Entrevista con M Clan – “Son tiempos de tocar con mala hostia”

Por , el 12 - 11 - 2012

Martes 6 de Noviembre. Son cerca de las dos de la tarde en Madrid y empieza a haber hambre. En la cafetería de un hotel de Gran Vía se encuentran Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez, ambos en un sillón beige alto. Ese mismo día, M Clan enseñaba al mundo “Arenas movedizas” (Warner, 2012), el último disco antes de cumplir la veintena en este arte reconvertido en negocio. Tanto Ricardo como Carlos no tienen reparos en ser claros, cosa que se agradece, pero tampoco tienen remilgos en hablar sobre esta etapa introspectiva que empezó con “Memorias de un espantapájaros” (Warner, 2008), continuó con “Para no ver el final” (Warner, 2010) y llega hasta este octavo trabajo de estudio. ¿El fin de una época que todavía colea? Ya se verá, igual un disco en directo firma la última transición. Carlos H. Vázquez habló con ellos.

“Desde los pozos del alma siento que vuelvo nacer”, dices en ‘Para decirte adiós’. No quepa duda de que se da la sensación de un renacimiento.
Carlos: Sí. Elegimos ese tema para abrir el disco porque dice “otra vez en las calles”, así que era bonito para hincar y decir: “hola… otra vez”. Y también es cierto que en cada disco te estás renovando y volviendo a nacer de alguna manera.

Y se habla de las calles y de la carretera… aunque diría que los espacios abiertos son prioridad.
Ricardo: Vivimos mucho en la carretera y al final se refleja parte de nuestra vida.

Carlos: Un tópico que es real porque en realidad estás viajando mucho, tocando mucho… y sobre todo, haciendo kilómetros. Es nuestra forma de vida. Sería raro que habláramos de otra cosa.

O el tópico del desamor, que también está en el disco.
Carlos: Hablamos del desamor porque en general nos abandonan las chicas, y de la carretera porque vivimos en ella. Es así.

¿Cómo que os abandonan?
Carlos: No es que nos abandonen, es que nos tenemos que ir (risas).

Respecto al tema de la densidad en las canciones, anteriormente me dijiste que hay que ser muy bueno para ser denso y llegar.
Carlos: ¿Dije eso? [Hace un gesto con la mano a modo de hacha e imita el chasquido de un latigazo]. ¿Qué opinas, Ricardo?

Ricardo: Pues que estoy completamente de acuerdo con él. Para ser denso y llegar de verdad tienes que ser Wilco y haber vivido mucho para llegar y hacer las cosas muy muy bien. La densidad cuesta. Cuando uno es sincero y honesto y aparece esa densidad, es doble mente meritorio. Leonard Cohen tiene una densidad como un camión de yogures “Densia”.

Carlos: Es que no hay que confundir densidad con intensidad. Para mí algo denso es algo que puede ser negativo, pero es que Leonard Cohen es tanto denso como intenso. Por lo tanto, hay cosas que se agradecen que sean densas y para eso hay que tener un discurso brutal. Es como si dices que lees a Borges, que es densísimo. Pero es básicamente lo que has dicho de ser muy bueno para ser denso y llegar, porque si no, eres un tostonazo del copón.

Bueno, entiendo que si estás de subidón no te vas a quedar a componer, sino que te irás de fiesta.
Carlos: (Risas) Eso es lo que decimos siempre.

Ricardo: Es que si estás feliz, estás en otras cosas. Pero para escribir necesitas detenerte para tomar aire y tener un estado de introspección que requiere un estado de ánimo más idóneo que no corresponde a la euforia.

Carlos: Yo creo que es difícil empatizar con la alegría.

¿Más difícil?
Carlos: Sí, más que empatizar con la tristeza. Pero ya no sólo en la música, sino en todo. Cuando te hablan de alguien que está mal hasta te cae mejor, pero cuando alguien está de puta madre te da un poco de envidia. Es algo humano. Por eso lo hacemos así.

Como en el cine, vaya.
Ricardo: Dicen que es más difícil hacer comedia que hacer un drama.

Carlos: Depende hasta qué punto llegue el drama… Pero hay que hacerlo muy bien.

¿Creéis que la introspección ya ha dado todo lo que tenía que dar respecto a vosotros? “Memorias de un espantapájaros” empezó una línea que iba por esos derroteros…
Ricardo: De nuevo tienes razón porque es verdad que son discos más introspectivos menos vitales y frescos que se tornaron más intensos hacia ese “drama humano”. Es que has puesto el dedo en la llaga. ¿Dónde comienza y dónde acaba la introspección? Creo que hay etapas en la vida que son más y otras que son menos. De momento hemos terminado una porque el disco siguiente va a ser un directo, seguramente, con el motivo del 20 aniversario, pero a lo mejor esa introspectiva ha terminado. De todas formas, uno nunca sabe qué es lo que te depara el futuro porque puede ser que llegue un momento todavía más duro.

‘Sólo el viento’ o ‘Arenas movedizas’ son los temas más introspectivos, pero sin embargo, el disco termina con ‘El Rock and Roll del siglo XXI’ abriendo otra senda.
Carlos: Exactamente. Por eso decidimos ponerla, pues las cosas estás mínimamente pensadas y con cierta intención. Si tú pones ‘Para decirte adiós’ con la frase “otra vez en las calles” y luego pones una canción que dice “el Rock and Roll del siglo XXI, desde aquí podrás salvar el mundo” te darás cuenta de que tiene un foco de esperanza, de optimismo y de alegría para poner arriba los corazones. Veíamos que el disco tenía un tinte de drama del punto Blues y melancólico, pero es que es lo que nos pedían las letras. Si tocas una canción de sonido denso no vas a ponerte a hablar de que has ido a comprarte un bocadillo de atún. Te inspiran otras cosas, pero el ‘El Rock and Roll del siglo XXI’ es una canción con una melodía que suena ya a himno, entonces tienes que hablar de algo que sea potente.

Además, muy del palo de Miguel Ríos.
Carlos: Y lo bueno de esa referencia es que nosotros no teníamos ninguna intención. Es una influencia porque es la música que hemos escuchado, como el “Rock & Ríos”. No hay nadie que toque Rock en este país que no haya pasado por ahí, sobre todo nosotros, porque fue el disco de nuestra infancia. Yo tenía 12 años cuando el “Rock & Ríos” fue el disco de Rock más sonado, entonces… ¿cómo no iba a estar presente?

Ricardo: Y ese vínculo con el Rock en castellano de Miguel no está en un extremo ni tampoco es Hard-Rock, sino que es algo como de cantante de bien cantar. Y eso es algo que nos une mucho a él.

Pienso que Miguel Ríos es un cantante melódico que lleva su voz al Rock and Roll.
Ricardo: Digamos que Tarque recoge ese testigo, y eso ya lo decía Miguel.

Carlos: Es mucha responsabilidad, pero me parece un piropazo. Esto que has dicho me parece muy interesante porque en España el Rock está asociado a no-técnica. Sin embargo, en el mundo anglosajón, los cantantes de Rock son gente que canta muy bien, salvo excepciones muy carismáticas como Bob Dylan. Pero es que en España parece que hay que cantar mal. En realidad, la escuela de Rosendo (que tiene un carisma espectacular y a mí me flipa) es de cantar mal, pero si cantas bien ya parece que tienes que hacer otro estilo y ser feo porque no cuadra ese preciosismo. Y no es así. Tal vez en el Heavy Metal se da más esa técnica o “virtuosismo”.

No olvidemos que los cantantes melódicos se relacionaban con un perfil más adulto.
Carlos: En España hay una gran cantidad de prejuicios y muy pocas ganas de dejarse llevar por la música, algo que a todos nos ha pasado, por otro lado. Parece que preciosismo y Rock no pueden ir de la mano. Como que algo que no esté bien hecho no es roquero. Pero es que no es así. Es que salvo lo de Miguel Ríos, no hay más ejemplos de cantantes que cantaran así en España en el Rock. Tú vas al Viñarock y buenos vocalistas no hay, esa es la verdad.

Los vientos y metales es otra cosa que se estila bien poco en el Rock nacional, salvo excepciones.
Carlos: Es que nosotros no tenemos nada que ver con el Rock español. Esa es la verdad. En al música anglosajona los metales en el Rock y en el Soul siempre han estado juntos, como Chicago, todos esos grupos de los 70. Sobre todo en el Rock americano, más que en el inglés, han ido en ese punto de… ¿Soul-Rock?

Ricardo: Nuestra influencia es tan anglosajona y tan americana o inglesa que es ahí de donde bebemos, entonces es la música que escuchamos, como Southside Johnny, que hace un Rock con metales muy poderoso y musculoso.

Siguiendo por la temática del sonido, pero referente a vosotros, creo que si en “Para no ver el final” había más espacio que volumen, en “Arenas movedizas” empieza a haber más volumen que espacio.
Ricardo: Sí. La producción es más poderosa. La batería y las guitarras están más acentuadas, así que suena todo muy inmenso y muy grande. Se pretendía hacer ese tipo de producción porque es un disco en el que no reivindicamos nada, pero se ve que es –respecto a los tres últimos, un poco más Rock.

Carlos: Creo que son tiempos de tocar con más mala hostia. Es que sale así por naturaleza. Como decía Loquillo, son tiempos revueltos y la gente quiere más fuerza.

También dependerá del momento en el que se encuentre el grupo, ¿no?
Ricardo: En general, son tiempos más propicios para el Rock o para la música enérgica. Es lo que la gente necesita.

Creo que ‘Cuando el camino duela’ es el tema que hace de puente entre “Para no ver el final” y este último LP.
Ricardo: Totalmente. Teníamos cuatro o cinco temas más Soul y al final decidimos cogerlo porque suena máximamente así.

Algo como ‘Pájaros mojados’ de Quique González, volviendo al tema de los vientos.
Carlos: Ese tema es increíble. Nos encanta ese disco. Suena a clásico americano como Van Morrison, James Tylor… ese sonido del New York de los 70, de la escuela de Soul de Karole King. El sonido Motown pero en blanco. Cómo se lo curró el puto Carlos Raya con esos metales en la producción. Es la herencia de gente como Bob Seger y bandas de los 70, como mainstream… pero Rock. Bandas que hacían Rock pero con metales.

Ricardo: Me gusta más esa vertiente porque esas secciones de metales en el Rock (como Bruce Springsteen) son energía pura y me flipan. Entonces, ver esa inmensidad de sonido es maravilloso.

La “pena” está en que vosotros no podréis llevarlo al directo en esta ocasión por el tema económico.
Carlos: Bueno, por un lado sí que es una pena porque se trata un poco de cuestiones económicas. Pero también es cierto que nosotros queríamos hacer el experimento de ir sin teclados y sin metales para ir muy desnudos al directo. Es algo que funciona tan bien, que nadie lo va a notar. Ni nosotros.

Como volver a la época de… ¿“Coliseum”?
Ricardo: Sí… Lo que sucede es que ahora, al llevar dos guitarras, necesitamos más dinámica en los conciertos, más contrastes, las guitarras tienen que ir más complementadas… y eso requiere un esfuerzo extra. Pero el sonido lo agradece porque no está siempre el teclado detrás, así que no hay nada que redondeé.

Sin contar que la portada me recuerda a la de “Memorias de un espantapájaros”.
Ricardo: Tiene un punto de ilustración más oscura, más pantanosa… que fuera con el sonido del disco. Ves la portada de “Para no ver el final” y es lo que hay dentro. Una portada muy Soul. En este caso, tenemos una portada muy Rock que refleja lo que hay dentro.

Carlos: Y también porque la ha hecho el mismo diseñador. La portada de “Para no ver el final” es la mejor que tenemos. Es mi favorita.

Aunque hablamos de un disco que tiene mucho piano en algunas canciones. Bueno, diré que está más en un primer plano.
Carlos: Cierto, en tres o cuatro temas. ¿Sabes qué pasa? Que como sólo hay tres o cuatro temas, cuando aparecen, lo ves. Además, no hay casi Hammond. Aparte, es un piano que se nota porque lo ha tocado el mejor pianista del planeta que es Luis Prado (Señor Mostaza). Como pianista es una bestialidad. No hay nadie que toque, ni de cerca, como lo hace él en España. Eso te lo digo ya. Es un tío que podía estar tocando con quien quisiera.

Finalmente, y como no podía ser de otra manera, todos los discos son un parto; con sus vómitos y sus dolores. Cosa que, por otro lado, también me dijiste anteriormente.
Carlos: ¡Hostias, qué tonterías digo! (Risas) Además, siempre digo lo mismo. Pero es que en realidad cada disco es un parto. Este nos ha costado mucho más, pero eso no quiere decir que sea mejor que los otros, pero yo creo que ese cariño que se le pone a un disco se nota, y según vamos haciéndonos más mayores, vamos siendo más exigentes con lo que hacemos. Todo lo que hay, tiene calidad.

Y porque es el disco con el que más canciones habéis contado.
Ricardo: Y cuantas más teníamos, menos veíamos el disco. ¿Qué disco íbamos a hacer?

Carlos: Iban a ir once y una la quitamos porque no pegaba. Era un buen tema, pero no pegaba en el disco. Y menos mal que la quitamos porque no iba a poder escuchar el disco entero.


Texto: Carlos H. Vázquez.
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