Lady Gaga, Palau Sant Jordi, Barcelona 8/11/2014

Por , el 15 - 11 - 2014

Entre los adoquines se encuentra a la artista

Es difícil mantener el nivel de éxito de trabajos anteriores, sobre todo si hablamos de uno de los iconos del pop que ha llegado a alcanzar unas cotas de fama casi planetaria en los últimos años. Lady Gaga se presentaba en un Palau Sant Jordi con un graderío lleno y una pista a la mitad, que no amedrentó a la neoyorquina que se deshizo en elogios a sus fans y sobre todo a la ciudad de Barcelona y no era para menos, porque aunque no llenó el Palau, 18.000 “Little Monsters” (como llama a sus seguidores) acudieron a la llamada de su reina excéntrica, deseosos de presenciar su Art Rave: Art Ball Tour.

Durante 2 horas largas, Gaga hizo un repaso por lo más destacado de su discografía, comenzando por el material de su último trabajo, así Gaga, apareció en el escenario con unas alas doradas parapetada por 15 estupendos bailarines y su banda, mientras sonaban los primeros acordes de su single “Art Pop”, seguido de “G.U.Y”, “Donatella”, “Venus” y “Manicure”.

Entre más halagos a la ciudad de Barcelona, Stephanie Germanotta (nombre real de la diva) disparó del tirón, cuatro de sus hits más coreados comenzando con “Just Dance”, “Poker face”, “Telephone” y “Paparazzi” que fueron llevadas al directo con una ejecución impecable y un sonido que estuvo a la altura durante todo el show. Los momentos de fiesta y baile se intercalaron inteligentemente con acústicos de Gaga al piano, que protagonizaron los momentos más emotivos del concierto, en los que demostró su gran talento como vocalista y como compositora, sin trampa ni cartón, su voz aguantó los envites del directo, el baile y su piano sin despeinarse, solo para acabar llorando emocionada sobre las teclas. No fue la única que lloró, porque llegó a subir a uno de sus fans al escenario, bailando agarrada con él y sentándole al piano junto a ella. En acústico también interpretó “My baby shot me down” de Cher, con recuerdo incluido para su queridísimo Tony Bennett, con el que acaba de grabar un disco de duetos. La recta final fue una fiesta de color, bailes, incesantes cambios de vestuario, pelucas, imposible no preguntarse con qué se las sujeta para que no se le salgan volando con tanto contoneo, hasta llegó a salir vestida de sepia llena de tentáculos, de una especie de princesa a lo “Sailoor Moon”, con una enorme peluca verde, a lo Marilyn Monroe… “Edge of glory”, “Judas”, “Bad Romance” “Applause” y un final por todo lo alto con “Swine”, fueron aderezados con sus speech de agradecimiento y consejos a sus fans, su defensa a ultranza de la diferencia, la comunidad gay y de nuevo su amor hacia la Ciudad Condal.

Ante la llamada de su público, volvió al escenario vestida de blanco, para terminar con un semi-acústico de “Gypsy”. Con la boca cerrada, han debido de quedarse los que anticipaban el ocaso de la diva después de presenciar un grandísimo espectáculo, tan grande que a veces llega a comerse a la propia artista, pero ahí está y es real.

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Texto: Esther Al-Athamna
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