Crónica Dio Disciples+Anvil+The Rods (03-06-2011 Barcelona). La imaginación superó a la realidad

Por , el 10 - 07 - 2011

 
 
FECHA: 03-06-2011
CIUDAD: Barcelona
LUGAR: Sala Bikini
GRUPO: Dio Disciples
DURACIÓN: 100 minutos
INVITADOS: The Rods (-) Anvil (50 m.)
PROMOTOR: RM Concerts

En ocasiones, nuestra mente se forma conceptos ilusorios que pueden desembocar en decepción cuando se descubre la realidad tangible de algo. En el caso que nos ocupa, el concierto que en Barcelona reunió a Dio Disciples, formación creada en homenaje al fallecido Ronnie James Dio, además de a Anvil y a The Rods, cartel que también se presentó en Barakaldo y Madrid.

A priori, dos bandas de culto como The Rods y Anvil que forman parte de la larga lista de “perdedores del rock”, en el sentido de que nunca alcanzaron el éxito masivo y que, seguramente, han merecido mejor suerte en su carrera de la que el destino les ha reservado, resultaba un atractivo reclamo para acudir a presenciar sus actuaciones. Si sumamos, la participación de Craig Goldy (guitarra), James LoMenzo (bajo), Scott Warren (teclados) y los cantantes Toby Jepson y Doro Pesch, conformando la banda tributo Dio Disciples, de la que también forma parte Tim Owens, ausente en las presentaciones españolas, el interés se acrecentaba, y nos imaginábamos un recital con grandes expectativas que, una vez concluido, no resultó tan convincente.

 
 

Los primeros en salir al escenario fueron The Rods, donde milita el guitarrista y cantante David Feinstein, nada menos que primo de Ronnie James Dio y que formó parte de los iniciales devaneos musicales del vocalista en la banda Elf. A favor de The Rods debo constatar que, al entrar a la sala Bikini con una ocupación aproximada de tres cuartos de su aforo, su actuación ya había comenzado y que, mientras buscaba un sitio decente desde donde poder divisarlos con una buena perspectiva, fui perdiendo objetividad al no poder centrarme plenamente en sus evoluciones. Una vez logrado mi objetivo, pude disfrutar de canciones como “Let Them Eat Metal”, “Wild Dogs”, “Violation”, a la que siguió un apañado solo de batería (por cierto con un excelente sonido) de Carl Canedy que enlazó con la recta final donde exhibieron sus atributos más vitalistas interpretando “The Night Lives To Rock”, “Crank It Up” y “Power Lover”, terminando David y el bajista Garry Bordonaro de rodillas y espalda con espalda en una frenética despedida.


Veteranos de mil batallas, apurando al máximo la nueva oportunidad que el azar les ha proporcionado, mostraron ante todo actitud, respaldada por composiciones que forman parte de su historia. Pero The Rods, nostalgias aparte, no deja de ser una buena banda de profesionales con apañadas canciones. A estas alturas de su carrera artística no se les puede pedir lo que no consiguieron en su mejor momento de creatividad.

 
 

Abandonados a su suerte y recuperados para la música tras descubrirse el excelente documental A Story Of Anvil, los canadienses, liderados por el guitarrista y vocalista Steve “Lips” Kudlow, secundado por su veterano compañero desde los orígenes del grupo en 1978, el batería Robb Reiner y apoyados por el más joven bajista, Glenn Gyorffy junto a los anteriores desde 1996, tomaron el escenario con absoluta ausencia de divismo para ofrecer una muestra de su heavy metal directo y conciso, alejado de los excesivos y complejos desarrollos instrumentales que, en definitiva, ha sido su seña de identidad durante su trayectoria.

El bueno de “Lips”, sabedor de ser el centro de las miradas, trató de sobrellevar su “estrellato” como pudo pero se le notó algo incómodo, como si no estuviera preparado para cargar con tanta responsabilidad. Comenzaron muy vitalistas con el inevitable “March Of The Crabs” al que siguió “666” para abordar a continuación el primer corte de su nuevo disco, precisamente el que le da título, “Juggernaut Of Justice” y del que posteriormente también tocaron “New Orleans Voodoo” y “Fuken Eh!”.


Steve, fue discreto y poco comunicativo con el público, en ocasiones presentó las canciones distorsionando su voz acercando su boca a la caja de la guitarra. Con un sonido que favorecía demasiado la base rítmica de bajo y batería y no daba el correspondiente protagonismo a las seis cuerdas, fueron sonando temas como, “Winged Assassins”, “This is Thirteen”, “Mothra” (entre los mejores), “White Rhino” (seguido de solo de batería) y “Forged In Fire”, dejando para la despedida un clásico como “Metal On Metal”.

A pesar de mantener sus protagonistas una actitud positiva, en determinado momento el concierto entró en un estado complaciente y resultó falto de chispa en su tramo final. Quizá le pedimos demasiado a Anvil, que den más de lo que pueden y saben o, simplemente, no era su mejor día. Y con esto no quiero decir que su actuación fuera pobre, nada de eso; simplemente, nos habíamos formado una idea demasiado fantasiosa de un grupo correcto, de unos obreros del heavy metal que no están para desmesuradas florituras sino para repartir unos cuantos buenos riffs y fraseos guitarreros apoyados por ritmos compactos pero sencillos, alejados de cualquier pretensión.

 
 

Montar una banda en homenaje al gran Dio que reactive unos clásicos que ya no podremos volver a oír en directo con su inigualable voz parece, en principio, una buena idea. Pero, en la práctica, sustituirle conlleva un inconveniente, sin su voz las canciones pierden carisma. Una cosa es dedicar un tema en su memoria y otra cosa es montar una banda y ofrecer todo un repertorio.


Y eso que los “discípulos” de Dio estuvieron empeñosos pero, aunque su espíritu pueda estar presente, no es lo mismo. Destacó, sobre todo, el entusiasmo de Doro, quizá con menos caudal de voz que Toby pero más centrada en sus evoluciones, poniendo algo de colorido y una sonrisa permanente que contrastaba con los rostros serios de sus colegas. A Craig se le notó afectado, no sé si debido a la emotividad de revivir tiempos pasados junto a Dio o por otros motivos. El sonido de su guitarra, al menos desde el lado izquierdo del escenario, quedaba algo lejano y perdido. Tampoco es que destacase por su destreza, cumpliendo con lo justo.

Quienes sí sonaron en toda su dimensión fueron James LoMenzo, más estático de lo que en él es habitual, supongo que por las limitaciones de espacio, y Simon Wright, cuya contundente pegada me sorprendió.

 
 

El repertorio no pudo ser mejor escogido, un puñado de inmortales, con un arrebatador inicio donde sonaron con Doro como vocalista, “Stand Up And Shout”, “Holy Diver” y “Don’t Talk To Strangers”… ahí es nada. A los que siguió el épico “Egypt (The Chains Are On)”, tras el cual la cantante germana cedió el testigo a un Toby que entró en el escenario aceleradísimo para interpretar “King Of Rock And Roll”. Exhibió un potente chorro de voz, aunque se le notó “pasado de revoluciones” en determinadas fases de la actuación, en la que, al igual que Doro, consultaban un cuaderno que tenían colocado en el PA para recordar parte de unas letras que, lógicamente, no tenían grabadas en su memoria.


Canciones como, “Neon Knights”, “Chidren Of The Sea”, “Killing The Dragon”, y “The Last In Line”, en las que ambos vocalistas fueron alternando protagonismo o compartiéndolo, caldearon el ambiente de la sala con un público cada vez más entusiasmado. La efusividad aumetó con la interpretación de “Long Live To Rock And Roll”, “Man On The Silver Mountain” y “Heaven And Hell”, tras los cuales abandonaron el escenario con un Craig Goldie con el gesto compungido, sospecho que victima de la conmoción del momento.

“Rainbow In The Dark y “We Rock”, fueron los bises que pusieron el toque definitivo a un recital que, como ha quedado dicho al principio dejó un sabor agridulce, no por la falta de compromiso y capacidad de los “discípulos” sino por resultar algo anacrónico sin el principal “maestro”.

 

CRONICA LOCKY PEREZ / FOTOS ALMUDENA ECED (Madrid)
 

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