Haploide y Single. Madrid. Sala El Sol. 6/11/2010

Por , el 08 - 11 - 2010

Haploide y Single. Dos grupos donde la mezcla de estilos planean desde el hip-hop hasta el pop; desde las letras de cuerpos que sacuden los ritmos pregrabados de la mitad de Diploide, hasta las que surcaron las marcas de otros signos donde los números, los colores, los meses y los días modelan las figuras casi disparatadas de las letras de Single. Desde invitar al baile con estrofas espontáneas hasta delinear unas siluetas de lenguajes puestos del revés, igual que la suma de melodías que estallaron en el presente de la mitad de Diploide y el pasado recogido con tanta vehemencia por parte de Single, este cuarteto que hace que el pensamiento de Vainica Doble se deshaga en mil y una partículas de chiribitas de limón.

Con sólo un taburete de madera, su ordenador y sus sonidos, Haploide mezcló y dio fulgor, en varios periquetes, a lo directo de su propuesta: sabrosura y simpática voz, donde el cuerpo femenino es protagonista de la fácil identificación de muchos de sus ritmos, casi de reggaeton a veces y de casi todo en la otra mayoría. En la repetición de las frases se escondía parte de la gracia de Haploide y en lo crudo y directo (“pon ese culo gordo a bailar”) del hedonismo tan marcado e, incluso inocente, del conjunto de sus canciones. Simpático, divertido y locuaz. Pedir más es sumar menos y si bien para algunos puede resultar excesivamente cargante la repetición fatigante de sus letras, a otros les puede resultar chistoso. Cincuenta por ciento de indecisión y seguro que otro cincuenta de no buscar más que algo simpático en lo intrascendente que busca su protagonista. Sin más.

Por su parte, Single ya tienen en su haber una buena parte de la línea recta que dibuja la orilla de algunas de las grandes canciones que ha dado el pop nacional de los últimos cinco años.

Pensamiento, no más de once letras, el negro como gran color profundo del eco del amor para fraccionar los minutos en breves momentos, que pasan en un santiamén. Caligrafías sonoras que buscan el monólogo interior, la concatenación de un sueño y un extraño torbellino con fondo musical. Así son sus letras que, como sus discos, con el tiempo maduran y en directo se hacen grandes. Como la voz de una Teresa Iturrioz que cada vez canta mejor. Con una elegancia suprema se ha convertido, por derecho propio, en un hada madrina del pop nacional. El cambio de vestuario no hace más que acreditar la condición de cambio, la variante ligera y airosa de los cambios de ritmo de las canciones, donde hay un abismo a la derecha de sus canciones como grupo y ese pasado aún añorado por muchos. A destacar, también, el gran trabajo de concisión de sus tres acompañantes.

Si pueden llegar a cantar que todo cambia en un instante, para nosotros se nos hacen cortos y de perpetua duración todas y cada una de las letras que componen esas maravillosas palabras que forman “Posponías”, ese enredo silábico magnífico, que nos hace enumerar las estaciones del año a gran velocidad. Año diez, el once mes y un concierto para recordar.
Parece que jamás haya tenido más lío: ¡guau!, digo ¡miau!.


Texto:Ángel Del Olmo. Fotografías:Kike Rincón
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