La vuelta una y otra vez al mismo juego de acordes, el mismo arpegio, una percusión casi chamánica y la voz etérea, en segundo plano. Un solo final sin prisa, que se acaba desvaneciendo como si pudiera seguir improvisando sobre las misma base eternamente y esa críptica letra, casi metafísica. No era fácil captar todo eso. No es fácil hacer una versión de Black Sabbath y sonar bien. Pantera lo consiguió y con uno de esos temas en los que el ambiente es más importante que la propia canción.
Texto: Juan Manuel Vilches
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