado a otro, que complementa la música con su voz y al que sólo le falta decir “sólo me lo arrancarán de mis manos muerto” cuando eleva su guitarra.

Tras la nube de polvo del desierto de Arizona Baby se vuelve a divisar las figuras de los cuatreros de olas. Es el turno de “Runnaway”, incluida en su EP conjunto, donde empieza a verse cierta complicidad con el público, que tímidamente hace los coros del tema de Del Shannon. Un EP y una gira conjunta que surge del siguiente paso en el repertorio: “Shakin’ All Over”, la primera canción que interpretaron de manera conjunta y espontánea sobre un escenario.

Arizona Baby cede el testigo a Los Coronas que con “Jinetes Radioactivos” comienza su sesión instrumental que vuelve a repasar ese repertorio sólido, sin fisuras, que se mete al público en el bolsillo con aparente facilidad. Suenan “Youza”, “Supertubos”, “Polk Salad Annie”, … La adaptación de “Flamenco”, de Los Brincos; es especialmente jaleada por la audiencia al igual que reconoce el trabajo del trompetista, que le confiere a su música un aire fronterizo muy adecuado para esta velada.

Una versión acelerada y cantada por Loza, el batería, de “Pushin’ Too Hard” de The Seeds da paso al regreso del trío barbudo para que el grupo salvaje encare “Mr. Soul”, de Buffalo Springfield, cuyo riff principal acercan al “Satisfaction” de Rolling Stones. “Supernaut”, de Black Sabbath, eleva las pulsaciones que son rebajadas por esa trágica balada del engañado titulada “La cárcel de Sing Sing”. Con “Wish You Were Here”, de Pink Floyd, llega el momento álgido que da paso a una interrupción, la primera en casi horas.

La banda reaparece en escena para ‘arizonear’ “Secret Agent Man” y posteriormente, ‘coronear’ esa “mala pécora” llamada “Shiralee”, entre la que intercalan “Surrender” de Elvis. Con el alcohol insuflando ánimo del respetable llega “Too Drunk to Fuck” y otro ‘clashico’ del punk, aunque original de Bobby Fuller, “I Fouth the Law”, para cerrar su actuación entre una fuerte y larga ovación.


Texto: Carlos A.S.
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