Lady Gaga / Palacio de los Deportes / 12-12-10

Por , el 14 - 12 - 2010

 

Olvidándonos del tema de los cientos de entradas falsas o de la pésima organización (por llamarlo de alguna manera) para acceder al Palacio de los Deportes, el concierto de ayer domingo nos dio los que esperábamos: un espectáculo sin parangón (solo superado por su madrina pop, Madonna), a la altura del personaje creado por la Germanotta. Después de unos teloneros prácticamente insufribles con una versión más andrógina de Jared Leto como cantante, nos introdujimos en esa arena de destrucción y codazos que era el foso, ansiosos de saber con que nos íbamos a encontrar.

 

El show, casi puntual, se abrió con la canción que todos los fans de artista anhelábamos como single, pero que finalmente se quedará como clásico de culto: “Dance in the dark“. Con una lona tapando el escenario y la sombra de Gaga sobre éste, el chorro de voz de la americana invadió hasta el último rincón del lugar. Conocíamos estas virtudes vocales, pero no esperábamos tal muestra, ya no solo de potencia, sino de control (y más escuchando las últimas vergüenzas pop como Katy Perry). En un escenario con apariencia del barrio más decadente y viciado de una gran urbe, Lady Gaga no paraba de moverse, bailar, tocar un piano incrustado en el motor de una furgoneta o tirarse por el suelo (la edad se nota: menudo torrente de energía).

 

“Just dance” no tardó en sonar: por mucho que fuese su primer single, sigue resultando tan contundente (y desmadradamente divertido) como el primer día. Recuerdo que cuando escuché la canción por primera vez no esperaba, dos años después, poder vivirla en un directo de estas dimensiones. Tampoco pensé que bailaría la ridícula (y efectiva, para que negarlo) “Alejandro“, cuando en la primera escucha casi lloraba de la risa; o disfrutar de “Teeth”, tema que en estudio, directamente, me irritaba. Cosas de la vida (y el pop). Los cambios de escenarios de iban sucediendo: tétricos árboles, plataformas de sube y baja, estatuas de santos que ardían, pianos que ardían más aún (un poco pirómana la chica), esferas metálicas giratorias. Un show excesivo acorde con su actitud sobre el escenario. El epítome de esa filosofía lo pudimos comprobar en “Paparazzi”, con un muñeco de un pez de las profundidades de varios metros de envergadura como símbolo de la monstruosidad de la gira (y de su concepto en si).

 

Los interludios resultaron atractivos pero al final del concierto encadenó varios seguidos, a veces sin razón, lastrando un poco el ritmo del concierto. Los tres últimos temas fueron el mencionado “Paparazzi”, “Poker face” y, como no, “Bad romance”, convirtiendo ese momento en el súmmun del mayor show pop de estos momentos. Hubo temas flojos (como en el disco), discursos demasiado manidos y estéticas algo esperpénticas, y aún así, no hace falta ser un erudito para saber que Lady Gaga es una visionaria de la música mainstream actual. Además tiene actitud, canta divinamente, sabe como montar un gran espectáculo y con disco y medio ya cuenta con una buena cantidad de hits. Y ahora que Madonna está en horas bajas, ella es la reina del cotarro, sin duda.

 

dyorch
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