The Album Leaf — La Boite (Madrid) 26/02/2010 — Postales sonoras donde vibra la atmósfera

El quinteto californiano The Album Leaf venía a presentar su nuevo disco ‘A chorus of storytellers’ (Sub Pop, 2010) publicado hace apenas unas tres semanas. Los de San Diego, liderados Jimmy Lavalle, expusieron un pop, plagado de detalles sintéticos y atmósferas que incitan al recogimiento, al disfrute personal y solitario, y a la búsqueda interior. Y es que la dimensión instrumental pesa en The Album Leaf, donde son minoría las piezas cantadas. Todo ello conduce a dejarse llevar por las melodías, por los desarrollos. Algunas personas de las primeras filas cerraban los ojos, buscando ese regocijo.
Un inicio lleno de grandeza con «The Light». Más adelante sonó “Always for you”, sencillo y un himno de su anterior disco ‘Into the blue’ (2006), pero también piezas con peso vocal . Un disco con texturas inmensas, como lo demuestran piezas Tn inquietantes como «Red eye» (que encajaría en una banda sonora de David Lynch) o «Into the sea» con ese deje mágico y casi triunfal. En sus directos el violín matiza y aporta una pincelada clásica, orgánica, da materia a la recreación, los teclados tejer y entretejen, el bajo marca y la guitarra en algunas canciones aporta melodía brillante, junto con una batería que sabe dar el ritmo justo, combinándose a la perfección con las bases programadas.
De sus dos discos anteriores, ‘In a safe place’ (2004) y ‘One day I’ll be on time’ (2001), rescataron «Thule» con ritmo 2×3 curioso, en un espectro flotante, «On your way». Los californianos saben defender con entereza la riqueza de matices de sus grabaciones. Su fusión de pop con electrónica leve y teclados da mucho juego introspectivo, nos remite a esa revisión de emociones y a un dejarse llevar. Transitan entre el universo del sello Morr Music (Lali Puna, Múm o incluso retazos a Isan y Tarwater), la chispa de The Notwist y el costado de Hood o Sigur Rós.
Un directo con fuerza, intensidad y con el mimo por las texturas instrumentales. Unas visuales francamente logradas reforzaban el peso de la música: acompasaban el tempo, el ritmo y llenaban el ambiente de colores matices, sombras, formas, árboles, cielos, nubes y paisajes, ofreciendo un resultado que completaba la música. Una experiencia a considerar, porque en los días que corren no todo es emocionante, y no hay que escatimar la música que te deja fluir en la tranquilidad de tu ser.

Texto: Andrés Castaño / Fotos: Raúl Ranz

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