Entrevista a Steven Wilson (Porcupine Tree)

Por , el 10 - 11 - 2011

“No quiero una música que me impresione a nivel técnico, sino una música que me conmueva espiritual y emocionalmente”

Dentro de los círculos del rock progresivo, Steven Wilson no necesita presentación alguna, pero conforme se va saliendo de ellos, su nombre se va diluyendo poco a poco. Conocido por muchos como el cantante, guitarrista y líder de Porcupine Tree, este músico británico de 44 años reparte su tiempo entre una multitud de proyectos, desde su colaboración con el israelí Aviv Geffen en Blackfield, hasta el ambient de Bass Communion y los sonidos más experimentales en No-Man. Y aún dedica unas horas libres a ejercer de productor e ingeniero de sonido, lo que le ha llevado a trabajar con Opeth, Anathema y Orphaned Land, así como a remezclar álbumes de grupos clásicos como Jethro Tull, Caravan y King Crimson.

En septiembre Steven Wilson lanzó su segundo disco en solitario, Grace for Drowning, que semanas más tarde le llevó a embarcarse en su primera gira en solitario. Nos reunimos con él horas antes de su concierto en Zoetermeer (Holanda) y allí nos habló sobre las intenciones de su último álbum, su manera de entender la música y su colaboración con el líder de Opeth, Mikael Åkerfeldt, que se editará el próximo abril bajo el nombre de Storm Corrosion.

¿Cómo está resultando llevar al directo un álbum tan complejo como Grace for Drowning?
Está yendo genial. Tengo mucha suerte de tener a músicos muy buenos trabajando conmigo, así que están llevando la música al siguiente nivel, de manera que en directo puede respirar y sonar incluso más viva. Eso es mucho más de lo que podría haber esperado, así que está siendo fantástico.

¿Qué fue lo primero que te inspiró para crear este nuevo álbum? ¿La tarea de remezclar la obra de King Crimson, la intención de devolver el jazz al rock progresivo…?
Esas dos cosas y muchas otras también. Creo que la principal idea de Grace for Drowning era tratar de hacer un álbum que estuviera en muchos sentidos inspirado por la explosión del art rock y lo que ahora llamamos rock progresivo, que creo que es muy diferente a cualquier otra era. Si miras el rock progresivo durante los últimos treinta años, tienes géneros muy extraños como el metal progresivo; tienes grupos como Radiohead y Muse, que son progresivo mainstream; tienes música sinfónica progresiva; pero lo que no hay es ningún elemento de jazz. La única excepción que se me ocurre es The Mars Volta.

Lo que hace diferentes a las bandas de los setenta es que todas tenían bastantes antecedentes en el jazz o en la música clásica, pero tocando música pop o rock por primera vez. Eso les hizo ser verdaderamente únicos, a bandas como King Crimson, Van Der Graaf Generator, Yes, Caravan, Soft Machine… hay mucho jazz en esos grupos y es algo que casi se ha olvidado. En los ochenta con Marillion, en los noventa con Dream Theater, el jazz nunca fue parte de esos grupos. Creo que de alguna manera he intentado rescatar eso.

Pero trabajar en lo de King Crimson también ha sido importante. Además, el hecho de que me haya mudado de la ciudad al campo, por primera vez en veinte años, ha cambiado la forma en que compongo música, todas mis sensaciones a la hora de componer, porque miraba por la ventana y veía árboles, caballos, ríos… Durante años sólo había visto suburbios.

Entonces, ¿crees que la ausencia de influencias de jazz en gran parte del rock progresivo actual puede hacer que suene menos fresco y original?
No creo que lo haga menos original, porque es muy original, pero creo que lo hace más clínico y menos espiritual. La generación original del progresivo era muy orgánica y espiritual con la música, había mucha improvisación y había grandes solistas. Cuando entras en el progresivo moderno, en particular en el género del metal progresivo, con el que se me ha asociado, las bandas empiezan a sonar muy matemáticas en la manera en que hacen la música —e incluyo algunos de mis discos—, muy estructurada y muy brillante, una música muy intelectual, pero no necesariamente con esa cualidad espiritual que tiene el jazz.

Eso es lo que echaba de menos y me doy cuenta de que según me hago mayor quiero más de eso, no quiero una música que me impresione a nivel técnico, sino que quiero una música que me conmueva espiritual y emocionalmente, y creo que es posible tener una buena combinación.

Es como si hubiera una división en el rock progresivo entre los grupos más técnicos y los más emocionales, ¿no? Grupos como Emerson, Lake and Palmer, por un lado, y Genesis, por otro, por ejemplo.
Sí, pero incluso esas dos bandas no están tan lejos como si miras a los dos extremos hoy en día, que tienes a grupos como The Dillinger Escape Plan o música increíblemente técnica, y grupos más influenciados por la parte romántica del sinfónico. Pero creo que la división es muy buena en sí misma, porque significa que el progresivo tiene una gran variedad: bandas como Radiohead por una parte, bandas como Dream Theater por otra. Pero al mismo tiempo ninguna de esas bandas parece tener esa cualidad que les falta, lo que creo que las influencias del jazz les trajeron a aquellas bandas.

El nuevo disco de Opeth es más jazzístico que nunca. ¿Cuáles dirías que son las diferencias y similitudes entre Heritage y Grace for Drowning?
Creo que hay muchas similitudes, no en la superficie, pero sí de una manera más filosófica. Michael [Mikael Åkerfeldt] y yo, es uno de mis mejores amigos, cuando estábamos haciendo estos discos nos tocábamos algunos temas el uno al otro. De alguna manera nos hemos influenciado mutuamente, pero creo que lo que los dos sentimos fue lo que he explicado, que había algo en las bandas originarias, una cualidad orgánica natural que en su caso no podía conseguir con el death metal, metal progresivo o lo que fuera.

Para él ha sido un paso mucho más grande hacer un disco como éste, un cambio realmente grande para él, no tanto para mí. Hemos hecho un disco juntos y ambos pensamos que es como la tercera parte de la trilogía. Todos salen de la misma idea, de la misma filosofía.

En cuanto a esa tercera parte, has dicho que Storm Corrosion será orquestal, con mucha cuerda, canciones largas, casi teatral… ¿Podrías describir un par de temas del álbum, ahora que habéis terminado de grabarlo?
Es difícil describirlo, porque no hay manera de ponerlo en palabras, sobre todo cuando la música, para mi oído, no suena como ninguna otra. Si escuchas Heritage y Grace for Drowning, igual puedes hacerte un poco una idea, pero la música es incluso más etérea quizá, desnuda, orquestal. La razón por la que usé la palabra teatral es porque las canciones casi se despliegan como una película, una representación o un libro. No tienen estructuras convencionales de canciones, las cosas pasan de manera inesperada, casi de forma dramática. Casi como escenas.

Por ejemplo, una canción empieza con un acorde orquestal muy disonante y luego aparece un bello motivo vocal, una guitarra, se unen unos coros… Cosas extrañas sucediendo. Las canciones se desarrollan con instrumentos de viento, muchas guitarras, pero también mucha orquesta, percusión en vez de batería… Hay un poco de batería en el disco, pero sobre todo hay percusión usada de un modo más creativo, en vez de batería estándar de rock. Las letras son muy retorcidas y extrañas, con ambos cantando y bastantes armonías.

La música es muy frágil. No es rock. Si alguien piensa que Heritage y Grace for Drowning no son rock, esto es incluso menos rock. Pronto sacaremos una canción en internet como adelanto. No depende de mí, sino del sello discográfico, pero será probablemente en enero, porque si el disco sale en abril…

¿Habéis pensado en hacer algunos conciertos juntos Mikael Åkerfeldt y tú para presentar el álbum?
No creo que pudiéramos hacerlo, la música es tan orquestal que no sabría cómo. Así que la respuesta creo que sería no, aunque puede que hagamos algo de promoción juntos.

Después de tantos años juntos, la colaboración de Lasse Hoile en Grace for Drowning probablemente no se haya limitado a añadir algunas fotos y vídeos. ¿Cómo ha contribuido él exactamente a este álbum?
Desde que una canción empieza a existir, Lasse es parte del proceso, porque cuando compongo una canción, él es el primero en oírla, literalmente durante las primeras horas después de acabarla. Y le digo: “he compuesto esta canción y tengo en la cabeza una idea de cómo se podría interpretar visualmente”, y él me dice: “sí, sé a lo que te refieres, vamos a intentarlo…”.

Es como que el proceso artístico, la conexión entre el audio y lo visual, comienza casi desde el principio. Así que mientras yo desarrollo una canción, la grabo y colaboran músicos invitados, él está trabajando en el lado visual. De nuevo es difícil articularlo en palabras, pero es como un proceso muy orgánico entre lo visual y la música, desarrollándose juntos desde el principio.

En el progresivo puede percibirse una tensión entre la figura del compositor y la idea de grupo, en casos como el de Robert Fripp, Mikael Åkerfeldt o el tuyo. Es como si en el rock estuviera la banda, en música clásica estuviera el compositor y en el progresivo hubiera una mezcla de ambos.
Sí, pero creo que aun así en el rock hay normalmente una persona. Creo que la idea del compositor está aún muy presente en los grupos. Hay bandas que por ejemplo tratan de presentar que ellos componen juntos, pero no creo que muchas lo hagan. En Genesis, por ejemplo, solían firmar todo juntos, pero si hablas con Steve Hackett, él te dice que Tony Banks componía una canción, Mark Rutherford otra… Creo que es difícil componer música como en un comité, porque nunca consigues una dirección sólida. Lo he intentado con Porcupine Tree, hemos hecho algunas canciones juntos, pero es difícil porque no tienes la pureza de visión como cuando eres una sola persona.

Creo que hay una idea muy romántica asociada a los grupos. A la gente le encantan las bandas, el romance de una banda, la idea de tíos trabajando por un objetivo común, componiendo juntos, viviendo juntos, girando juntos… La gente siempre ha tenido una visión muy romántica, con los Beatles, Led Zeppelin, pero creo que la verdad es que probablemente siempre hay una persona o dos al control del proceso creativo.

Entonces, ¿por qué sacar ahora un disco en solitario en vez de un álbum de Porcupine Tree? ¿Es como si Porcupine Tree se hubiera hecho tan grande que ya no te sientes libre ahí?
No es porque se haya hecho muy grande, sino porque es un grupo. Cuando tienes a cuatro personas en una banda, como nosotros, lo que acabo de decir es verdad, en el sentido de que todavía controlo el proceso compositivo, pero al mismo tiempo no les pediría nunca a las otras personas de la banda tocar una música con la que no disfrutaran, a la que no respondieran. Odiaría estar en el escenario tocando música y sintiendo que los que están ahí conmigo la odian. Hay todavía música que no le pediría tocar a Porcupine Tree. Por ejemplo, hay alguien en Porcupine Tree que odia el jazz, así que nunca le podría haber pedido a tocar al menos un 50 o 60 % de este disco por sus elementos de jazz.

¿Tienes ya alguna idea para el próximo disco de Porcupine Tree? ¿Sabes cuándo empezarás a trabajar en él?
No, no hay nada. Estoy tan en el momento con este proyecto que ni siquiera he pensado en el siguiente paso con Porcupine Tree. En algún momento el año que viene nos juntaremos. No sé cuánto tardaremos, no quiero lanzarlo porque toque hacerlo. Para mí es importante que si grabamos otro álbum, sea una superación, se perciba una evolución, que la banda ha seguido adelante. Puede tardar un año, dos años, tres meses… Todo lo que puedo decir ahora mismo es que habrá un punto en el futuro en que nos juntemos y hagamos un disco, pero no sé cuánto tardaremos, qué sonido tendrá, ni tengo ninguna idea para las letras todavía.

Tus conciertos hoy en día son de los mejores que se pueden ver en el progresivo, porque el sonido y la interpretación son siempre perfectos. ¿Cuál es el secreto para eso?
Desde un punto de vista técnico, Ian Bond, que se encarga del sonido, es uno de los mejores en el negocio. Muchas veces oigo a la gente decir que han visto en una sala determinada a diez grupos y el sonido siempre ha sido horrible, pero que por primera vez fue bueno, y eso es gracias a Ian.

En un nivel más amplio, cuando yo voy a ver grupos, uno de los problemas que tengo con los directos es la falta de dinamismo. Por ejemplo, si vas a ver un grupo de metal, es como que están al máximo todo el tiempo, pero no hay sentido del espacio ni de viaje musical. Una ventaja que creo que tienen las bandas progresivas es que pueden crear ese sentido de viaje musical y de dinamismo. La música parece que está funcionando muy bien en directo y con lo visual están creando ese sentido de que estás como viajando.

Dejas claro que el rock progresivo no es sólo sobre álbumes de estudio.
En el siglo XXI la audiencia suele aburrirse enseguida, miran el teléfono, envían mensajes… Así que para mantener la atención tienes que estar sorprendiéndoles constantemente con algo nuevo. Es difícil hacer eso si eres un grupo de heavy metal o de death metal o cualquier música que sólo tenga un estilo. Pero los grupos progresivos pueden hacer cosas ambient, heavies, jazz, electrónica… y yo lo hago esta noche. Tengo también todo lo visual.

Al final es casi como una actuación teatral, tratar de contar una historia para mantener a la gente presa durante dos horas. Yo no puedo concentrarme en un mismo tipo de música más de unas pocas canciones y creo que a mucha gente le pasa lo mismo. Tienes que seguir sorprendiendo a la gente. Quizá eso es parte del atractivo del concierto también. Creo que éstos son los mejores conciertos que he hecho nunca.


Texto: Miguel E. Rebagliato
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    1 comentario

  • Ikar VS dice:

    Excelente entrevista al Sr. Wilson y tiene toda la razon hay que hacer un espectaculo, algo que sorprenda a la gente.
    Felicidades Wilson sigue asi!!!

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