En su vertiente más erosiva, el sonido del disco está principalmente supeditado al desequilibrante potencial de la batería y a la ferocidad de las voces. Dos elementos que surgen predominantes pero que, sin la vital presencia de las guitarras, un tanto más versátiles, su aportación quedaría demasiado recurrente.
Es evidente que la fogosidad vocal y la descomunal pegada de la batería, dotan a la grabación de una robustez salvaje y avasalladora, sin embargo, las guitarras ejercen de catalizador fundamental para que los esquemas de Bloodline fluyan de una forma más atractiva.
Los riffs de recia resonancia y los injertos armoniosos que pueden observarse en canciones como, «Collateral Damage», «Vicodin» o «The Last Days», desequilibran positivamente la grabación, algo a lo que ayuda también la excelente producción conseguida.
Básicamente, las composiciones giran en torno a una dinámica de ritmos pletóricos, donde el frenetismo inunda la atmósfera y cuyo mayor ejemplo podría ser «Enemy», sin dejar de mencionar «Scars», pieza donde pueden apreciarse en toda su dimensión los distintos fundamentos de esta maquinaria aplastante llamada The Ransack.
Un álbum directo y visceral en el que el espacio para la filigrana guitarrera queda delimitado a momentos puntuales, prevaleciendo una resolutiva y electrizante intensidad de principio a fin.
CALIFICACION: 7,00/10
GRUPO: The Ransack
TITULO: Bloodline
DISCOGRAFICA: Raging Planet
AÑO: 2011
PAIS: Portugal
CRITICA REALIZADA POR LOCKY PEREZ
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