Hellfest Open Air — Clisson (Francia) — 17/06/2012, Día III

Por , el 30 - 07 - 2012

Hace unos cuantos meses, la reunión de Black Sabbath iba a ser uno de los grandes atractivos de la tercera jornada del Hellfest, y en realidad de toda la edición de 2012 después de lo programado durante viernes y sábado. Pero las expectativas se truncaron cuando al guitarrista Tony Iommi le diagnosticaron cáncer. Black Sabbath fue sustituido en casi todas sus fechas por un Ozzy Osbourne muy bien acompañado. Después de un primer y segundo día de festival muy intensos, esa tercera noche Zakk Wylde, Slash, Gus G y Geezer Butler, el bajista original de Black Sabbath, iban a subirse al escenario junto al mítico cantante. Pero bajo ese bonito envoltorio de Ozzy and Friends, cierto escepticismo era inevitable: en el fondo, ¿cuánto iba a cambiar el espectáculo habitual de un Ozzy Osbourne maltratado por los años?

En el prime time de esa noche de festival se abrieron tres posibilidades: ver a Ozzy cantando canciones de Black Sabbath y de su carrera en solitario, escuchar a los finlandeses Children of Bodom y su death metal para todos los públicos o vivir un momento místico con los experimentales y atmosféricos Sunn O))), cuyo concierto fue una sorpresa y casi una revelación para muchos. En The Altar CHILDREN OF BODOM supo estar a la altura de las circunstancias, con una actitud y una energía superiores a las de anteriores ocasiones, y por supuesto con el habitual virtuosismo de Alexi Laiho a las seis cuerdas. Iluminados por los faros del coche que ya se ha convertido en pieza fundamental de su escenografía, buscaron la complicidad de sus viejos seguidores con pocos temas nuevos y muchos de sus clásicos, ya desde los iniciales “Warheart”, “Hate Me!” y “Silent Night, Bodom Night”. Incluso volvieron a su primer disco con “Deadnight Warrior”, y para terminar, toda una declaración de intenciones con “Hate Crew Deathroll”.

Children of Bodom

Unas cuantas horas antes en The Valley, por la mañana ALCEST se convertía en la banda sonora de la decadencia típica de un tercer día de festival. En su país natal, Neige hacía sonar esa música melancólica que la crítica ha considerado una mezcla de black metal y shoegaze, pero que en todo caso es cada vez más melódica y ambiental. O al menos así lo fue con el breve repertorio que interpretaron ese día, cuatro canciones que fugazmente visitaron sus tres álbumes editados hasta la fecha. En The Valley, también iba a llegar tiempo después otra revelación: los franceses MONKEY 3, con una ecléctica sesión instrumental de cuarenta minutos, o, como decía la guía del festival, “un carrefour de stoner, post-rock, progresivo y psicodelia”.

El primer plato gordo del día llegó con BLACK LABEL SOCIETY en plena hora de la comida. Y Zakk Wylde se comía el escenario principal bajo el sol abrasador del mediodía. Empezó a sonar “Fire It Up”, su riff vocal tan adictivo, cuando a mitad concierto el público jugaba con unos balones negros hinchables, pero le siguió un largo, excesivo y autocomplaciente solo. Seas o no seguidor del heavy metal sureño de los norteamericanos, sólo por ver la presencia de Zakk Wylde en el escenario ya merece la pena. Y para presencia también la de Lori S., la cantante y guitarrista de ACID KING, que de vuelta en The Valley reavivó con su stoner metal los sonidos desérticos que tanto protagonismo tuvieron en este escenario.

Acid King

Como The Devil’s Blood el día anterior, BLUE ÖSYSTER CULT aprovecharon las bondades de una formación con tres guitarristas —aunque el ya veterano Eric Bloom se cambiaba al hammond y demás teclados algunas veces—, y en otras ocasiones también sacaron partido de las ventajas de tener varios vocalistas. Después de sorprender al público con la canción de la serie Game of Thrones como intro, el concierto de los neoyorquinos osciló entre su sonido más clásico y sus toques más progresivos y psicodélicos, pero no faltaron sus temas más emblemáticos: “Burnin’ for You”, “Godzilla” y “(Don’t Fear) The Reaper”. Una pena que no tocaran nada de su clásico de 1974 Secret Treaties, ni siquiera la habitual “ME 262”.

Blue Öyster Cult

Ya al anochecer se subía al escenario de The Temple el noruego IHSAHN, el antiguo líder de Emperor que con el tiempo se ha ido alejando progresivamente del black metal más puro. Ese domingo era justo la víspera del lanzamiento de su nuevo disco, Eremita, del que interpretó dos temas: “Arrival” para empezar y “The Grave” como cierre. Entre medias, sonaron canciones de sus otros tres álbumes en solitario. Aunque la soledad para el estudio, porque en los escenarios no podría estar mejor acompañado. Sus músicos de directo son… ¡todo Leprous!, joven y prometedora banda experimental noruega que a finales de octubre estará tocando en España. Y menuda combinación de voces, el registro desgarrado y roto de Ihsahn con la potencia de Einar Soldberg, que bien pudo lucirse en las estrofas que una vez grabó Mikael Åkerfeldt para “Unhealer”. Sólo el saxofón de Jorgen Munkeby, líder de Shining y colaborador de Ihsahn, habrían ensalzado la actuación hasta límites insospechados.

Ihsahn

La música experimental noruega continuaba allí esa noche. Después del concierto correspondiente en The Altar, tocaban bajo la cruz invertida de The Temple unos reunidos ARCTURUS. Ambiente cósmico entre tanto sonidos de teclado y unas proyecciones al fondo, y, mientras, ICS Vortex y sus gorgoritos en el papel de bufón interestelar, a juzgar por sus danzas. Sus famosos disfraces apenas les duraron una canción, en una actuación en la que predominaron los temas del clásico La Masquerade Infernale (“Alone”, “Master of Disguise”…), pero en el que también hubo tiempo para interpretar una canción del álbum que aún está por llegar. Si algo demostraron algunos de esos últimos conciertos en The Temple fue la gran variedad, creatividad y originalidad que se esconde detrás del metal experimental noruego.

Arcturus

Unas horas más tarde, ya de madrugada, cerraban el festival Dimmu Borgir y Lamb of God en sendos escenarios, mientras la lluvia caía para desgracia de todos aquellos que debían levantar sus campamentos. Supuestamente después del concierto de Children of Bodom, aún se podía haber llegado a la última media hora de Ozzy, pero —oh, sorpresa— el ex Black Sabbath se había retirado antes de tiempo. Ante el cansancio y el mal tiempo, Children of Bodom y un buen crepe de chocolate, como tributo a la buena cocina francesa, fueron la despedida a una gran edición de Hellfest.

Puede que hubiera algunas aglomeraciones, colas o lluvias en los momentos más inoportunos, pero el festival francés está muy por encima de cualquier otra fecha similar en España, en organización, calidad y eclecticismo. Por eso para los festivaleros asiduos, coger un autobús, un avión o un vehículo propio y recorrer unos cuantos kilómetros de más debería ser una opción a tener en cuenta. Entre las vides de Clisson nos espera cada año una fecha ineludible.


Texto: Miguel E. Rebagliato

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