The Sweet y Slade: ¿dos caras de la misma moneda?

Por , el 13 - 07 - 2012

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En polos opuestos en cuanto a partos de fundación se refiere y primeras andanzas profesionales, The Sweet y Slade terminarían descubriendo a lo largo de sus carreras que no eran tan diferentes como se podría pensar escuchando sus álbumes de debut. Los primeros eran una mutación ingeniada por dos ex Wainwright’s Gentleman, los artistas Brian Connolly (cantante) y Mick Tucker (baterista), que tras marear la perdiz con los sonidos de principios de los 60 se estrujan el cerebro por dar sentido a una apuesta llamada Sweetshop. Con los sellos Fontana y Parlophone se desfogaron a bases de sencillos dotados con ocurrentes títulos (‘The Lollipop Man‘) llamados a magnificar la decadencia bubblegum ñoña del pop británico más predecible.

Por su parte, Slade salían de las frías calles como evolución de puros rude boys jamaicanos a la inglesa, es decir, skinheads malencarados. Sin tener mucho que ver con todo lo que luego traería este movimiento al radicalizarse con miras políticas, sí es cierto que en sus días de adolescencia los componentes de Ambrose Slade eran unos buscalíos de mucho cuidado. Pero esta circunstancia resultaba más una idea promocional, materializada por el ex The Animals Chas Chandler para hacer que sus pupilos simpatizaran con las tribus urbanas del pueblo llano, que una cruda realidad de pico y pala. Aun así, y compaginando sus gustos barriales de clase obrera con ciertas aptitudes para la música, los miembros de la banda ya habían ejercitado su amor por la electricidad junto a diversos proyectos de la época como The Vendors. En estas tesituras se encontraban ambos combos cuando aterrizó 1970.

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Steve Priest, Mick Tucker y Brian Connolly, núcleo duro de Sweetshop, verán partir en el año del cambio a su guitarrista Frank Torpey. Ya como The Sweet prueban temporalmente con Mick Stewart, aunque estaba en las estrellas que Andy Scott sería el auténtico valedor del conjunto como guitarra heroico y bien cargado de purpurina. En honor a la verdad, y aunque esto adelantó resultados, no sería hasta el encuentro con Mike Chapman y Nicky Chinn que por fin se pondrían en ruta por la correcta digestión de su futuro. Los citados compositores ejercían igualmente de reputados productores y, si se daba el caso (que se dio con The Sweet), hasta se envalentonaban a cubrir la plaza del tan necesario representante o mánager. El tándem les pondría en bandeja un contrato con RCA, al igual que sus primeros sencillos de órdago con los que engatusar a la lista de éxitos más estrecha.

La carta de presentación con forma de disco de vinilo saldría a las tiendas en 1971 con un título que hacía referencia al nombre del grupo y a dos de sus sencillos más radiados de la época: ‘Funny Funny‘ y ‘Co-Co‘. Funny How Sweet Co-Co Can Be no maceraba el glam que en menos de un año se entendería como tal, aunque sí buscaba esos estribillos mezcla de rock y pop que serían santo y seña para pertenecer a la escena glitter. De hecho, el clip promocional para televisión grabado de su divertida tonadilla ‘Poppa Joe‘ muestra a la banda tocando en una playa con un adlátere complementando la fiesta aporreando su marimba; mientras los muchachos ponen posturitas y miran joviales a la cámara, un nativo realiza el baile de lo que en Estados Unidos se conoció como “limbo rock”, aunque añadiéndole ese plus de peligrosidad que es hacer tamaño exceso físico pasando por debajo de una barra en llamas.

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Chandler, que como cazatalentos no tenía precio, entendió de inmediato el devenir de las modas, por lo que pronto tenía a sus Slade en pleno cambio de chaqueta por el bien de sus bolsillos. Se acabó el pelo al uno, llega la temporada de melenas largas y los fulares (los mismos miembros del conjunto bromearían con su nuevo planteamiento estético en una de las portadas de sus discos en la que aparecen con una estética glam mirando unas instantáneas de su época como cabezas rapadas). Play It Loud se muestra cual paso de continuación al Beginnings del 69. El LP no movería las aguas de 1970, y no sería hasta el sencillo ‘Coz I Luv You‘ de un año después que se obraría el milagro. Jugando con las pronunciaciones y las ganas de poner el extra en la palabra extravagancia, Slade comienzan a escribir mal los títulos de sus nombres a propósito como marca de distinción. Así palabras como “love” o “goodbye”, por ejemplo, pasarían a estamparse en sus contraportadas como “luv” y “gudbuy”.

El 72 sería el pistoletazo de salida de Slade Alive! y Slayed?, dos caras de la misma moneda; el primer semblante era el de unos rudos rockeros que fantaseaban cantando el ‘Born To Be Wild‘ de Steppenwolf sobre las tablas de un escenario, mientras que Slayed? traía algunos de sus sencillos más burbujeantes tomados en estudio. The Sweet hallarían igual panacea, sólo que en 1973 y a base de unos irresistibles singles puestos en fila a lo largo de meses y meses. Dependieron los de Connolly del ingenio de Chinn y Chapman para componer pelotazos para la FM, mientras que Noddy Holder de Slade no se cortaba en echar leña al fuego definiendo a su banda: «Coincido con los que dicen que hacemos rock sin cerebro. Nuestra música no es para la cabeza; es para las tripas».

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Entrados en 1975, The Sweet caería en barrena para la crítica más sanguinolenta y esnob, aunque lanzamientos cual Give Us A Wink (1976) aún tenían la chispa de elementos imprescindibles como ‘Action‘ (corte que recuperaría el conjunto Def Leppard en los 90 para rendirle sincero homenaje en su CD Retro Active). Con el paso de la década este dulce sonoro se topó con su cada vez más esperada fragmentación, tras la que Brian y Andy tiraron cada uno por su lado para seguir sacando los cuartos al respetable con sus particulares versiones de la inicial banda madre. Tan es así que en 1998 Eagle Records pone en circulación dentro de su colección The Masters un disco compacto en el que se recopila lo mejor de Brian Connolly’s Sweet, que a la postre no son más que regrabaciones de sus clásicos de primera época con nuevos compañeros de fatigas.

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Slade, por el contrario, y aunque desaparecería del ojo público tras el 76, sí recuperó su corona en los 80 con sencillos como ‘We’ll Bring The House Down‘ o ‘Lock Up Your Daughters‘. Su ‘Radio Wall Of Sound‘ de 1991, canción que tocó el puesto 21 de los charts, fue su gran despedida de las listas con un arranque retro en recuerdo al poderío de la radio como transmisora de diversión y buen rollo fiestero. Un glam-hard rock para las ondas que emocionaba a todo aquel que había visto crecer al proyecto desde sus días de Ambrose Slade. Ambos grupos, a su manera y con restricciones en las formaciones tradicionales (en The Sweet sólo queda uno de los fundadores, mientras que dos de los componentes reconocibles de los días dorados de Slade se presentan en sus últimas actualizaciones en escena), siguen en el nuevo siglo recorriendo festivales revival y apareciendo en ediciones conmemorativas de aquellos maravillosos años.


Sweet/Slade
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