Crónica Willie Nile, 29/03/11 – Moby Dick, Madrid

Por , el 04 - 04 - 2011

En verdad cuesta creer que un artista como Willie Nile no toque en salas con un aforo para miles de personas o que, al menos, consiga agotar las entradas de cada uno de los tugurios en los que actúa cada noche. Una sentencia más de que no hay justicia en el mundo de la música. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, aquellos que sí que somos capaces de distinguir las estrellas más brillantes, tenemos el privilegio de disfrutar de la magia que es capaz de ofrecer cada vez que se arma con su guitarra. Y es que, este hombre tan pequeño de pelo lacio y cardado, es el secreto mejor guardado del rock americano, un grande entre los grandes, aunque no se le vea.

Dos años después de su última visita, regresó a la madrileña Moby Dick junto a su banda. Un efectivo batera y un motivado bajista a los que no cesó de mirar sonriente, con un gesto que decía “¿qué os había dicho? Lo vamos a pasar bien esta noche.” Y es que el público se desató como hacía tiempo que no veía en Madrid. Pero bueno, volviendo a su banda, el que también forma parte del combo es el español Jorge Otero, cantante y guitarrista del grupo asturiano Stormy Mondays. Últimamente han salido más que nunca en los medios debido a que su canción “Sunrise Nº1” sonará en unos días en el Transbordador espacial Endeavour, en una iniciativa impulsada por la NASA. Una chorrada, al fin y al cabo, pero cualquier excusa para que se den a conocer es positiva. El caso es que, desde el tema con el que arrancaron el concierto, “Seeds of a Revolution”, el grupo sonó compacto y arrollador, firmemente guiados por la batuta de Willie Nile. Un genio del rock que de niño ya tocaba el piano y la guitarra, que se doctoró en Filosofía y Literatura Inglesa y terminó girando junto a artistas como The Who, Ringo Starr o Bruce Springsteen. Porque es un heredero de la fuerza de este último, la tradición de Dylan y el espíritu de Buddy Holly y además, otros cantantes como Lucinda Williams, el coñazo de Bono o Lou Reed también se deshacen en halagos con esta fiera de Buffalo. Y el motivo para soltar todo este batiburrillo de nombres, es simplemente para poner a Willie Nile en el sitio que merece estar. Porque pocos son capaces de jactarse de tener un directo como el que él nos ofreció el pasado 29 de marzo.

 

En esta ocasión vino presentando su último trabajo The Innocent Ones, en homenaje a todas las víctimas de este perro mundo. Más prolífico que nunca, ha editado este álbum tan sólo un año después de su anterior y soberbio House Of A Thousand Guitars y aún así, le ha salido un gran disco. No obstante, tiene más altibajos que el resto de sus trabajos, aunque joyas como “One Guitar”, “The Innocent Ones” y “Rich and Broken” compensan con creces su adquisición. Como no podía ser de otra forma, las tres fueron incluidas en el set list y a ritmo de nanana rendimos pleitesía a la prolongación del cuerpo de Willie, su venerada y siempre presente guitarra. Tres canciones de amor, en sus distintas variantes, al instrumento que da la vida, a la mujer que se la quita y a todas las vidas extinguidas en los distintos rincones del mundo. Pero siempre con el positivismo entonando cada uno de los versos, incluso en los momentos más nostálgicos del concierto, como en la vibrante “Cell Phones Ringing” que dedicó a su hermano muerto. Aunque para emocionantes los instantes en los que se sentó al piano y nos erizó el alma con su balada “Streets of New York” y nos conmovió con su dylanita “Love is a Train”. Tan polifacético como poético en cada uno de sus movimientos, Nile es capaz de compaginar a la perfección la solemnidad de algunos momentos con el humor y el ambiente festivo de otros.

 

Willie es tan cercano que logra llevarte al escenario con él, aunque una muralla de cabezas canosas fragmente tu visión. Constantemente comunicativo, lleno de anécdotas y honestos chascarrillos, intentó hacerse entender de todas las maneras posibles e hizo un curso improvisado de castellano, preguntando todo el tiempo al público como se decía una y otra cosa. Maravillosa “Vagabond Moon”, hipnótica “Run”, apabullante homenaje al rock and roll con “House of a Thousand Guitars”, bellísima “On the Road to Calvary” y fantástica versión del “Rave On” de Buddy Holly.

Fue un martes y los martes son incluso peores que los lunes. Después de una tediosa jornada laboral, aún en el principio de la cuesta de la semana en la que todos somos trapos mojados, lo que menos te apetece es parrandear. Sin embargo, ante semejante repertorio y la forma en la que esta bestia de escenario maneja a su antojo las emociones de su público, fue imposible resistirse y acabamos desgarrándonos la garganta y poniendo el puño en alto para corear sus pegadizos estribillos. El también llamado en el pasado, Osgood Pequod o Huey Resinbag, quiso que así fuera e hizo todo lo posible porque nos fuéramos derrengados a dormir la mona. Como el mismo afirma, su música es una película de los hermanos Marx que se puede bailar.

 

En el bis se le ocurrió obsequiarnos con una versión del “Satisfaction” de los Rolling Stones que demostró la infinita clase que tiene este hombre. No olvidemos que los Stones plagiaron su tema “She’s so Cold” en los ochenta y lo incluyeron en Emotional Rescue. El pobre Willie poco pudo hacer contra “la banda más grande del mundo” y, aconsejado por su discográfica, tuvo que tragar y no demandar. Pero bueno, esto no es algo nuevo, a Robert Johnson, por ejemplo, le robaron también dos canciones. Bien es sabido que las grandes empresas no llegan a la cima jugando limpiamente. Pero bueno, Nile a estas alturas se lo toma con evidente ironía y humor y confiesa su admiración por Mick Jagger y compañía. Además, he de reconocer que tanto la suya como “Satisfaction” sonaron mejor en sus labios de lo que jamás lo han hecho en los de los dinosaurios. Tras ésta y para llegar al fin de la fiesta, nos regaló una genial versión de la canción que tantas veces coreó en el CBGB’s a finales de los setenta, “I Wanna be Sedated” de los Ramones. Sin ningún tipo de complejo, en una forma envidiable, consciente de su talento, recorrido y excelencia, Willie Nile dio el mejor concierto del 2011 hasta la fecha y una vez más demostró que él es el rock and roll.


Texto: Javi JB
Fotos: Argote Bros.
 
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