Alfa Mist pisó el suelo madrileño rodeado del denso humo tan característico de Londres. Su música, tan introspectiva y atmosférica, combina a la perfección con su personalidad relajada: abrió el concierto sin palabra alguna. Escondido entre un set de piano Rhodes, asomaba la cabeza sólo para dejar ver su gorra que decía Roulette, el nombre de su último album, y dedicar miradas de camaradería a sus compañeros. Trompeta y guitarra en su ala derecha; bajo y batería a su izquierda.
Entre el público, un séquito fiel a la estética low key de sudadera ancha, gorra firme y auriculares que resuenan a UK jazz, confirmaban que la marca de la casa musical de Mist sigue intacta. Tras haber compartido escenario con el legendario Herbie Hancock en Las Noches del Botánico (quien, por cierto, debe tener algún pacto secreto con Buda para no envejecer), Mist se permitió el lujo de echar un pulso a sus oyentes con una apertura vastamente experimental. Las lineas melódicas de trompeta, que jugaban con esas disonancias del jazz contemporáneo, se entrelazaban con las notas vibrantes del teclado y una batería que marcaba el beat que mantenían sus oyentes.
Con el vibrar de cabeza de Mist finalizando ese primer acto, que suponía una auténtica pesadilla para cualquier fotógrafo que intentara sacar una foto decente, el trompetista tomó el testigo para regalar unos minutos en solitario. Se notaba en su fraseo la huella del artista libanés Ibrahim Maalouf, especialmente en esas reminiscencias de mística árabe que evocan a los trabajos de álbumes como Diagnostic y que dejaban entrever al oyente más agudo que el solista tenía mundo e influencias, superando toda barrera geográfica.
La calma se rompió definitivamente cuando la banda decidió atacar Teki uno de sus temas más emblemáticos. Hasta ese momento el peso del concierto había recaído sobre el trío principal, mientras guitarrista y bajista mantenían una participación más bien discreta. Sin embargo, el guitarrista terminó por romper su silencio con un solo cargado de virtuosismo que, paradójicamente, dejó al público en un mar de dudas: la intensidad emocional de sus dedos corriendo por el mástil contrastaba radicalmente con la pasividad de su temperamento sobre el escenario. Parece que se tomó demasiado en serio el aire intimista que tanto caracteriza la música de Mist.
Ante la evidente ausencia participativa de la bajista durante gran parte del set, el propio Alfa decidió romper esa barrera presentándola formalmente e invitándola a arrancarse con un solo. Aunque la ejecución resultó correcta y el público celebró el momento con agrado, acompañando el vibrar de las cuerdas con el mecer de sus cuerpos, el pasaje dejó a medias. Se percibía cierta inseguridad propia de quien es nuevo en el formato o de quien aún no ha terminado de integrarse en el complejo lenguaje interno de la banda.
Siguieron con Errors, otro tema bien conocido donde el pulso sincopado del teclado sostiene la estructura mientras el resto de instrumentos fluyen libremente sobre la melodía principal. Bajo la mirada taciturna de Mist, el batería tomó el protagonismo absoluto con un solo en solitario que se ganó la ovación de la sala. Se gustaba y se recreaba, deformando los ritmos con una elasticidad técnica que recordaba al mismísimo Nate Smith. Tal fue su entrega que, en mitad de la exhibición, se golpeó un dedo, sin embargo, haciendo honor al lema ‘The show must go on’ y tras una mueca de dolor evidente, continuó tocando como si nada pasara.
A partir de ahí, la atmósfera tomó un aire con más groove, abandonando el tono introspectivo. Con el protagonismo compartido entre la batería y la guitarra, el sonido empezó a buscar similitudes con los fraseos experimentales de The RH Factor, a pesar de que el guitarrista nos volvió a regalar otro solo más cercano al rock que al jazz. Por unos instantes, parecía que el espíritu de David Gilmour hubiera tomado el escenario, aportando una épica distinta a la sobriedad habitual del grupo.
Cerró el concierto con Brian y finalizando con un bis de Keep on pedido por el público. Agradeciendo a sus seguidores de Madrid, Alfa Mist demostró que ya juega en casa en la capital gata. Un nuevo paso adelante en una carrera imparable, como cuando la eminente discográfica Blue Note apostó por el artista autodidacta con su participación en el album Blue Note Re: imagined junto con otros artistas de gran calibre como Jorja Smith, Nubya García o Ezra Collective.