HARD-ONS — Gruta 77, Madrid — 16/04/2009

Aumento de la frecuencia cardiaca, la respiración y la presión arterial. Incremento de la actividad, sensación de energía y confianza. Euforia, excitación, hostilidad y agresión. De haber sabido que los efectos de un bolo de los Hard-Ons resultan tan similares a los de la metanfetamina, es muy probable que el Ministerio de Sanidad hubiese intentado tomar cartas en el asunto e impedir una actuación como esta. Afortunadamente, nuestras autoridades sanitarias tienen cosas mejores que hacer (o no, vaya usted a saber) y estas tres bestias pardas australianas no tuvieron mayor problema para subirse al escenario del Gruta y descerrajarle al personal uno de esos conciertos que, a priori, uno no sabe muy bien por dónde va a tener que coger.
A tenor de lo expuesto en sus últimos lanzamientos discográficos y sus más recientes visitas, no resultaba demasiado descabellado vaticinar una auténtica lluvia de hachas, si bien la sangre no llegó finalmente a tan metálico río y la cosa se quedó en un par de algaradas death perpetradas a pleno pulmón por el bueno de Ray Ahn. A cambio, el trío se mantuvo durante el escaso tiempo que permaneció en escena subido a una voraz bola de ruido avasalladoramente hardcore, merced a unas formas ultraviolentas e hiperaceleradas que por momentos dificultaron sobremanera dilucidar si lo que estaban desgranando eran pelotazos de power pop en toda regla o auténticos sopapos punk de esos que cada día se ven y se oyen menos. No en vano, estamos hablando de una banda absolutamente imprevisible, capaz de arrimarle el hombro a Morbid Angel y a los Pixies no ya en el mismo disco, ¡sino en el mismo tema!, rebotando de un extremo a otro de una discografía hiperbólica e inabarcable (más de 65 referencias, ahí es nada) de la que esta vez tuvieron a bien rescatar pelotazos como «Sit Beside You», «I Do, I Do, I Do», «Rainning», la infalible «Where Did She Come From» o «Sunny», uno de esos temas que justifica por sí solo el precio del álbum que lo contiene y la entrada de cada bolo en el que la interpretan.
Por cierto: los efectos de la metanfetamina pueden llegar a durar unas doce horas. El concierto de los Hard-Ons apenas completó una, aunque es posible que las sacudidas cervicales remanentes y la búsqueda de las fugitivas vértebras perdidas te lleve las once restantes. O más.

Texto y fotos: Raúl Ranz

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