En cualquier grupo humano se encuentran diferentes tipos de roles que, de forma más o menos acusada, se repiten concienzudamente allá donde miremos. Ya sea en un grupo de amigos, en una clase de la facultad o en el trabajo hay ciertos estereotipos que permanecen, aunque no siempre asumimos el mismo rol. En función del entorno, las circunstancias, lo que otros esperan de nosotros e, incluso, lo que queremos transmitir somos capaces de asumir uno u otro rol.
Dentro del periodismo musical podría parecer a priori que no es tan fácil detectar y distinguir tales roles, puesto que habitualmente el trabajo es bastante solitario, si exceptuamos las crónicas o las entrevistas, y el espécimen en cuestión no actúa dentro de un grupo. Pero no. El periodista musical trabaja con un material popular, se relaciona con otros compañeros de profesión y, sobre todo, ejerce una labor que está —o debería al menos- sometida al escrutinio público constante, por lo que no es fácil escapar a alguno de los siguientes roles.
Los roles de los críticos de música
Por supuesto, estos roles a grandes rasgos se entremezclan a menudo dando lugar a híbridos como el emperador-agresivo, que se enzarza en continuas disputas con otros emperadores o el admirador-agresivo que puede acabar incluso siendo un acosador. Y prácticamente cualquiera corre el elevado riesgo de convertirse en mercenario, porque esta profesión no da para vivir a menos que seas un emperador, por lo que muchos que buscan con ahínco ganarse la vida con esto acabarán sin duda al servicio de la voz de otros. Una transición mucho más frecuente de lo que parece.
Los roles, ese conjunto de conductas y comportamientos que una persona exhibe de modo característico dentro de un grupo, los adquirimos, desarrollamos y modificamos durante toda nuestra vida. Funcionan como elemento cohesionador y catalizador de las relaciones en cualquier grupo y, desde luego, no es fácil encontrar muchos casos de personas que se atrincheren en uno u otro rol de forma muy marcada. Pero todos tendemos a inclinarnos — más o menos acusadamente- hacia alguno de ellos y un periodista musical no puede permitirse ejercer ciertos roles en su práctica profesional, porque le aleja en demasía de cualquiera de los puntos de todos los códigos deontológicos de la profesión y supone el principio de cualquier deformación profesional. Y esta identificación de roles, a modo de juego más o menos entretenido, quizá pueda ser un punto de partida para preguntarnos qué tipo de profesionales queremos ser…
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