A estas alturas, sería absurdo entrar a analizar la carrera y el característico estilo de uno de los mayores culpables —en el buen sentido claro- de la concepción de guitar-hero que tenemos hoy día. Joe Satriani lleva más 25 años haciendo prácticamente lo mismo, con alguna excepción electrónica, curiosamente el mismo año que a su amigo Steve Vai también le dio por experimentar con ritmos así. Sin embargo, no es originalidad en sus planteamientos ni nuevos sonidos lo que va a buscar cualquier interesado en este disco. Satriani ofrece magníficas melodías a las que acompaña de alardes técnicos que raramente se encuentran por encima de la propia composición. De hecho, ése ha sido siempre el valor añadido de este declarado fan de Hendrix: darle a la canción toda la importancia, por encima de virtuosismos exagerados y velocidades anodinas.
Después de un comienzo algo previsible con Premonition, nos encontramos con Pyrrhic Victoria, que recuerda a sus momentos más rockeros en la línea de Satch Boogie. No será la última vez que pensemos en anteriores álbumes, porque con Solitude nos vendrán a la mente aquellas piezas que acostumbraba a incluir en sus primeros trabajos, como Echo o Dreaming #11, abusando de la reverberación. Littleworld Lane, un medio tiempo con un tufillo a blues, precede a un par de temas que provocan impaciencia por llegar a Wormhole Wizards, que es de las más interesantes del álbum, con un imaginativo riff y unas líneas de bajo enormemente pegadizas. Wind In The Trees es la baladita de rigor, muy lejos de clásicos como Always With Me, Always With You o All Alone, pero efectiva en cualquier caso. Para el final se deja los momentos más épicos con God is Crying, donde Satriani se explaya como auténtico maestro del Wah Wah.
Así que, este álbum de estrafalario título (añadámoslo a la lista junto con Professor Satchafunkilus and the Musterion of Rock), es un paso más en su extensa carrera, pero aportando quizá algo más de inspiración con respecto a sus últimos trabajos, ciertamente soporíferos desde aquel estupendo Strange Beautiful Music de 2002. Por cierto, completando la marca Satriani tenemos aquí a Mike Fraser en la producción (cuyos últimos trabajos con AC/DC y Metallica han suscitado disparidad de opiniones), el veterano Jeff Campitelli a la batería, Mike Keneally en los teclados —un tipo que sólo por su experiencia con Zappa ya merece un respeto, aunque también ha trabajado con el locuelo Vai,- y el bajista Allen Whitman, de trayectoria menos reseñable que sus compañeros.
Texto: Juan Manuel Vilches
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