Desde hace unos años asistimos periódicamente a las predicciones y personalísimos análisis de la actualidad por parte de agoreros y sombríos periodistas sobre el supuesto fin de la prensa en general y, por supuesto, también de la prensa especializada. Hablo de aquellos que se refieren a otros redactores como «plumillas» en un sentido claramente despectivo, de quienes ven que ya no forman del pequeño círculo de periodistas especializados, de quienes temen las voces que tienen más fuerza que la suya gracias a las redes sociales, de quienes lloran en sus columnas al ver desaparecer el modelo que les aupó a su poltrona y, sobre todo, de quienes tienen miedo.
Porque las resistencias y en algunos casos el lamentable derrotismo que nos muestran ciertos sectores de la prensa tienen un origen claro en emociones como la incertidumbre y, sobre todo, el miedo. Y a partir de ambas muchos llegan fácilmente a la pasividad y a la reacción agresiva ante esos cambios que no quieren aceptar. Una agresividad tímida a veces y más osada otras, pero siempre como vehículo mediante el cual defender sus propios intereses sin atender tanto a la música, el respeto a la veracidad o el análisis honesto.
Los avances tecnológicos, su abaratamiento y posterior posibilidad de acceso para un mayor número de personas nos han situado en un nuevo marco del que parece casi imposible escapar. Pero también y gracias a la brutal difusión de la información empezamos a darnos cuenta de que ciertos modelos no son sostenibles ni justos desde su propia concepción. Y así, la industria musical ha quedado obsoleta, y con ella gran parte de la prensa musical. Nadie sabe con certeza qué modelo va a salir de todo esto, aunque lo más lógico sería pensar que durante mucho tiempo navegaremos entre dos aguas y las estructuras tradicionales convivirán con más o menos acierto con los nuevos esquemas. Y esa incertidumbre es la que a muchos les hace ser temerosos y derrotistas, porque ya no se mueven un marco totalmente controlado.
Es la pérdida del monopolio de la palabra y la información lo que les duele, porque la prensa musical está más viva que nunca y simplemente ahora lo que tiene valor es el análisis y la opinión. Y es que ahí está la diferencia entre la información y el conocimiento, porque el conocimiento conlleva análisis, pensamiento crítico, debate y colaboración. Elementos de los cuales gran parte de la prensa especializada ha prescindido durante mucho tiempo sin importarle demasiado.
Muchos dejarán dentro de poco de llenarse los bolsillos por publicar únicamente notas de prensa o por hacerse eco de lo que cientos publicaron antes, porque cada vez más tendremos que aportar valor al lector y ahora tenemos la oportunidad ahora de cambiar y mejorar todas aquellas malas prácticas por un modelo más ético, más justo y más honesto. Esa es nuestra responsabilidad e ignorarla nos pone en el mismo bando de quienes luchan por mantener el antiguo régimen.
Ahora, algunos intentan y muchos más intentarán cambiar su estrategia, pero han estado demasiado tiempo en el carro de la distribución en serie de una información parcial y hasta interesada. No sabemos bajo qué forma se reinventará la prensa musical o cuáles serán los modelos de negocio, pero la batalla por los principios y la ética profesional ya está completamente perdida para ellos.
Texto: Juan Manuel Vilches
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