Diana Krall + Elvis Costello & The Sugarcanes (Santiago de Compostela) – 27/07/10

Por , el 03 - 08 - 2010

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Elegante, cómplice y monumental, se podría definir el concierto ofrecido por una de las parejas musicales más famosas, Elvis Costello y Diana Krall. Todo un lujo en un escenario de altura, la Plaza de la Quintana de Santiago, bajo las campanadas de la Catedral. Y la ocasión no era para menos, ya que están girando por separado, y en España esta era la única posibilidad para disfrutarlos en conjunto. 

 

Ante casi dos mil espectadores salió la canadiense Diana Krall muy puntual, con un vestido negro y sentada al piano de cola. La buena temperatura y la luna llena ponían otra guinda a una noche que se presentaba para recordar.

 

Su nuevo trabajo con ritmos de bossa nova, “Quiet Nights” (2009), centró la mayor parte del recital, disco que ya ha sido premiado con un Grammy y con mucha aceptación en Brasil. Una de las primeras canciones fue una versión del “So Nice”, la samba veraniega que popularizó Astrud Gilberto. La verdad es que los músicos que la acompañan son excepcionales: el guitarrista Anthony Wilson, el batería Karriem Riggins y Robert Hurst al bajo. Prueba de ello fueron los aplausos recibidos en más de una ocasión, a los solos de sus compañeros de escena. Tremendos. Sin duda ofrecieron algunos de los mejores momentos.

 

Además de repasar su nuevo trabajo hubo tiempo para temas clásicos y para oír en innumerables ocasiones la voz de esta diva del jazz acompañada sólo por su piano. Esperaba algo más pasional, pero sus solos me parecieron algo fríos y con poca conexión con el público. Eso si, el sonido impecable durante todo el concierto.

 

La cantante y pianista de jazz hizo alusión en más de una ocasión a su familia, y como suele ser habitual, sus dos hijos gemelos de 3 años, los acompañan. En una de estas menciones y con un grito al respetable de “Are you ready?” aparecía Elvis Costello, guitarra en mano, para deleitarnos a dúo con una canción del gran Tom Waits, “Clap Hands”. Primera aparición de Elvis y primera inyección de adrenalina. La pareja si demostró complicidad, y en cada aparición juntos, un beso de por medio.

 

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Fueron los momentos más calurosos, además de la romántica canción “I’ve Grown Accustomed to your Face, del musical “My Fair Lady”, dedicada a su marido, porque en general Diana me pareció distante y altiva. Tuvo un momento para homenajear a Nat King Cole con “Frim Fram Sauce”, y de lo más aplaudido fue su versión de “Cheeck to Cheeck” de Irvin Berlin. Sólo las campanas de la Catedral en varias ocasiones, suscitaron algunos comentarios simpáticos de Krall, como en el tramo final del concierto cuando soltó mientras tocaba, un “son las once y media”, haciendo reír y aplaudir al público. Con este guiño terminó su recital, aunque hubo tiempo para un bis más. Y todos juntos de la mano, uno por uno haciendo reverencia al público, se despidieron cual obra teatral.

 

La iluminación fue uno de los elementos más sobresalientes que rodearon al espectáculo, y lo peor los fallos de la organización. En prensa la peor parte para los gráficos, situados a unos 20 metros del escenario (tras las filas VIP), y sin consigna alguna para depositar sus equipos gráficos durante el resto del espectáculo, al estar prohibida la permanencia de los mismos en el recinto, a petición de la pareja artista.

 

En cuanto al público, sólo tres aseos para 1800 personas… Y otra cosa inusual y criticada, fueron las carreras de los guardias de seguridad, a veces verdaderos sprints, cada vez que se encendía un mísero dispositivo electrónico en la plaza. La prohibición de grabar se llevó a raja tabla, a petición del matrimonio. Para mi gusto desorbitado. Y las carreras por el medio del público rompían el silencio y la magia de la noche.

 

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Tras el cambio de backline, llegaba la segunda parte del evento a cargo de Elvis Costello & The Sugarcanes, también con nuevo trabajo bajo el brazo “Secret, profane & sugarcane” (2009). Más country-folk que rock. En general más intimista de lo que me gustaría, pero siendo quien es, se le  perdona.

 

Este estilo más pausado hizo que algunos temas sonasen más desangelados, perdiendo fuerza y energía. Pero con su impresionante trayectoria, y habiendo tocado tantos estilos a lo largo de las últimas décadas,  imaginamos que en la variedad está el gusto, sobre todo para no caer en el aburrimiento musical. Error que cometen muchos y nada recomendable.

 

Ataviado con su clásico sombrero, “Buenos días, buenas noches” fue su saludo confuso pero cómplice ante un público expectante. La elección para arrancar fue perfecta con “Mistery Train” de su tocayo con mayúsculas, Elvis Presley.  Su voz y sus guitarras estuvieron adornadas a la perfección por toda una banda al completo, con mandolina, violín, contrabajo, acordeón y guitarras acústicas.

 

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De su último disco surgió el grueso de su repertorio, aunque rescató algunas canciones de su extensa carrera. Entre cambio y cambio de guitarra, sonaron “Good Year for the Roses” de 1981, “Delivery Man” de 2004, o “Red Shoes” de 1977 con coros del público incluídos. No fue parco en las intros de sus canciones haciéndolo más cercano que Diana, y hubo tiempo para “el rock and roll del 1921”, en palabras del artista, con el tema “A Show Drag With Josephine”, recordando por momentos al Costello de antaño..

 

Pasada la hora de concierto y asegurando ser todo un placer, presentó de nuevo a su mujer, que sinceramente se queda pequeña a su lado, y no por estatura. Fue momento para “Simple Twist of Fate” de Bob Dylan o “It had to be you” entre palmas de los presentes.

 

Nuevamente solo, el británico y su banda tocaron “Friend of Devil”, tema compuesto por Jerry García de los “Greatful Death”, y explicando que hace unas semanas, mientras la tocaba en otro evento, la selección inglesa marcaba su gol en octavos del Mundial, aunque le sirviese de poco. Felicitación para los campeones españoles, al igual que Patti Smith en Vigo, hace un par de semanas.  

 

Tras casi dos horas, Elvis se despidió con “Don’t lie to me” para regresar sin mucha demora con cuatro temas más,  “She” de Charles Aznavour, “Sulphur to Sugarcane”, de su último trabajo, “Everyday I write the book” y un nuevo dúo con Diana para poner el broche y final, entre fuegos de artificio, a una gira que continuarán por separado. Y mejor así. Una noche en la que Costello fue la luz y Krall su sombra.

 

Texto: Nadia Corbeira / Fotos: Javier Amosa

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