Herbie Hancock + Alfa Mist. Noches del Botánico, Madrid 24/07/2022

Este pasado domingo resonó jazz en Noches del Botánico. Pero no un jazz tradicional, purista, sino uno renovado. Primero con la joven banda Alfa Mist, otorgándonos un genuino juego entre sus integrantes. Tras el descanso, Herbie Hancock y sus compañeros, revistiendo sus antiguos éxitos setenteros con un sonido nuevo y único. Una joya para los amantes de este género con sintes.

Alfa Mist salió rompiendo con «Teki», primer tema de su último disco «Bring Backs» (2021). Un bajo potentísimo y el ritmo endiablado del batería empezaron a resonar en el pecho del público. Mist (pianista y líder), acompañó con su teclado Rhodes, otorgando melodías melancólicas y sosegadas con gran influencia del hip hop. Seguido a este, «Coasting» y «Mind the gap», del mismo álbum. Exquisitos sonidos rodearon todo el botánico, con una compenetración envidiable entre todos ellos. James Copus, trompetista londinense, recuerda en sus solos a virtuosos de la trompeta como son: Ibrahim Maalouf o Avishai Cohen. Jamie Leeming, excelentísimo guitarra, regalándonos unos armónicos capaces de emocionar hasta al mismísimo Frusciante. Kaya Thomas-Dike, acompañando desde la sombra, con unas líneas de bajo que hacía estremecer al corazón. Y una mención de honor al joven baterista Nathan Shingler, que, con tan solo 20 años, hizo enloquecer a todos los espectadores. Galardonado en 2019 con el premio «UK Young Drummer fo the Year», destacó por su ágil ataque, su lúcida creatividad polirrítmica, sus tresillos traperos y su fuerte carisma acompañada con gafas de sol. En resumen, un quinteto más que formidable.

Continuamos con «Keep on», uno de sus mayores éxitos, y, como era de esperar, el público lo celebró. Groove, los oyentes se mecían al ritmo de la batería. La armonía triste de la trompeta creaba un contraste con lo anterior. Terminamos con «Organic Rust» donde el teclista se atrevió con un breve rap. En conclusión, esta joven banda nos enseñó a convivir con el virtuosismo individual, creando un proyecto musical colectivo. Esto era jazz.

Herbie, ya casi madrileño, comenzó con su buen rollo habitual y un castellano más que aceptable. Y es que la jovialidad del estadounidense, de 82 años, hizo sospechar a los oyentes de un pacto con el demonio, o en su caso, con Buda. Sonó una apertura de veintitrés minutos- lo leíste bien, veintitrés minutos- tan entretenida que se convirtieron en cinco. El siguiente tema a sonar fue «Footprints», donde se homenajeó a su amigo Wayne Shorter, leyenda del saxofón que recientemente cumplirá 89 años. La calma del grupo y la trompeta al puro estilo de Miles Davis en su última etapa dejó entrever una solera característica de músicos de jazz con bagaje. Y es que a Herbie le escoltan nada más y nada menos que: Lionel Loueke a la guitarra, James Genus al bajo, Justin Tyson a la batería y Terence Blanchard a la trompeta. Este último responsable delarreglo a la última obra propuesta.

Y aquí empiezan los temas propios de Hancock. «Actual Proof». Vertiginoso, batería con un groove rápido, teclado y bajo al más estilo funk. Herbie acababa las frases con conclusiones excelentes. Enlazan con «Come running to me», probablemente lo más setentera de la noche. Un piano jubiloso, -como el mismo Herbie- un ritmo caribeño y unas voces inteligibles, bañadas en un autotune rudimentario, recordaban a los recientemente disueltos Daft Punk. Si no encuentras realmente disfrute en las creaciones experimentales de los 70s, esta última interpretación se pudo hacer relativamente pesada. Y concluimos con dos grandísimos temas de renombre. «Cantaloupe Island», mayor éxito del de Chicago y popularizado por el sample del grupo de hip hop Us3. El público lo vitoreó con una efusiva alegría.

Terminamos con «Chameleon», sonando un groove que es imposible no bailar. Llegamos al ocaso del concierto por todo lo alto. Los oyentes salieron entusiasmados del concierto, a pesar de que tuvo la duración de una película de Tolkien con el argumento de Nolan. Y, como diría Wynton Marsalis en su libro Jazz. Cómo la música puede cambiar tu vida: «En el jazz el tiempo es tu amigo. y cuando encuentras tu propio «swing», o el «swing» en cualquier actividad colectiva, el tiempo ciertamente vuela. Pero es un vuelo que deseas emprender. Y, cuando estás volando, te das cuenta de que el vuelo es el destino en sí». Esto es jazz y es lo que vivimos todos esa noche de domingo.


Texto: Rubén Martín
Fotos: Víctor Moreno, cortesía Noches del Botánico
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