Kitaro. Un hombre y su sueño (Primera parte)

Por , el 19 - 10 - 2011

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Kitaro es un hombre especial, un creativo nacido en 1953 para revolucionar la música experimental y dar un sentido más elevado al género conocido cual new age. Pasó en pocos años de asistir a la Toyohashi Commercial High School y tocar en la banda casi amateur Albatross a militar junto a uno de los grupos más importantes de todo Japón, la llamada Far East Family Band. Y de ahí a establecerse como solista y transformar a sus anchas la música atmosférica e instrumental. En el siguiente monográfico se descubrirá esa evolución, esa mutación que del rock sinfónico le llevó a la electrónica ambiental.

Es 1974 y estamos ante uno de los bastiones más destacados del rock progresivo japonés. Far East Family Band, derivado de los iniciáticos Far Out, se convirtió pronto en conjunto de culto. Su presentación con The Cave Down To Earth fue toda una revelación para el público de aquellas tierras, ya que para muchos era la presentación en sociedad del maestro de los teclados y sintetizadores Masanori Takahashi, más conocido como Kitaro. Desde sus comienzos sonaron diferentes, aunque algunos quisieron ver ciertas similitudes con la etapa psicodélica de los Pink Floyd.

El año 1975 traería el lanzamiento de su Nipponjin, tal vez el mejor disco grabado por la agrupación japonesa. Los recuerdos a Tangerine Dream y Pink Floyd se entremezclan sin viciar un estilo particularísimo. El sexteto sigue manteniendo en sus filas a sus componentes originales: Akira Fukakusa al bajo, Akira Ito a los teclados, Fumio Miyashita a las guitarras y los teclados, Hirohito Fukushima ante el micrófono y cubriendo como segundo guitarra, Kitaro en teclados y sintetizadores y tras la batería el acertado Shizuo Takasaki. Sin embargo, Parallel World (1976) será el penúltimo trabajo de Far East Family Band y último de Kitaro en su seno. Recibió favorables y entusiastas críticas por parte de todos aquellos que esperaban un estirón en el crecimiento de la banda. Los japoneses dejan a un lado las progresiones en formato balada y se lanzan al juego sonoro con las diferentes versiones del sinfónico progresivo electrónico.

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Se podría decir que en 1977 se pone punto y final a la trayectoria del combo. Kitaro entra en conflicto con el resto de componentes en la lucha por el camino a seguir por Far East Family Band. Habían conseguido acercarse con Parallel World a la experimentación electrónica de Klaus Schulze, y eso era algo en lo que Kitaro quería seguir investigando. El resto de miembros deciden volver a los orígenes, a intentar ser la réplica de los Pink Floyd aterrizada desde el país del sol naciente. Kitaro no llegaría a grabar Tenkujin y el disco terminaría siendo una despedida ciertamente agridulce. Aun así, todo esto demuestra que Masanori Takahashi ya era un reconocido teclista y compositor para cuando decide iniciarse como solista. Su paso por Far East Family Band dio a Takahashi la posibilidad de empezar por encima del resto de artistas que pretendían arrancar de cero en aquel final de la década de los 70.

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Tras su salida de la nombrada agrupación, Masanori, conocido ya cual Kitaro, se sumerge en una etapa de búsqueda. Se deja llevar por el budismo y la religión sintoísta, dos caminos que le acercan a lo místico y le llevan a crear nuevas ideas para expresar sus sentimientos hacia la vida y la música. Cuando edita Ten Kai (1978) pone una piedra fundamental en su carrera, determinando un estilo lento y calmado que le acompañaría en sus siguientes trabajos de iniciación como solista. El álbum apareció en Estados Unidos bajo el título de Astral Voyage, mientras que en Alemania se le llamó Astral Trip.

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Un nuevo álbum no tardaría en aparecer tras Ten Kai, así que a principios de 1979 Daichi asaltaría las tiendas japonesas. También conocido como From The Full Moon Story, este disco continúa con la experimentación pausada de Kitaro. Como curiosidad destacar que el artista usa los coros Kecak de Bali en ‘Hikari No Mai’, unos cantos muy característicos a los que recurrirá nuevamente trece años después en su disco Dream, añadiéndolos en dicha ocasión a su composición ‘Magical Wave’. Sin cambiar de año llegaría Oasis, posiblemente la obra más representativa a nivel mundial del primer Kitaro junto a sus dos partes del siguiente Silk Road. A lo largo del álbum se puede apreciar ese ritmo tan característico de los clásicos sintetizadores que tan acertadamente utilizaba por aquellos días Masanori.

Visto lo visto, no hay duda alguna de que Kitaro es uno de esos músicos enigmáticos, creador que marcha contracorriente y que siempre vence a las adversidades. Este multiinstrumentista japonés, que destacó en su adolescencia por ser uno de los alumnos aventajados de lo que se conoce como corriente new age o avant garde, en apenas dos años, entre 1978 y 1979, publica tres álbumes que ya ponían al descubierto una mano ganadora, vencedoras cartas que le acompañarían hasta nuestros días. Oasis, LP antes remarcado, sería la pieza clave para entender las dos partes de Silk Road (1980). Pero situémonos en aquel final de la década de los 70, tiempo en el que N.H.K. (Nihon Hoso Kyokai), Japan Broadcasting Corporation, busca a un artista capaz de arropar con su música la serie de capítulos del documental que la productora quiere presentar para la televisión japonesa.

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En aquellos días había bastante confusión y se llegaron a barajar un sinfín de nombres de compositores extranjeros, pero la aparición en el mercado de Oasis fue una revelación para los directivos de la productora; no había que pensarlo más, pues Kitaro era el hombre que debía encargarse de la banda sonora. De esta forma, este instrumentista que en los 70 se había cansado del rock sinfónico de gente como Pink Floyd y que había preferido estudiar las orquestaciones más clásicas, colma su doble trabajo de cambios estilísticos y de forma (marca característica a la que algunos pondrían el nombre de “sonido de contraste”), amalgamando los pasajes dignos de balada y cercanos a la paz espiritual con unos desarrollos sobradamente dramáticos. Unos contrastes de los que Kitaro hablaba sin tapujos, nombrando como influencia la naturaleza y destacando su amor por las montañas, lugar al que gustaba acudir para concentrarse y crear. Las dos partes de Shichu No Michi (Silk Road) fueron un éxito rotundo, lo que llevó a la productora a contar con el músico para Tonko, su siguiente trabajo en el mundo de las bandas sonoras.


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