The Raveonettes — Sala Arena, Madrid — 04/11/2014

Los colores nunca han sido su fuerte. Aunque su última entrega discográfica, lanzada por sorpresa en pleno verano, luzca una vistosa portada verde, encierra letras tenues y melodías que caminan entre claroscuros. Los mismos contrastes que dominaron su reciente actuación en la capital.

En esta visita a la sala Arena hubo luces de colores, pero las protagonistas fueron las estroboscópicas, un efecto sencillo pero altamente efectivo que mantiene intactas la sencillez y la discreción que suele caracterizar a los directos de The Raveonettes. El dúo, esta vez acompañado de un batería, atacó sin mayor dilación con los cuatro temas que abren su séptimo disco, Pe’ahí, rompiendo a guitarrazos con «Endless Sleeper» hasta la bajada de revoluciones de «Wake me up«.

Pasados los primeros minutos de abrumadora intensidad sonora aparecerían tímidos colores y su lado más amable, armados con sus características melodías sesenteras por encima de las cuales sus dulces voces se movían con mayor facilidad, como «If I was young», una de las más desnudas, únicamente acompañada de la guitarra de Sune Rose Wagner. Sus cuerdas sonaban contundentes y sus punteos eran certeros al recuperar una rareza como «Black/White«, título con el que parecían querer insistir en ese blanco y negro reinante: las luces, Sune con camiseta blanca y gorra oscura y el rubio platino de Sharin Foo jugando con su vestido negro de pequeñas líneas blancas.

En este curioso periplo por su ya generosa discografía, el dúo no optó por el camino fácil (ni falta que les hacía) y rebuscó entre su cancionero aquellos temas que quizás estaban más en sintonía con su lanzamiento más reciente. Sin embargo no podía faltar un caramelo como «Love in a trashcan«, recibida con vítores donde una vez más los punteos de él no fallan, y retrocedieron al principio de los tiempos para entregar la hipnótica «Attack of the Ghost Riders«.

Aún sin haber registrado el aforo completo, en la sala se respiró buen ambiente, pero esto no cambió la habitual actitud del dúo: poco habladores y más bien parados, si bien Sune dejó la guitarra en un par de ocasiones para hacerse con el micro, mientras Sharin pasaba de guitarra a bajo sin pestañear. Ambos se liberaron de sus respectivos instrumentos para el primer adiós. Con «When Night Is Almost Done» sus cuerdas vocales fueron protagonistas sobre varias capas de sonido pregrabadas (que ya habían estado presentes a lo largo de la noche) regalando a los presentes uno de los momentos más especiales del concierto.

Para los bises volvió el ruido y la distorsión, rematados con las guitarras rugosas de «Aly walk with me» abriéndose paso entre la niebla y los focos de color rojo y desembocando en lo más parecido a una batalla para ver quién reventaba antes los niveles de decibelios. Entre silbidos y aplausos terminaron de ensordecer al honorable y, fieles a su estilo, se retiraron sin hacer apenas ruido, porque en sus directos su música ya lo hace por ellos.


Texto y foto: Beatriz H. Viloria

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