Repasando la discografía de… Rush, parte I: 1974-1981

Por , el 26 - 06 - 2012

 

A finales de los años 60, mientras en otros lugares se formaban muchas de las bandas que marcarían la década siguiente en entornos duros y a menudo desestructurados, en un pequeño barrio de Toronto unos chavales comenzaban a dar forma a la que sería una de las bandas más grandes de la historia del rock. Después de unos primeros años con algunas idas y venidas de diversos integrantes la formación quedó constituida con Geddy Lee, Alex Lifeson y John Rutsey a la batería, que posteriormente sería sustituido por el conocido Neil Peart.

Con su primer álbum, el homónimo Rush, obtuvieron en un principio buenas reacciones, pero sólo a nivel local y no fue hasta que varios de sus temas, especialmente Working Man, comenzó a sonar en una emisora de Cleveland cuando dieron el salto a los Estados Unidos. Tanta fue la importancia de aquello que en la reedición de aquel disco para el mercado norteamericano incluían un agradecimiento especial para Donna Halper, que fue quien comenzó a pinchar a la banda a la mencionada emisora. El buen ojo de la señorita Halper no se puede poner en duda, porque lo cierto es que Working Man era una de las mejores composiciones de un disco que, aunque ya mostraba algo del potencial de Lifeson y Lee, aún distaba mucho de lo que vendría después.

En Fly By Night ya tenemos la pieza que faltaba en el engranaje, Neil Peart, y su entrada en la banda se notó casi de inmediato, sobre todo en temas como By-Tor And The Snow Dog y Rivendell. Peart era un tipo mucho más cultivado que Lifeson y Lee y ambos vieron enseguida el potencial que podía tener como letrista. Según el propio Geddy Lee, Lifeson y él y comentaban: “mira cuántos libros lee, las palabras que usa… ¡quizá pueda escribir letras para canciones!

Mientras otros músicos dedicaban las noches después de los conciertos a todo tipo de excesos y diversiones nocturnas, Rush compuso Fly By Night durante la gira de su primer disco, en habitaciones de hotel y en la carretera. Este es también el primer álbum en que la banda cuenta con Terry Brown como productor, una relación que se mantendría durante unos cuantos años y que sería clave en el desarrollo de la banda su gusto por los arreglos. El mismo año, en 1975, sacan Caress Of Steel, considerado como un pequeño bajón y que no tuvo el reconocimiento que merecía. Ellos mismos llamaron a aquella gira “la gira del fracaso”. Quizá el planteamiento de dos temas tan extensos como The Necromancer o The Fountain of Lamneth no fue definitivo en la formación de su sonido, pero contenían unos cuantos buenos momentos y Bastille Day era un gran comienzo para el disco. Después de aquello, la discográfica pedía algo más comercial y algunos singles que pudieran ser radiables, presionando constantemente al trío. Sería la última vez que alguien se atreviera a decirles cómo tenían que hacer las cosas.

En un momento tan difícil como ese, apenas sin dinero y cuando todos pensaban que les quedaba poco para volver a casa y retomar sus viejos empleos familiares, decidieron no plegarse ante nadie y que si tenían que dejarlo, al menos sería haciendo lo que querían. Así, en 1976 editan 2112, su primer gran trabajo y absolutamente excepcional. En contra de lo que pudiera parecerle a cualquier responsable de un sello discográfico, fue precisamente abrir aquel disco con una canción de veinte minutos lo que les valió un gran éxito. Pero 2112 no era sólo ese tema. La cara B es la muestra perfecta del estado de gracia compositiva en que se encontraban, con temas como A Passage To Bangkok y sus incursiones en melodías orientales, el ambiente psicodélico de A Twilight Zone o el enorme final con Tears y Something For Nothing.

A pesar de que hoy en día, el álbum está considerado como una obra maestra, en su momento fue el blanco de muchos críticos y medios especializados, que la tildaron generalmente de aburrida y demasiado compleja. Incluso llegaron a escribir de ella que “el interés sin gracia (y limitado) de Rush por la literatura y el escaso sentido de melodía dan dieron como resultado un concierto ensordecedor, aburrido, deprimente y pasado de moda”, que “las canciones son un sinfín de notas al azar“ e, incluso, diciendo de la voz de Lee “que parece la de una rata atrapada en un escurridor”, entre otras muchas lindezas. Por curioso que parezca –aunque no lo es tanto- aquellos que se autoproclamaban la élite intelectual, es decir los críticos y los grandes medios, eran los que no entendían ni sabían apreciar la música de Rush, mientras su legión de incondicionales no dejaba de crecer y crecer.

A 2112 le siguió su primer directo, All The World’s A Stage, y al año siguiente A Farewell To Kings, que traía pequeños cambios con respecto a lo que ya había mostrado. Incorporaban una mayor variedad de instrumentos y el estudio contaba con diversas salas que aportaban mayor eco en algunos temas, como Madrigal, o incluso sonidos naturales, como en Xanadu. Hemispheres comienza en 1978 donde se quedó A Farewell To Kings y el primer tema, Cignus X-1 Book II, es la continuación del que cerraba aquel, Cignus X-1. Además de la exhibición y experimentación con distintos instrumentos que ya habían comenzado años atrás, en este álbum el trío despliega nuevas influencias y sonidos que abarcan diversos géneros musicales. Quizá debido a esa demostración de complejidad y el trabajo de composición y ejecución que les exigió hizo que su siguiente trabajo, Permanent Waves, propusiera esquemas más asequibles. Temas como The Spirit Of Radio o Entre Nous, a pesar de tener un componente claramente más amable, conseguían mantener ese sonido que habían construido en la década anterior y su trabajo con elementos como la síncopa les seguía haciendo claramente incomparables. La influencia de bandas de aquellos años, como The Police, Ultravox o Talking Heads se hace notar, pero los nuevos sonidos y el uso de los sintetizadores, más que mermar su personalidad, les confería nuevas características e hizo que el derroche creativo fuera aún mayor.

El camino que había comenzado sería aún más explotado en Moving Pictures, uno de los éxitos más grandes de los canadienses, gracias sobre todo a la canción Tom Sawyer, un clásico absolutamente atemporal. Además, a Neil Peart se le había pasado un poco la fiebre por la fantasía y la ciencia-ficción y había empezado a explorar nuevas áreas, más ligadas a temas sociales y personales, como en Limelight. Moving Pictures dejaba definido totalmente el estilo de la banda. Por más que en años posteriores buscaran y experimentaran con otros sonidos, la esencia de sus canciones ya estaba ahí. Llegados a este punto de la discografía de Rush ya es obligado sumergirse en sus muchas facetas, detalles y guiños, no sólo por las obras literarias y referencias culturales de toda índole, sino también por curiosidades como la que podemos encontrar en YYZ, que es el código de transmisión del aeropuerto internacional de Toronto y cuyo comienzo es precisamente esa clave en morse. El mismo año editaban un segundo directo, Exit… Stage Left, cuyo mayor interés radica en la inclusión del tema Broon’s Bane, que no aparece en ningún otro disco, y que pone de nuevo un punto seguido en su evolución musical.

 

Repasando la discografía de… Rush, parte II: 1982-2007 aquí.

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Rush – 1974 – 1981
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