Entrevista a Mikael Åkerfeldt (Opeth)

Por , el 05 - 12 - 2011

“La integridad musical significa mucho más que pertenecer a un género determinado”

De cerca, Mikael Åkerfeldt es una persona seria, o al menos eso parece cuando empieza a hablar de su música. Su actitud cara a cara poco tiene que ver con su forma de entenderse con el público una vez que sube a un escenario. Pero en la corta distancia, Mikael Åkerfeldt también es una persona muy simpática, interesante y educada, capaz de disculparse sin ningún tipo de ego cuando llega tarde.

El sábado 19, en plena jornada de reflexión, tuvimos la oportunidad de hablar con el líder de Opeth, que en septiembre sacó su décimo álbum, Heritage, y que esa noche iba a presentarlo en la madrileña sala Penélope. Por problemas de tiempo e incidentes varios, tuvimos que compartir la entrevista con The Breathless Sleep y éste fue el resultado de la experiencia conjunta.

Casi al mismo tiempo Steven Wilson, Pain of Salvation y Opeth os habéis alejado del metal progresivo. Steven Wilson explicaba con Grace for Drowning que para él la manera de recuperar la emoción y la espiritualidad que el metal progresivo había perdido era tomar las influencias jazzísticas de las bandas de los setenta. En tu caso, ¿de qué manera has tratado de recuperar esa emoción?

Yo no he tenido que plantearme demasiado cómo expresar mis emociones en la música, nunca he tenido problemas con eso. Para mí es una cuestión de intereses musicales, porque realmente no tengo el mismo estado de ánimo que cuando tenía veinte años, cuando estábamos empezando nuestra carrera en la escena del metal extremo, por decirlo así. El cambio, o como se le quiera llamar, en este nuevo álbum tiene que ver con mis gustos musicales, con cómo quiero expresar mis emociones a través de mi música.

Si querías grabar un disco así desde hace años, como has declarado muchas veces, ¿por qué ahora y no con Watershed u otros álbumes?

No es que estuviera fingiendo que era feliz con los discos anteriores, era lo que queríamos hacer en ese momento y aún sigo muy contento con esos discos. No siento que mis capacidades como compositor disminuyeran porque supuestamente perteneciéramos a cierto género haciendo esos discos. Yo quería hacerlos y con este nuevo álbum pasa lo mismo, es sencillamente lo que quería escuchar. Las canciones salieron de esta manera, son cercanas a la música que escucho a diario. Es lo que queremos tocar ahora mismo.

¿Cómo te las arreglas para mezclar estilos tan diferentes como el heavy, el death metal, el jazz o la psicodelia en una misma canción?

Simplemente lo hago. Creo que ése es uno de los problemas que tengo con el metal actual, el hecho de que muchos grupos no tengan una mentalidad abierta hacia la música en general. Muchos grupos de death metal sólo escuchan a otros grupos de death metal. Para mí eso les hace sonar predecibles y aburridos, para ser sincero.

Yo creo que nosotros hicimos canciones de death metal muy interesantes en el pasado y es porque como compositor soy un producto de mis influencias, sin ellas no habría sido capaz de hacer nada de eso. Pero he estado escuchando diferentes tipos de música desde que empezamos y para mí es natural mezclarlo todo. Eso es lo que me gusta, quiero que siga siendo interesante para mí mismo y afortunadamente habrá otras personas en el mundo que también lo encontrarán interesante.

Ahora que te has desmarcado de la agresividad propia del metal, ¿qué intentas expresar con tu música?

Mis emociones. La agresividad todavía está ahí, pero supongo que de una manera más sutil. Creo que este nuevo álbum es muy intenso, de una forma en la nunca lo habíamos sido antes, y es algo que tiene mucho que ver con la producción de sonido del disco. Yo nunca he sido una persona agresiva. Con los primeros discos, al hacer las canciones más extremas nunca me sentí como: “qué alivio, si no las hubiera hecho tendría que ir a matar a alguien”. Es simplemente música en la que antes estaba metido, pero en la que ahora ya no estoy realmente. No he encontrado grandes discos de death metal desde Domination de Morbid Angel.

¿Crees que volverás al metal extremo alguna vez?

Tal vez, no lo sé. Ahora mismo me parece difícil creer que de repente recuperaré el interés por las formas más extremas de música por las que he pasado. No estoy seguro de lo que me queda por descubrir con ese tipo de música, pero es posible, no estoy cerrando puertas a nada. Quiero que Opeth esté en la posición de saltar entre géneros de la manera que nos apetezca. Haciendo eso obviamente estamos poniendo a prueba a nuestros fans y su paciencia, pero para mí la integridad musical significa mucho más que pertenecer a un género determinado o jugar las cartas que la gente quiere que juegues.

Con este nuevo álbum me preguntan mucho: “¿vais a volver?”, y yo pienso que eso depende de lo que signifique volver. Es posible que volvamos si es lo que queremos hacer, pero no vamos a volver porque lo que hagamos ahora sea un fracaso.

Intentas llevar la música cada vez más lejos y por eso has dicho en varias ocasiones que has dejado de hacer guturales, porque te dejaban pocas posibilidades para la experimentación. ¿Es difícil encontrar tu propio estilo vocal en ese mundo tan grande como es el de las voces limpias?

Es mucho más interesante para mí, porque nunca me he visto a mí mismo como cantante. Yo quería ser guitarra solista, pero no tenía la paciencia para practicar. Acabé componiendo canciones. Con un álbum y una gira como ésta de repente me veo forzado a ser cantante y es mucho más interesante para mí ahora mismo. Con lo de los guturales fui bastante bueno durante un tiempo y todavía me encanta hacerlo a veces, cuando tocamos las canciones antiguas, como hicimos este verano en los festivales, pero lo he llevado tan lejos como podía.

No puedo desarrollarlo más, pero sí todo el resto de mi capacidad musical: la composición, incluso la guitarra, mis voces limpias… También ser mejor batería en mi cabeza, componer mejores ritmos de batería, mejores teclados y cosas así. Todavía estoy aprendiendo con eso, pero con los guturales he llegado a mi cumbre y ahora sólo puedo ir hacia abajo.

No fue raro que durante tu adolescencia entraras en el metal, pero ¿cómo descubriste el progresivo?

Entré en el rock progresivo mirando en tiendas de discos de segunda mano. Básicamente buscaba grupos que se parecieran físicamente a Black Sabbath en Paranoid, que abriera el vinilo y tuvieran una pinta tan guay. Así encontré a Genesis, King Crimson… En esa época, a finales de los ochenta y principios de los noventa, todo el mundo estaba deshaciéndose de sus colecciones de vinilos por la llegada del CD, así que pude comprar esos discos por casi nada, un euro. Compré muchísimos. Cuando era pequeño no podía comprar vinilos, pero en ese momento ya tenía un trabajo y algo de dinero, y así descubrí muchos grupos, gracias al coleccionismo.

¿Recuerdas cuáles fueron los primeros vinilos de rock progresivo que compraste?

Pawn Hearts de Van Der Graaf Generator fue uno de los primeros que compré, y pensé algo así como: “Oh, es jodidamente diabólico”. También In the Wake of Poseidon de King Crimson. Estaba entonces trabajando en una tienda de guitarras y había un hombre mayor y le dije que había comprado ese álbum. “Si te gusta eso, escucha a Camel”, me dijo, así que aproveché el descanso para comer y compré un disco de Camel, Mirage.

Entonces fui descubriendo a través del coleccionismo todos los subgéneros, la música que les había influenciado. Fui comprando discos de cantautores, de jazz, de fusión… Pero también he coleccionado siempre discos de heavy metal. Me encanta Judas Priest, por ejemplo, pero no puedo tener una edición de Holanda, necesito tener la edición inglesa original de Judas Priest, porque son de Inglaterra, y con Kiss necesito la versión estadounidense. Siempre estuve coleccionando discos de metal, nunca dejé de escuchar metal.

[Después de la entrevista, a la pregunta de si había estado comprando vinilos por Madrid, Mikael contestó que no, pero que ya tenía su vinilo español favorito: el disco homónimo de los catalanes Tapiman. También comentó que le gusta mucho Fusioon]

Gracias a tu camiseta de Comus, mucha gente ha descubierto a esta gran banda de folk y rock progresivo británico. ¿Podrías recomendarnos tres grupos desconocidos de los sesenta y los setenta que pienses que todo el mundo debería conocer?

Linda Perhacs sería una. Es una cantante y compositora que hizo un disco en 1970 y después se hizo dentista. Su disco se llama Parallelograms y es una música bella e inolvidable. No es similar a Comus, pero tiene la misma frescura. Hay algo perturbador en ese álbum y es tan bello que te hace llorar.

Night Sun de Alemania, hicieron un disco en 1972 [Mournin’] y es casi como death metal. No tiene guturales, pero es tan extremo y fuerte… Es un disco de hard rock tan jodidamente grande que todo el mundo debería descubrirlo.

Hay también un grupo llamado Cressida. Sacaron dos discos en el sello Vertigo, el mismo que Black Sabbath, en 1970 y 1971 [Cressida y Asylum]. Es una banda de jazz rock, podría decirse, y de hecho se han reunido ahora. Me han pedido que me involucre, porque llevo años hablando de ellos, así que me puse en contacto con el batería, que vino a ver nuestro concierto. Me dio las gracias por ayudarles y eso fue genial para mí. Ahora van a hacer un concierto en Londres. Son una banda fantástica y su música es muy hermosa si te gusta el rock progresivo con mucho órgano.

Una de las canciones de Heritage, Slither, está dedicada a Ronnie James Dio. ¿Fue algo premeditado o algo más bien espontáneo?

Tengo en casa una Stratocaster conectada a un ampli y simplemente estaba tocando. Me salió este fraseo y cuando tienes una Stratocaster y eres un gran fan de Rainbow como yo… Simplemente estaba haciendo el tonto y me salió este riff, que pensé que sonaba bien. Acabé componiendo una canción. Se la puse en el coche a Axe, nuestro batería, porque jugábamos a bádminton y siempre me tocaba recogerlo porque él no tiene carné de conducir. Me dijo: “me encanta”.

Era algo entrañable de alguna manera, pero decidimos ponerla en el disco porque le daba un sentido dinámico y nunca habíamos hecho una canción así. Cuando Ronnie falleció fue obvio que íbamos a dedicarle la canción a él, porque su música ha sido muy influyente para mí desde que era pequeño, hasta el punto de que compuse esa canción casi sin pensarlo. Pero además la canción podría decirse que es un tributo a Blackmore. La hemos puesto en el disco porque sentimos respeto por él.

Con el resto de canciones, ¿sueles pensar más en lo que compones?

No pienso en nada, la verdad. A veces cuando escucho algunas cosas que hemos tocado… ayer en la prueba de sonido, por ejemplo, estaba contento con el sonido, así que bajé del escenario y escuché a nuestro teclista tocando algunos de nuestros riffs y pensé: “¿cómo se me ocurriría a mí esto?”. Me parece tan sorprendente que yo haya compuesto algunas de esas cosas… No quiero ser pretencioso, pero a veces es casi como que estás en trance. Compongo cosas, sigo adelante y luego me olvido, así que no pienso mucho.

Además de Blackmore, ¿qué otros guitarristas te inspiran?

Me gustan los clásicos del hard rock. Me gusta K.K. Downing de Judas Priest y Glenn Tipton. David Gilmour es grande para mí, Andrew Latimer de Camel, Jeff Beck… No aspiro a ser tan bueno como ellos; intimida escuchar a estos tíos, te hace querer dejar de tocar. Pero como me gusta rodearme de buenos músicos, ahora Fredrik es el guitarra solista y él es muy bueno. No necesito tomar ese rol tanto como antes, me he convertido en un compositor.

Parece que también encuentras la inspiración en la oscuridad y la melancolía, que son una constante en todos tus álbumes, sean más progresivos o más extremos. ¿Es parte de la esencia de la banda?

Definitivamente, no soy de música alegre. Me gusta que sea sombría y miserable, por alguna razón es mi estilo. Siempre ha sido así. Con alguna excepción como la jodida “Dancing on the Ceiling” de Lionel Richie, nunca me han gustado las canciones alegres. Aunque en mi música a veces hay algunos acordes mayores.

Siempre me ha gustado el lado más sombrío de las cosas, también en el cine. Me gustan las películas más oscuras, como El cazador o The Road. Aunque ni siquiera me atreví a ver Anticristo, porque además tengo hijos y esas películas luego las recuerdas más de lo que te gustaría.

Se han creado muchas expectativas en torno al disco que vas a sacar con Steven Wilson, Storm Corrosion. Para terminar, ¿podrías describirnos alguna canción del álbum?

Son muy diferentes, encajan juntas como una secuencia. La canción más bonita, por ahora mi favorita, que de hecho la escuché ayer con una copa de vino, es una canción llamada “Ljudet Innan”, qué básicamente significa “el sonido de antes” en sueco. Es la última canción que compusimos. Es dolorosamente bella. No lo digo porque yo sea parte de ella, pero ni siquiera Steven pudo contenerse.

Cuando grabábamos, él decía: “sí, está muy bien”, pero con esa canción tocaba el teclado y estaba como: “guau” [hace como que toca con cara de éxtasis]. Fue uno de sus momentos… Es locamente bello, bastante perturbador también. No es extremo en el sentido de fuerte, es bastante tranquilo, pero es… genial.


Texto: Rocío Garrido y Miguel E. Rebagliato

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