Úrsula – Hasta Que La Soledad Nos Separe (2010)

Por , el 08 - 11 - 2010

 


No debe ser fácil andar siempre un poco a contracorriente y no dejarse seducir por los cantos de los éxitos pasajeros, a los que son tan dados una buena parte de los músicos. No debe serlo porque la farándula del mundo musical y todo lo que lleva consigo suele ser muy atrayente. No andamos escasos de ejemplos a los que recurrir si queremos constatar la capacidad fagocitadora de la fama, la necesidad de epatar y sus repercusiones en la calidad compositiva de mucha bandas. Es por eso que Úrsula se hicieron hace tiempo con el respeto de gran parte de la industria y, con un trabajo como el que nos ocupa –Hasta Que La Soledad Nos Separe-, en el que de nuevo nos incitan a dejar las prisas a un lado; estos gaditanos han dado el gran salto de calidad que se les intuía con su anterior álbum.

 

Úrsula han conseguido moverse con elegancia entre neoclasicismo, el ambient, el minimalismo e, incluso, ciertas reminiscencias contemporáneas. Han fabricado un lenguaje sencillo, aunque no exento de refinamiento, cuyo único objeto es transportar al público a través de un sendero repleto de sensaciones en el que su participación va a ser imprescindible, estableciendo una diálogo sútil y certero entre el músico y el oyente. Al igual que uno de sus referentes, Górecki, Úrsula no caminan entre complicadas armonías y han conseguido absorber la esencia del neoclasicismo de Bártok. Se adivinan ecos a Terry Riley y Steve Reich, además de una lejana inspiración en Cage, y han asumido perfectamente la economía sonora de Webern al tiempo que se acercan a los inicios de Arvo Pärt.

 


El álbum abre con Capítulo Siete, un ejemplo de delicadeza en la formación de pasajes inquietantes, pero capaces de cambiar hacia sonidos más cálidos de una forma natural. Desde el inicio se aprecia un uso extremadamente preciso e imaginativo del tremolo y el delay, entre otros efectos, que son la base del sonido de la guitarra, que construye, sin apenas desarrollos, texturas claras y superpuestas. Es aquí donde más percibimos la influencia de bandas como The Sight Below, cuyo miembro principal -Rafael Anton Irisarri- ha masterizado el disco por cierto.

 

Humildad y Paciencia y Teoría del Sufrimiento comparten una misma esencia constructiva, cuya movilidad consiste en la repetición y modificación de notas fundamentales y acordes en su mayoría menores de forma que, sin apenas variar lo sustancial, van produciendo tensiones con cambios en la densidad, el tono o el volumen. A partir de la enorme Insomnio de Verano –uno de sus composiciones más logradas- David Cordero y Juan Luís Castro hacen un uso particularmente inteligente del drone. Si, usando una definición básica, el drone es el mantenimiento de una nota en torno a la cual se construye una canción; Úrsula articulan distintas partes de la composición en torno a una melodía, un ambiente o una nota, ampliando el espectro enormemente. Uno de los grandes aciertos es la inclusión de cuerdas, que acentúan el marcado sentido orgánico del conjunto.

 

Su cercanía con Philip Glass, Brian Eno y parte de los trabajos en solitario de Robert Fripp es especialmente apreciable en Reflexiones Permanentes, dueña de una melodía tremendamente evocadora y casi hipnótica. Un Final Decepcionante llega entonces demasiado pronto, casi sin percatarnos de la cercanía del desenlace. Porque, aunque ciertamente los terrenos en que se mueven pueden ser en un principio un reto a nuestra capacidad de atención, en pocas escuchas el álbum comienza a parecer demasiado corto y surge la imperiosa necesidad de volver a su comienzo. Hasta Que la Soledad Nos Separe parece estar concebido de forma que después del último corte sea necesario volver al primero, en una especie de bucle cuyas reglas impone el oyente.

 

En Úrsula no hay un uso de sonidos del entorno como elementos en la composición –como si en los soundscapes o paisajes sonoros- sino que es a través de instrumentos reales y la manipulación de sus sonidos como se describe la obra sonora, lo que los acerca más al descriptivismo instrumental y los lleva a lugares poco explorados actualmente, aunque sí herederos de las inquietudes de una parte de la vanguardia musical de mediados del siglo XX.

 


El álbum se ha lanzado tanto en cd como en vinilo y es en éste último formato donde adquiere todo su personalidad y coherencia, tal y como se explica perfectamente en la hoja promocional. Porque, deliberadamente o no, hay ciertas diferencias entre una cara A más desasosegante y una cara B más intimista, con el piano como inductor de emociones. Todo aquello que se vislumbraba en su anterior trabajo da ahora, casi dos años después, sus frutos. Si en Mejor Seguir al Silencio -premonitorio título- había momentos en que gran parte del disfrute que nos provocaba el álbum pasaba por las pinceladas de lo que se intuía podía ser la plasmación de su futura evolución, ahora los tenemos en plena explosión creativa. Ya no nos prometen nada, porque con Hasta que la Soledad nos Separe todo se hace realidad. El camino ya ha sido recorrido.

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