Hidrogenesse y Single. Ocho y Medio Club, Madrid.6 -07 – 2014

Por , el 11 - 06 - 2014

 

 

Aunque muchos se esfuercen en buscar una aguja en un pajar, muchas veces es complicado el encontrar grupos que entiendan el cómo separar el grano de la paja. Y no se dicen las cosas claras y no se quiere preguntar nada: ¿quién hay ahí?, ¿quién está detrás?, ¿qué quieres de mí?. Pero si fueras una persona serías un espía haciendo las locuciones de una compañía de telefonía (“Captcha, cha, cha, cha!!). Y como no queremos hacer dígitos binarios dudosos de todo esto, sabemos que en este país con 300 gramos de jamón tenemos que cargar con el cerdo entero. Sobran las explicaciones. Y todos los demás son pan comido. Si esto parece ser una oscuridad hiperculta…pues cada cual a lo suyo. Ya lo dijo Góngora, no el príncipe Carlos. Muchos hacen siete cosas a la vez y no hacen nada, operan en un vacío legal con su pandilla de pensadores, semidioses de lo contracultural.

 

Por eso, nos complacemos en agradecer la existencia de grupos como Hidrogenesse y Single: dos parejas yuxtapuestas en esto de explorar los sonidos y recoger herencias dispares para elaborar unas canciones mayúsculas. Los primeros, bajo la batuta de unos The Hidden Cameras ampulosos, un Terenci Moix metido en una lavadora con un abrigo de astracán, y unos Single que han regalado unas palmeras a Vainica Doble para dejar sombra de unas letras donde caben Jamaica y la taquicardia amorosa de sus extraordinarias letras. Todo empapado de magia.

 

Hidrogenesse, esa pareja que hablan de los lujos y las miserias de los enigmas de todos nosotros con voz de vocoder, saltaron al escenario del Ocho y Medio vestidos de blanco y negro, cuya arrogancia secreta sólo saben descubrir esa crítica especializada que tanto les quiere (como a Single y su pasado en Le Mans…), y todos aquellos que casi llenaban la sala madrileña. Sus canciones pueden tener mucho de joterías pero poco de bobas, como muchos quieren empeñarse en mermar las cualidades de esta pareja excepcional; y así es la firma de su último y magnífico (atípico y arrollador) trabajo “Un dígito binario dudoso”. Ha pasado un tiempo de estas canciones y siguen sonando igual de divertidas en directo.

 

Empezaron con una canción extraída de su primer trabajo, “Gimnástica Passiva” (2002), “1987”, para ir desgranando todo su universo de despreocupada sintaxis musical, donde caben toda clase de animalitos e historias del mundo contadas por las máquinas u odas a los antiguos amigos desaparecidos, entre chirriantes sonidos eléctricos y humanizadas leyendas entre lo electrónico y la voz humana (“Christopher”).

 

Desde ahí, despegaron toda su brillantez imaginería sónica, dioramas donde se pueden ver las dos imágenes de la misma representación. “El artista”, donde se ridiculiza el dinero y lo falso del mundo moderno. Y los ritmos irresistibles de sus canciones más celebradas, como “No hay nada más triste que lo tuyo”, ese himno de nuestro tiempo y “Disfraz de tigre” que es, sin duda alguna, una de las mejores e impetuosas canciones de la música española actual.

 

Tuvieron tiempo para informar de su próximo trabajo, “Roma” y cantar un adelanto del mismo, “Dos tontos muy tontos”. Así como su versión de “Eso es el amor”, popularizada por los norteamericanos The Manhattan Transfer. Poco más hace falta decir. Y.o.h.e.v.e.n.i.d.o.d.e.m.i.c.a.s.a.

 

 

Y minutos después, saltaron, enfundados en dos telas doradas con turbantes negros, la pareja más bonita que la ciudad que los ha visto crecer ( a ellos y al que esto subscribe), para descuartizar cualquier esquema previo de “Donosti sound” y hacer de la música un conjunto de canciones, cinco o seis de ellas auténticas obras maestras del aquí y el ahora; ese rocksteady romántico con el que decoran sus últimas canciones.

 

Con casi el mejor de sus temas de su último trabajo (“Rea”), abrieron su noche con “Modo B”, que da esplendor a la quintaesencia de la dulzura de una de las voces más elegantes, llanas por cercanas, que inundan de chubascos lo nada perfecto sin saber porqué, pero sí el qué de unos tiempos variables que hacen que luzca el sol sobre el mar de este 2014. Teresa Iturrioz estaba flamante de guapa, irresistiblemente atractiva y simpática, muy cercana.

 

Single, que ha dado trabajo a Hidrogenesse para que produzcan su flamante último álbum, ilumina de gracia en las letras (“y dibujaré con besos guirnaldas encarnadas, bellas guirnaldas de rouge que rodearán tu cuello”) y ritmos lovers y de música ligera un cancionero que comienza a ser imprescindible. De esta manera, pueden enarbolar sus temas sin ningún prejuicio de que uno suene mejor que otro en un directo francamente visionario.

 

Campanas que tintinean para que nosotros balanceemos nuestras caderas a son de “La moto”, “Globo de helio” o una “Posponías” que sonó tan perfecta que se disparó hacia el infinito haciéndonos soltar lágrimas de una belleza que viajó desde enero a febrero, o mejor hasta abril, en abril hasta mayo y lo posponíamos sin fin. Y en primavera, parece que jamás hayamos tenido más lío. Solsticio que nos hace repetir “me enamoré, me enamoré de pronto y sin remedio”, que repitieron, invitando desde Valladolid a Garbanzo. Y sucedió.

 

Todo maravilloso, bajo la grácil presencia de Teresa Iturrioz y la seriedad de ese genio llamado Ibon Errazkin. Nos regalaron una versión de “Soy una nube” de la pareja de Bogotá Elia y Elizabeth y otra de la colaboración entre Camilo Sexto y su amiga Lucía Bosé, “Amor, amar” de 1972. Entre medias, unos cuantos de sus ya excelsos temas, como “Tu perrito librepensador” o “Pío pío”. Hasta “siete”, que es la canción que menos me gusta de su último disco, me sonó igual de bien. Simplemente maravillosos.

 


Texto: Ángel Del Olmo

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