Senogul — Senogul III (Musea, 2011)

En The Yum Yum Tree de Ozric Tentacles, obra editada en 2009, quedaba un punto de análisis totalmente cristalino: los paisajes sonoros se convierten en pura evocación, totalmente bailables en su mayoría, sinuosos a la par que diestros en la velocidad. Moduladores del entendimiento tan crecidos como para hermanar el jazz con el breakbeat. Senogul fracturan este viaje espacial en ‘Gameland‘, una pieza que pasa de una apertura hermana de la desquiciada faz de Alamaailman Vasarat para untarse de esa electrónica a go-go de la que enorgullece al espíritu renovado de los ya citados Ozric Tentacles.

¿Dónde está lo mágico y genial del asunto? Pues que sólo estoy tratando un único corte, arreglo instrumental basado en una melodía balinesa que de manera sorpresiva se encuentra continuado por un capotazo lleno de sensibilidad adoptada de tierras andaluzas (‘Sopa Colorá‘ con Luis Cobo «Manglis», la auténtica conexión sevillana, Chema Fombona y Pedro Ontiveros) y que por creación antecesora halla un ‘Tales From Buanga‘ en la que el bajo de Pablo Canalís parece querer hablar cual solista desde unas notas que descubren ese acompañamiento ligero que resta tan evocador y de sueño querido como de opresiva presencia. ‘The Black Cat‘ —todo misterio y pasadizos para los amantes de distintas estancias musicales— ya descubrió su sentido en la obra que Colossus Project pergeñase cual tributo al autor norteamericano de terror, aunque en Senogul III exhibe su importancia capital de cuerpo intrincado y dispuesto a contar una historia sin textos posibles.

Aunque una de las mayores sorpresas que cautivará al degustador de las pitanzas experimentales es la versión que el quinteto realiza de ‘Paraná‘, una de las piedras preciosas de Hugo Fattoruso y Airto Moreira. Y digo que atrapará al oyente este reinvención pues nos muestra a unos Senogul con diafragma —el de Canalís— que, más allá de armonías vocales, expulsan palabras en portugués, la letra que se escuchase en la canción original. Aunque aquí tenemos a estos pillos implacables que, con los acentos que regala el Imán Califato Independiente Marcos Mantero desde los sintes, se sienten libres para ofrecer una pátina de novedad y frescura a un invento que ya era deliciosa caipiriña.

Senogul desde su modestia forman filas para lucir inconmensurables. Nunca tirando de fuegos de artificio o artimañas que podrían asemejarse en su resultado a meras boutades. Cumpliendo sus nueve años de vida oficial como banda, este proyecto astur se siente cada vez más internacional; y, ante todo, lejano de cualquier tipo de catalogación única. La música es lo que les conmueve y lo que, en resumidas cuentas, les lleva a hacer cosas como ‘Pijamas‘ o ‘La Serpiente De Jade‘. La necesidad de dar su turno a los instrumentos dejándoles flirtear o enamorarse con movimientos de todo pelaje, radicando ahí el auténtico embrujo.

sguillen

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