Entrevista a Miguel Campello – “Puedo tener una canción muy bonita, pero debo encontrarle un sentido”.

Por , el 23 - 08 - 2013

Madrid quema y arde cuando Miguel Campello pide dos cañas en una escondida cafetería cercana a Plaza de España. Después de “Chatarrero” (Warner, 2011), el que fuera componente de El Bicho vuelve a vérselas consigo mismo en “Chatarrero 2. Pájaro que vuela libre” (Warner, 2013), una continuación pletórica de lo que significar ser caminante y artesano.

Celebro que la segunda entrega de “Chatarrero” tenga título. Creo recordar que el primero carecía de ello…
Sí, aunque el chatarrero es mi abuelo, como una manera de dedicárselo a él. De todas formas, no me gustan los títulos. En este caso, lo de “Pájaro que vuela libre” es porque hay una canción que se llama así y porque me gusta ver volar libres a los pájaros. Tengo una colección de jaulas vacías, de hecho. Compro jaulas antiguas vacías para dejarlas con las puertas abiertas. La tengo en el porche y queda muy bonita. Eso también viene porque tengo un tío que pasó mucho tiempo en la cárcel y porque me he criado en un barrio en el que, de repente, la gente entra y sale. Siempre he tenido eso como una parte real; la libertad por la libertad, por no estar encerrado, y la mental. Pero bueno, libres, lo que se dice libres, sólo conozco a los pájaros que vuelan libres. No conozco a ninguna persona que sea del todo libre. Siempre tenemos prejuicios en la vida que nos atan a algo y a lo que nos imponen.

“Chatarrero 2. Pájaro que vuela libre” es, entonces, una continuación del primer “Chatarrero”. O sea, que si pones este disco después del primero no habría corte alguno.
El hecho de que empiece uno detrás de otro ha hecho que fluyera así en ese momento. Sabes que hay veces en las que te puedes quedar corto en un disco, pero tampoco te apetece meter más para no pasarte. No podría hacer lo que hizo Calamaro con “El Salmón”, ¿sabes? Me parece genial, pero puede haber gente que se espante si no lo conoce. Y es un disco que me encanta, pero hay que tener repertorio para hacer algo así. Además, seguro que lo hizo para tocar los huevos porque es que no puedes separar un disco del otro. Sería como dividir una obra de teatro.

Para eso nos haría falta tener tiempo, cosa que aparece en ‘No te lo mereces’, ‘Si te vas’, ‘Gallos de pelea’ y en ‘Pájaro que vuela libre’.
Si te das cuenta, cuando hablas con alguien, lo que primero te dice es que tiene poco tiempo. Aparece todo el rato, en gente que trabaja en cosas que no les gusta en realidad. Te hablo de mis amigos y de mis conocidos, gente que está a mi alrededor y del mundo en general. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pensado qué es lo que queríamos ser para ser felices, pero luego ves que la gente no estudia para ser feliz, sino para tener un trabajo en la vida y una carrera. No quiero hablar del dinero, pero es verdad que una cosa lleva a la otra porque uno acaba estudiando una carrera mejor para tener más pasta. Pero no sé, igual hay alguien que quiere ser notario y se pega una “pechá” de tiempo estudiando para dedicarse a ello porque le gusta, ¿no?

Aunque pueda parecerle una pérdida de tiempo a otra persona…
Es que es un poco surrealista porque al final, el dinero, es algo que aparece inevitablemente. Es un cáncer.

¿Como lo de las veinticuatro horas del día?
Encima eso. Lo tengo atravesado. Igual que tengo una colección de jaulas, también tengo una colección de relojes. ¡¿Quién inventó las veinticuatro horas del día?! Hay veces en las que a mí el día me dura veintiséis horas, aunque hay otras en las que prefiero descansar y que no me dure tanto. Esa imposición de que el día empieza cuando amanece, hace que se te haga todo un poco insoportable. Si tengo hambre, como, si no tengo hambre, no como. Nos han inculcado lo de comer por comer a las dos de la tarde aunque no tengas hambre, simplemente porque hay que sentarse a la mesa. O lo de entrar al colegio a las nueve. Tengo dos niños y se tiran allí dentro un taco de horas. Sí, aprenden cosas, pero también dejan de aprender otras, las cuales intento enseñarles por otro lado. Mira, mi hijo no estudia religión, así que va a ética. ¿Sabes cuántos compañeros van más? Él y dos más. Va mi hijo solo con la profesora y dos compañeros.

Pero puede que haya otros alumnos que quieran ir pero no se atreven, no quieren o no les dejan…
Sí, porque hay padres que no dejan. Ahora mi hijo se siente bien, pero al principio no lo estaba tanto. Y él no entiende de religiones, ¿sabes? Ahí viene la putada. Una de las cosas que agradezco es que mis padres no me hayan querido imponer cosas que ellos tuvieron que aprender. Lo agradezco, agradezco que me hayan dejado ese espacio. ¿Sabes? Mi padre siempre decía que podía hacer lo que quisiera, pero que también había que currar. Creo que todo esto viene de lejos. Hay gente que se compra una casa o un coche porque sus padres lo han hecho a su misma edad. La comodidad ha llegado a superar a la realidad.

También hay padres que viven su vida a través de sus hijos.
Y es verdad. Padres que meten a sus hijos a tocar el piano porque a ellos les gusta el piano. ¿Y qué? El tiempo va marcando esos espacios que se han impuesto. Eso, día tras otro, genera una sociedad automática y sin tiempo. No conozco a nadie que tenga tiempo para algo, pero si lo tienen lo utilizan para descansar porque se han tirado una panzada de horas trabajando. Currar mucho para ganar mucho menos. Recuerdo el consejo que una vez me dijeron: “cuando te vayas a comprar algo, saca la cuenta del tiempo que tienes que invertir para pagarlo”. Hay gente que está trabajando mucho para ganar dinero e invertirlo en el coche y en la casa que terminarán de pagar dentro de cuarenta años. ¡Cuarenta años! ¿Quién sabe dónde estaremos dentro de cuarenta años? Creo que hemos vendido nuestro tiempo.

Y subestimado.
E hipotecado. Hemos pensado que nuestro tiempo era una máquina de hacer dinero o algo así. No lo entiendo.

¿De ahí que aparezcan relojes en las esquinas de cada página del libreto?
Es un detalle bonito. Mis libros del colegio tienen relojes dibujados. En el caso del libreto, si pasas las páginas rápidamente, el reloj se mueve. Es un stop-motion. En realidad ese reloj es uno que tengo en casa con las agujas descolgadas. Pero no es más que un detalle. En el anterior puse un manual de instrucciones, por ejemplo. Al estar perdiéndose el cuidado de los discos, del libreto, lo que más nos gusta a los que hacemos esto es este tipo de cosas. Y no es un simple objeto, sino que es algo que tiene forma, que está en una cajita y que tiene a mucha gente detrás currando en ello. Nos permitimos ese “lujo”. Por ejemplo, el single ya no existe como soporte físico. Casi no los fabrican.

“Chatarrero 2. Pájaro que vuela libre” saldrá en vinilo, si no me equivoco.
Correcto. Pasarán cuarenta años y el vinilo seguirá ahí. No como el CD. El otro día, escuchando el “Tanto tempo” de Bebel Gilberto, acabé harto de que el lector de CD me lo expulsara porque no lo leía. Eso no pasa con un vinilo. Es verdad que el sonido digital suena mejor, pero el vinilo tiene otro rollo. Y no es romanticismo, eso se lo dejo a otros, pero es verdad que un vinilo te salta una vez y ya está. Con un toquecito en la aguja sigue adelante. Pero el CD se queda pillado y no arranca. Joder, hay Cds en los que viene una hojita pero no indica quiénes tocan en el disco. En el vinilo de “Potro de rabia y miel” de Camarón viene todo muy especificado: quién toca, instrumentos… Pero en el CD vienen nada más que unas instrucciones sobre cómo no usarlo. Es una burrada que los chavales de hoy no conozcan quiénes tocaron con Camarón en “La leyenda del tiempo” pero sí quién es Juan Magan. Siempre hemos tenido gente así porque es una fórmula que ha funcionado, pero prefiero que una canción tenga contenido o una letra que incluso ni se entienda.

Bueno, eso dices de tus propias letras. Escribes de manera automática pero dejas pasar un tiempo para poder entenderlas.
Sí, porque hay veces que no sé ni lo que digo. O sea, me gusta lo que he escrito, pero hay momentos en los que ni lo entiendo. Quiero saber por qué lo he dicho, pero igual no quiero cantarlo porque todavía no he visto el modo de enfocarlo, por decirlo de una manera. Hay que encontrar esa rabia para contarlas sobre un escenario. Puedo tener una canción muy bonita, pero debo encontrarle un sentido.

Curioso texto, por cierto, ese que dice “gracias al silencio que nos deja pensar”. La letra cobra más sentido si hablamos del vecino que tuviste al que todo le molestaba.
Creo que a esa persona le molestaba tener vecinos, directamente. Hay gente a la que le molesta el hecho de que existas. Ya no el sonido de un instrumento, sino la persona en sí. En esta sociedad hay mucha gente que no está bien consigo misma y lo proyecta contra los demás. Por eso hay tantos casos de violencia. En lugar de canalizarlo, se lo guardan hasta que revientan.

¿Recuerdas aquella señora que denunció a su vecina por el ruido que hacía el piano de su hija?
Eso fue de coña. Hay gente que se está preparando una carrera de piano clásico y encima terminan denunciados. Para colmo, le dieron la razón a la señora. ¡¿Estamos locos?! Hay noticias que dan vergüenza.

Pero no da vergüenza ‘Espineta’, una de las canciones de tu disco con las que más he disfrutado. Aunque hay que dejar claro que no es un homenaje a Luis Alberto Spinetta.
Me lo ha dicho mucha gente, pero es cierto que no es un homenaje a Spinetta, a pesar de que me gusta mucho. La canción se titula así por la espina. Llevo catorce años en Madrid y esa es una letra que hice dos años antes de venir. Es del noventa y algo. De esas canciones que tienes hechas hace mucho pero que nunca utilizas hasta que se la cantas a alguien y te dice que la metas en un disco. En realidad es por eso por lo que existe “Chatarrero”, porque había canciones que no podía meter en El Bicho. No podía cargarme el formato de El Bicho y mandar todo a tomar por culo. Era crear algo diferente. He bajado los tonos, para empezar. Ya no grito tampoco. Es que… joder, no me reconozco en el concierto de La Riviera, te lo juro por mis muertos y por mis hijos. Estoy cansado de verlo. Hay cosas que no quiero volver a hacer. Los grupos, cuando encuentran unos cauces, se acomodan y la gente acaba por pedirles lo mismo. Pero si te da por cambiar, también te van a decir algo. Es una cosa enfermiza de este país, tío. Bob Dylan lleva haciendo lo mismo de puta madre y no pasa nada, pero aquí te ponen a caldo si cambias. Mira lo que le pasó a Enrique Morente o a Camarón cuando investigaron más de la cuenta. Me pongo malo.

Una de las cosas que le señalaron a El Bicho (como a otros tantos) era que habíais inventado la fusión.
Sí, nos lo han dicho, y es algo que me repugna. La fusión no empezó con nosotros. Ni con Ketama. Ni con otros. Empezó con Pata Negra, Veneno, Camarón… En el caso de Ketama, si repasas sus primeros discos y sus primeros directos, verás la esencia. Sí es verdad que luego se pusieron a trabajar en otras cosas. Pero eso le ha pasado a Ketama y a muchos otros. Lo principal es que desarrolles lo que haces tú solo, sin presiones de fuera.

¿Habría salido “Chatarrero” por tu cuenta, sin ayudas?
No, ni de coña. Por mi cuenta no lo habría hecho.


Texto: Carlos H. Vázquez.
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