Crónica del Klubbers Day 2010

Por , el 06 - 04 - 2010

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En cuanto a música electrónica se refiere, los dos festivales por excelencia en Madrid son el SPS Festival y el Klubbers Day. Si bien es cierto que andamos muy escasos por estos lares de grandes eventos en esta materia, si exceptuamos fiestas especiales como las CODES, Reverse, Vértigo, GOAS y demás macrosesiones celebradas en la discoteca Fabrik, estos dos festivales consiguen mantener el nivel electrónico de la capital y saciar nuestra sed de baile. Sobre todo el Klubbers Day, una cita que, con esta quinta edición, ya se ha convertido en una cita ineludible para todos los amantes de este arte. El pasado puente de San José pudimos disfrutar del mejor house, trance y techno a lo largo de tres días demenciales que a día de hoy aún resienten nuestro cuerpo.

En esta ocasión hubo varias novedades: en lugar de dos días la oferta se amplió a tres, el hip hop desapareció del cartel -aunque se añadió el trance- y la organización puso en marcha un plan sostenible llamado Klubbers’ Green. Uno de los propósitos de éste era que por cada entrada se plantaría un árbol y en vista del éxito del festival, esperamos ver el bosque Klubbers muy pronto. En esta ocasión hubo un artista que destacó cada día por encima del resto, aunque en líneas generales la calidad imperó a lo largo de las tres noches y el resultado global sin duda es muy positivo.

Jueves

A media noche empezó la fiesta. Bueno, realmente lo hizo dos horas antes, pero realmente quien inauguró el Klubbers Day 2010 fue Gareth Emery. Teníamos grandes esperanzas vertidas en él y, aunque no impresionó, sin duda no defraudó en absoluto. Pincho desde la cima del Limbo y es que la cabina en el Madrid Arena estaba situada en el cuarto anfiteatro, es decir, más alto imposible. Adecuo perfectamente el equilibrio entre la tralla y la melodía propia para una buena apertura y así descargó perlas como “On A Metropolis Day”, la producción que comparte con OceanLab, “Caffeine” de 7 Skies, o el que es uno de sus principales himnos, “Exposure”.

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En el Satélite, y después de la actuación de un Brian Cross mediocre, según nos indicaron los que entraron nada más abrir las puertas, Wally López deleitó a los que procuraron huir del Trance de la principal con su estilo bailongo. No soy un gran devoto ni del estilo que practica ni de sus producciones pero si la estantería de su casa está llena de premios y está considerado uno de los dj’s españoles más internacionales, es por algo. El house comercial al que nos tiene acostumbrados en su programa de radio no suele aparecer en sus directos, y menos aún en enclaves como el Klubbers Day. Es evidente que en Ibiza la cosa será distinta pero el gafapasta más famoso de las cabinas españolas supo hace gala de una buena técnica y logró calentar un pabellón aún bastante desangelado.

Un rato después, corriendo de vuelta a la principal porque era la hora de ver que nos tenía preparado la estrella de la noche, Armin Van Buuren. Tremendo, sí señor. Hizo una sesión redonda, de esas que plasman los libros sobre excelencia a los platos. Calidad a raudales, conexión con el público y fluidez absoluta en la pista. Desde el primer momento y su tema de apertura, “Safe (Wherever you are)” de Velvetine, seguido de su remix de Faithless, “Not Going Home”, logró desatar la locura en un público ya puesto a tono por Emery. Brazos en el aire, lluvia de camisetas, pitidos y gritos enfervorecidos que acogían emocionados “Aisha” y “Tuvan”, de Gaia o mashups del propio Armin, tales como “Never Say Shakedown” o el tremendo “In & Out Of Love vs. On Off”. Enorme recital en el que obvió sus temas más radiados para centrarse en una perfecta progresión que combinó vocales e instrumentales de un modo magistral. Tres horas que supieron a poco y que clausuró con “We Are One” de Paul Van Dick y sus dos perlas “Communication Part 3” y su feat con Gabriel & Dresden, “Zócalo”. Había muchas ganas de Trance en Madrid y el público lo demostró con creces. Esperemos que a partir de ahora sea un estilo más a tener en cuenta por los promotores nacionales.

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Desgraciadamente nos perdimos a Pete Tong de modo que intentamos consolarnos con el cierre de Abel Ramos. Con decir que concluyó su set con “When Loves Take Over” de David Guetta creo que está todo dicho. ¿En que momento del camino te perdiste, Abel? Quizá sea demasiado fuerte el deseo de que la Mtv ponga tus videoclips en un vano intento de parecerse al que se ha convertido en el más grande del cutrerío dance, Tiësto. Pero bueno, tampoco seré muy duro, que en ese momento simplemente lo ignoré encaminándome de nuevo a la main room.

La noche llegaba a su fin y el encargado de arrancarnos las últimas fuerzas que nos quedaban fue Marcus Schulz. Hizo una sesión idónea para la hora a la que tocó pinchar, y sobre todo tras la de Armin Van Buuren. Más oscura y con apenas “cantaditas” que bordeando el amanecer pudieran empalagar más de la cuenta. El gran problema de su sesión fue la injusticia que se cometió con él. Hubo un bajón repentino de decibelios en el Madrid Arena que sin duda emborronó un buen recital. El comienzo corrió a cargo de “Forget About Us”, de Lentos, “Comet” de Skytech y “2009” de “Binary Finary” aunque según pasaron los minutos se fue endureciendo, como mandan los cánones. No obstante, la acogida fue mucho más nimia que con su predecesor, como era de esperar si sumamos todos los factores agravantes. En cualquier caso, hizo una buena sesión y se marcó un gran cierre gracias temas tan geniales como “Universal Nation” de Push y sus dos producciones rompepistas “The New World” y “Do You Dream”. El sol ya había salido para cuando dimos por finalizada la jornada. Era el momento de descansar un poco, que aún quedaba un largo fin de semana por delante.

Viernes

El viernes comenzó mas pronto de lo deseado, había que ver a Faithless Sound System. Si me dan a elegir desde luego prefiero calentar los oídos antes de empezar la fiesta a las 9 de la noche con el cabeza del cartel, pero bueno, o lo tomas o lo dejas. A pesar de que sólo vino Maxi Jazz había que tomarlo, claro. Además de ella en las vocales le acompañaban una dj, encargada de las programaciones, y una percusionista con cacharros variados. Asimismo Javier Orduña dignificó su papel con un set dubstep. El sonido fue perfecto y nos deleitaron con un set muy variado. Pasajes jazzeros y trip-hop revestidos de una deliciosa esencia electrónica. Todo ello en clave techno-ambient y dance sensual que, en contraposición a lo que pensábamos debido a la hora de su actuación, significó un gran comienzo de la noche del viernes.

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Después optamos por asomarnos por el Arena Club para ver por donde respiraba el proyecto Daisy Chain, compuesto por A. Professor y Paula Cazenave. Es evidente que si el profe hubiera llevado a su lado al señor Murphy habría estado más arriba en el cartel pero la química con Cazenave es evidente y estuvieron bastante aceptables.

En el Bassement Diringer desplegó todo su potencial en una pista vacía. Koletzki no tardó en coger los mandos de la nave y asombró al escaso personal con una selección abrumadora. Las maletas de estos alemanes en materia technófila valen su precio en oro. Tras exprimir todo lo que pudimos de la factoría Stil Vor Talent y sujetos a la soga temporal que supone querer ver al máximo numero de artistas posibles, corriendo al Satélite. Marcel Dettmann por su parte, practicó un techno de la vieja escuela y sin concesiones plagado de clásicos tales como “Manmade” o “Let’s Get Over It”. Eso sí, nada que ver con la destreza de Dj Murphy a los platos. Éste arrolló con todo y desde luego se comió al pobre Professor, ya que actuó justo después de él. Mientras tanto Daniel Bell hizo lo que quiso, sin llegar a buen puerto. A pesar de ser un live no se puede decir que sudara la gota gorda precisamente. Se limitó a salvar el culo gracias a unos cuantos vocoders y una serie de pistas pregrabadas. Después Oscar Mulero repartió pero no partió. Con la oferta internacional que había esa noche debería haberse puesto las pilas para ponerse a la altura de los grandes pero dio la sensación de que no le importaba demasiado. Aprobado raspado para OM y con el cuerpo frío era hora de que alguien nos pusiera en nuestro sitio.

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Seguimos intentándolo en la principal, pero no fue el lugar más idóneo para hacerlo ya que a esas horas se encontraba en la cabina Dubfire. Vale, formó parte de Deep Dish pero parece que ya se le han acabado las ideas. Una sesión mayoritariamente lineal salvo momentos puntuales como el gran remix del “Greenhouse” de Radio Slave y el poco original cierre con “Spastik”. Que sí, que nos flipa, pero el pasado ha de ser un trampolín, no un sofá. Así que nada, ahora sí que sí, la paciencia se nos había terminado, necesitábamos un buen chute de energía sónica. Y por suerte, lo conseguimos. El salvador fue, nada más y nada menos que Luke Slater, ese dj con nombre de serie adolescente de los noventa. Pero mejor llamemos a las cosas por su nombre: Planetary Assault Systems. O lo que es lo mismo, un directo demoledor. Techno por techno, muy dinámico y contundente. Mezcló con la habilidad de un científico loco temas antiguos con otros más nuevos y joyas como “Temporary Suspension” nos dieron lo que llevábamos buscando un largo rato. Inexplicable la poca congregación que se acercó al Satélite a disfrutar del live de este maestro.

Tras Planetary, un Christian Wünch de lo más insípido. Tan repetitivo en tan poco tiempo que no tardamos en desfilar con viento fresco a intentar hallar un mejor producto para nuestros oídos. Como suponíamos que Paul Ritch no sería la solución al problema optamos por la mejor opción posible, Ben Klock. No fallamos porque él no nos falló. Elegancia en forma de techno machacón pero rebosante de clase. Atmósferas superpuestas y beats que se retorcían como serpientes en mitad de un huracán. Ecualizaciones precisas, fruto de la precisión del reloj cerebral que este hombre tiene en la cabeza. No perdió la concentración ni un segundo y es que el esfuerzo siempre se reconoce. Por ello se llevó una de las ovaciones más sonadas de todo el festival. Y además, las niñas tan contentas.

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En ese momento de la noche fuimos sorprendidos por una inundación proveniente de uno de los baños cuando fuimos a ver lo que estaba haciendo Woody. No nos quedó otra que concentrarnos en un espacio tremendamente reducido junto a medio centenar de posesos del techno del alemán. No tardamos en salir corriendo de allí para ir a desfasar un poco con Umek. El final de la fiesta empezaba a asomar la cabeza, pero como no hay que hablar de él hasta que has llegado a él aún había mucho que cabecear.

No sé en qué momento se nos ocurrió eso estando Surgeon en el Satélite, pero bueno, la curiosidad nos pudo. Y como le vimos nos fuimos, igual de llenos o de vacíos, según se quiera mirar. Subidones constantes carentes de emoción y repetición de bombo por doquier. Pero bueno, Surgeon puso remedio a la tralla sinsentido con un techno de calidad plagado de variantes rítmicas y roturas sonoras. Construye y reconstruye capas sónicas con originalidad y al menos ofrece algo distinto de la mayoría. De no ser porque llevaba medio live grabado se hubiera coronado como uno de los grandes de la noche. Y con el “Basictonal Remake” decidimos que ya estaba bien. O más bien nuestro cuerpo lo decidió. Las piernas ya flaqueaban y la mera ilusión de conciliar el sueño dirigió nuestros pies automáticamente hacia la salida.

Sábado

El tercer día fue afrontado con ganas pero también con el agotamiento de quien lleva ya dos días sin parar y no consume complementos químicos para soportar la fatiga. No obstante, no dudamos en encaminarnos al Madrid Arena para disfrutar de la última jornada de este Klubbers 2010.

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La noche comenzó con el legendario Speedy J. Lo cierto es que se la tenía jurada desde que nos tomó el pelo con su proyecto Umfeld en el Reina Sofía el año pasado así que afronté su sesión con desconfianza. Pero lo cierto es que fue un gran comienzo de fiesta. Su sesión fue un auténtico Dragon Khan en versión musical. Subidas, caídas, loopings salvajes…hasta que terminó con una matraca que parecía que ya eran las siete de la mañana. Tras éste la cara mediática del sábado, Monika Kruse. Y desgraciadamente se quedó en eso porque su minimal monótono no logró despegar nuestros pies del suelo ni una sola vez. Lo mismo hubiera pasado con la ascensión eterna de Kaze si no hubiera sido por su cierre “Warriors Dance” de Prodigy. Y es que si Prodigy no te salva una sesión, quién lo va a hacer. De ahí zumbando a ver a Zombie Nation en el Arena Club. Así sí, hombre. Bailoteo explosivo en el que los puntos álgidos corrieron a cuenta de sus hits, “Kernkraft 3000” y “Forza”. Le siguieron Acid Kids, que como no podía ser de otra forma, hacen honor a su nombre y despliegan un acid techno lisérgico que no estuvo mal.

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Y sin comerlo ni beberlo…Bueno, beberlo sí, llegaron las cuatro de la mañana. Era la hora del maestro de las fiestas, Alexander Kowalski. Antaño estábamos muy acostumbrados a verle por aquí, pero en la actualidad es algo menos habitual por lo que cada vez que viene es poco menos que una celebración por todo lo alto. Desde el Electrosonosic de hace dos años no podía disfrutar de su magia y ansiaba sus mezclas como agua de mayo. Pues bien, lo esperábamos y así fue. Volvió a ser el gran triunfador de la noche. Kowalski es sin duda uno de esos dj’s que tienen merecida la catalogación de artista. Artista de la diversión absoluta y es que cada año logra reinventarse una vez más logrando ese perfecto equilibrio entre el desenfreno pistero y la calidad musical. Lección magistral de cómo se hace un directo electrónico en el que cabe de todo, desde remixes rockeros a techno depurado y concienzudo. Y qué más puedo decir, a parte de que las pocas fuerzas que nos quedaban a esas horas fueron absolutamente fulminadas por el berlinés.

Pero aún había que terminar de matar la noche. Así que sacamos fuerzas del último resquicio de nuestro organismo y nos encaminamos a la principal para ver el material que Svën Vath tenía preparado para su set de 4 horas. La pista estaba totalmente abarrotada de dos tipos de clubbers: los que como yo más que bailar arrastraban los pies y se tambaleaban haciendo esfuerzos para no desplomarse a causa del cansancio o la melopea y los que querían bailar con todas sus ganas porque era su primer día pero la música no acompañaba. Y es que, desgraciadamente, así fue. Sven Väth no transmitió. Su música fue de lo más anodino y no puedo decir que defraudara porque tampoco iba con la mochila cargada de esperanzas pero ha llegado un punto en el que, o se renueva o no hay nada que hacer.

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Por suerte aún había un comodín que salvara el cierre. Su nombre: Adam Beyer. Estuvo fantástico. Enceró el ambiente en el Satélite y se metió al público en el bolsillo con detalles propios de alguien que sí sabe mover a la masa festival. Para entonces hubiera sido incapaz de procesar ningún tema de modo que me ahorraré el esfuerzo mental. Mentiría si dijera que le vi poner el broche final porque no fue así. Cuando la estructura molecular de nuestros cuerpos terminó por desplomarse decidimos que la hora de levantar el campamento. Nuestra mente quería más baile pero nuestras piernas llevaban ya mucho tiempo cagándose en nuestra estampa. El amanecer en Lago fue hermoso y la vuelta a casa agónica. Pero dentro de la amalgama de fatiga, resaca y el suplicio del transporte público, una sonrisa. Fueron tres días de diversión absoluta que ya echo de menos. No llegaría a la treintena si cada semana hubiera una fiesta de estas pero el recuerdo de los láseres barriendo una masa enloquecida como si del pueblo de Matrix se tratara, hace que desee con todas mis fuerzas otro Klubbers más. Pero habrá que esperar al año que viene. Esperaremos. Y volveremos a bailar hasta que no podamos más.


Texto por Javi JB y fotos por Pat Blanco
 
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