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D.A.D. – Ritmo & Compás (Madrid), 05/11/09

Por , el 17 - 11 - 2009

 
Según la percepción de cada cual, a unos les parecerá que fue ayer mismo y otros tantos lo contemplarán como algo remotamente lejano, pero el caso es que parece que han quedado definitivamente atrás los tiempos en los que uno se asomaba con insana envidia a la agenda de conciertos de la prensa especializada extranjera, abrumado por una ingente oferta de actividad en directo que acumulaba tres, cuatro o más actuaciones atractivas en una sola fecha y resignado a preguntarse perennemente si se llegaría a ver algo similar por aquí algún día. Pues bien, ese día ya ha llegado, o al menos así parece certificarlo un simple vistazo a una agenda de noviembre poco menos que vertiginosa.
 
 
Esta circunstancia, que no deja de traducirse en una necesaria y beneficiosa competencia que amplía las posibilidades electivas del público y diagnostica la buena salud de la que nuestro circuito de música en vivo comienza a gozar, resulta al mismo tiempo un arma de doble filo para bandas como D.A.D., cuyo prestigio y tirón popular son reconocidos internacionalmente pero que en nuestro país nunca han logrado traspasar el estrato del undergound. Afortunadamente para ellos, esa noche acabó imponiéndose el culto a sus 25 años de solidísima carrera frente a una dura competencia que incluía nombres como los de resucitados Skunk Anansie, el impredecible Nick Oliveri u otra formación legendaria como New Model Army, logrando congregar en la madrileña Ritmo & Compás un más que satisfactorio aforo para una banda de estas características. Obviamente, poco podemos recabar aquí sobre lo que acaeció en La Riviera, Moby Dick o la sala Live!, pero sí que podríamos poner la mano en el fuego con poco o ningún temor a la hora de asegurar que absolutamente ninguno de los asistentes al pase de los daneses tuvo argumentos para salir de allí con otra sensación que no fuese la de satisfacción absoluta y completa rendición a sus pies.
 
 
Corredores de fondo que sabían de qué iba esto de pegar guitarrazos hace dos décadas, lo saben hoy y lo seguirán haciendo hasta el día en que caigan fulminados sobre un escenario, los hermanos Binzer y compañía han vivido los años de oropel del género, sobrevivido a una hostil década de los 90 que se llevó por delante a un buen puñado de compañeros de generación y adaptado su discurso al nuevo milenio de modo coherente, observando por el camino cómo bandas con mucha menor entidad gozaban de un éxito efímero y acababan mordiendo el polvo mientras ellos seguían en pie. ¿La clave? Canciones con mayúsculas. Tómense los cuatro cortes de No Fuel Left For The Pilgrims que cayeron en Madrid como ejemplo (“True Believer”, “Jihad”, “Girl Nation” y el pequeño gran himno “Sleeping My Day Away”) y pocas dudas podrán quedar al respecto. Compárense con las recientes “Beautiful Together”, “Chainsaw” o “Monster Philosophy” y se comprobará que no hace falta volverse loco ni recurrir a impostadas y antinaturales vueltas de tuerca para conservar intactos el pulso y la tajante pegada 20 años después. Sitúense unas y otras en el contexto de una banda entregada al 200% y una comunión con el público absoluta y se obtendrá algo muy parecido a lo que es o debería ser un concierto de rock perfecto y sin fisuras. Cuando las cosas se hacen bien, todo es así de sencillo.
 
 

Texto y Fotos: Raúl Ranz
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