’77 – High Decibels (Kaiowas Records, 2011)

Por , el 20 - 12 - 2011

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Por lo general no suelo olvidar el momento en el que adquirí un disco o a la persona que me regaló un redondo musical. No sé si a todos los coleccionistas les pasará lo mismo, pero sí es mi caso. Todavía hoy, con estantes y estantes, torres y torres de CDs, casetes o vinilos, tengo muy presentes dichos recuerdos; instantes mágicos, pues me abrían cada vez una estancia en la que poder disfrutar minutos y minutos, días y días, toda mi vida. El caso de AC/DC es algo particular. El primer disco de la agrupación, en sus días con Bon Scott, que tuve entre mis manos fue una cinta de casete original del LP Dirty Deeds Done Dirt Cheap. En aquellos días mis bandas favoritas las prefería en dicho formato, para que, una vez quitado el precinto que atrapaba a cada nueva caja, pudiese disfrutar en mi walkman de incansables reproducciones.

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Cuando comenzó a rodar la escalofriante pieza titulada ‘Squealer’ de aquella joya de los australianos –aunque los hermanos Young y el propio Scott fuesen naturales de la madre Escocia–, pronto me cautivó el talento de Bon para pasar del susurro del amante a la rabia del buscavidas callejero. Y aunque con los años me he hecho con todo lo que pusiese en el mercado este quinteto, en mi corazón siempre estará la etapa en la que Ronald Belfort “Bon” Scott dirigía desde el micrófono auténticas bacanales de rock and roll. High Decibels de ’77 no engaña y pretende por todos los medios emular aquel maravilloso periodo de tiempo en la carrera profesional de AC/DC que va de 1974 a 1979. Desde ‘High Decibels’ a ‘Give Me A Dollar’ –que recuerda a la versión de los Young y compañía del clásico ‘Baby, Please Don’t Go’–, pasando por el medio tiempo de ‘Backdoor Man’ –¿acaso Scott no se ofrecía cual excitación furtiva en la letra de ‘Dirty Deeds Done Dirt Cheap’ al decir aquello de «for a fee I’m happy to be your backdoor man»?– o la rotunda ‘Melting In A Spoon’.

No vienen a descubrir nada nuevo estos ’77, ya que lo suyo es mantener vivo el legado setentas de Scott y sus compañeros de jaranas sónicas. Algo así como intentar continuar donde se quedó el vinilo Highway To Hell. Y el caso es que lo están consiguiendo con total dignidad.

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