Crónica Resurrection 2012. 2ª Parte: Viernes 3 de agosto

Por , el 09 - 08 - 2012

Milo Descendents

Tras la jornada del jueves, en el viernes del Resurrection las cosas se pusieron más serias. Y no es que la del jueves hubiera sido poca cosa, pero el segundo día por fin se vieron un buen puñado de conciertos de primerísima fila.

Como los toros, el concierto de Crisix comenzó a las 5 de la tarde. Estos catalanes le dan al revival thrash que se ha puesto de moda en las últimas temporadas, y aunque musicalmente no enseñan nada que no esté ya más que visto, reparten tralla con bien de rabia, y al final eso es lo que cuenta.

Resurrection 2012

El punk sin complicaciones de MXPX Allstars no me estaba interesando demasiado así que dediqué otro rato a perder el tiempo por el recinto del festival. Por ahí, además del pequeño escenario Arnette (del que hablaré más adelante) y la rampa de skate, uno encontraba las barras, con una oferta de comida variada para lo que se suele encontrar en un festival – incluso había raciones de pulpo a la gallega- y bebida a precios razonabes; los baños, tirando a escasos; el habitual mercadillo con puestos de discos y camisetas (protagonista de una de las comidillas del festival, las quejas de algunas distris por el alto precio que había que pagar por montar un stand); y tampoco era raro cruzarse por la campa con la gente de Jaggermeister organizando alguna tontería para dejarse ver y de paso invitar a chupitos de sangre de ciervo al que picara.
Me reenganché a los conciertos con el tiempo justo para escuchar el mítico “Madrid 83” de Proudz, otro de lo grupos perjudicados por el pobre sonido del escenario pequeño.
Hace unos años parecía que Unearth iban a llegar a ascender a las grandes ligas, pero pasa el tiempo y parece que nunca dejan de ser un grupo de mitad de la tabla. En directo se puede ver a qué se debe esto: suenan potentes y se les notan las tablas pero su metal es bastante convencional, sin sorpresas ni matices ni canciones que sobresalgan.
Hay que admitir que Suicide Silence consiguen que el público baile a su ritmo: durante su concierto la carpa se convirtió en un continuo circle pit que a veces se detenía para convertirse en un wall of death o en un pogo de los de toda la vida. Mientras tanto, sobre el escenario se veía una sucesión de poses sobre una banda sonora de tópicos deathcore propulsados por subgraves sampleados. A mí me parecieron unos tramposos, pero parece que esto es lo que le gusta a la chavalada…
Against Me! hicieron todo lo contrario. Aquí no hubo trampa ni cartón: dieron uno de los grandes conciertos del fin de semana solo con dos guitarras, bajo y batería, una ristra de grandísimas canciones -que repasaron desde el hardcore de sus inicios y el rock de sus últimos trabajos- y una energía descomunal. Sé que es un tanto burdo comparar a Laura Jane Grace con la protagonista de Hedwig & The Angry Inch –hace apenas unas semanas que el cantante Thomas Gabel anunció que había cambiado su sexo-, pero tanto su timbre de voz como habilidad para expresar sentimientos tan personales me recordaban al personaje de la película. Señoras y señores, esto es punk.
Con Municipal Waste la carpa volvió a ser una olla a presión, otro pit salvaje sobre el que volaron colchonetas, flotadores, balones de playa y cuerpos humanos. Los de la basura recuperan la parte más gamberra del crossover de finales de los ochenta y el concierto es todo lo que se puede esperar de eso: brutalidad sonora a base de temas hiperacelerados de apenas un minuto de duración. ¿Previsibles? Sí, pero fiestas así siempre son imprescindibles.
Después de esto lo ideal hubiera sido que Soziedad Alkoholika hubieran dedicado su concierto exclusivamente a tocar sus dos primeros albumes y su maqueta, la época en la que fueron decanos del thrash en castellano. Pero ellos prefirieron no complicarse la vida y dieron su directo de siempre: repaso a lo más destacado de sus últimos discos y en la recta final revisión de sus hits de los noventa. La fórmula es plana pero efectiva, con un sonido impecable, brilla cuando suenan los clásicos (aunque no entiendo por qué siguen tocando la espantosa “Peces mutantes”), y aunque no tenga mucha alma tampoco desmerece en el cartel del festival (vamos, que no lo hicieron peor que unos Unearth, por poner un ejemplo).

GlassJaw

Los Glassjaw de Daryl Palumbo no defraudaron en su retorno. Dieron un buen concierto, visceral y áspero, aunque la carpa estuvo mucho menos abarrotada que en los conciertos anteriores: parece que este no es un grupo demasiado popular entre las generaciones más jóvenes, además de que bastante gente aprovechó este rato para coger sitio para el concierto de los Suicidal.

Suicidal Tendencies

Si tomáramos la cantidad de viseras, camisas, sudaderas, tatuajes y demás parafernalia que exhibe la fauna festivalera como indicador del grupo más esperado, Suicidal Tendencies llevarían varias ediciones como líderes absolutos en la clasificación. Así que era de rigor que algún año terminaran por tocar aquí. Da igual que haga lustros desde que Robert Trujillo abandonó el grupo o desde que publicaron su último disco de estudio, o que el sonido del concierto fuera un poco gordo y que las partes funky quedaban aplastadas bajo la apisonadora hardcore. Con el repaso que Mike Muir y compañía hicieron a los grandes éxitos del grupo montaron una como la de Municipal Waste elevada a la décima potencia, con todo el público entregado desde que empezaron con la intro de “You Can’t Bring Me Down” hasta que terminaron “Pledge Your Alleigance” con la invasión del escenario por cientos de personas. En fin, ST cubrieron el expediente con matrícula de honor. Y a Descendents, históricos del hardcore californiano, les tocó la fea papeleta de cerrar después de esto. Habría sido excesivo pedirles que lo superaran, y se notaba que tras los años de parón no están en su mejor meomnto, pero la carga emocional que da el que nadie sepa si esta será la última oportunidad para ver a una banda que se prodiga tan poco, además de que siempre da gusto ver a Milo tocar ese repertorio, hicieron que nos retiráramos de la segunda jornada del festival con la sensación de haber visto otro bonito concierto.


Texto: Carlos Caneda
Fotos: archivo
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