Loquillo – “La nave de los locos” (Dro, 2012)

Por , el 24 - 10 - 2012

El eterno “hombre de negro” revalida su título de diplomado en la universidad del Rock and Roll patrio con otro LP después de “Su nombre era el de todas las mujeres” (DRO, 2011) y el directo titulado “En Madrid” (DRO, 2012). Eso sin contar el fallido proyecto conjunto con The Right Ons.

Pero bien, este nuevo disco que toma el nombre de la obra pictórica de El Bosco no va de cuero ni de cóckteles sofisticados que fluían en “Balmoral” (DRO, 2008), sino de extremas realidades sociales a las que Loquillo se acerca junto a la composición de Sabino Méndez, 23 años después. ¿Será duradera esta enésima colaboración? Si es para bien… adelante. Francamente, el Loco había logrado ganar credibilidad después del bache de los últimos años de los 90, cuando Trogloditas eran más una piedra en el zapato que una banda. Además, la escasez de ideas compositoras dañó la confianza de los seguidores. No obstante, Sabino y Gabriel Sopeña mantuvieron dignamente la leyenda de vez en cuando. Sin menospreciar el pequeño rincón de Luis Alberto de Cuenca en “Su nombre era el de todas las mujeres”.

El buque navega entre mar arbolada y a bordo van Jaime Stinus, Igor Paskual, Laurent Castagnet, Santi Comet, Josu García y Alfonso Alcalá, comandados por Loquillo. Locos soñadores haciendo un viaje iniciático que partió desde los estudios CATA de Madrid, botadura incluida.

La nave de los locos” es eso, una medalla más en el pecho. No se sabe si por el valor o por la veteranía, pero sí a la constancia. El peso en la banda de Jaime Stinus y de Igor Paskual ha sido crucial en todos los ámbitos, desde la reestructuración en la musicalización como en lo personal. Esto puede comprobarse a lo largo de todo el plástico, pues la fuerza de los coros y de las guitarras es el principal apoyo tanto en la apertura con ‘La nave de los locos (Sin novedad en el paraíso)’ como en ‘Muñecas rusas’, título que se quedó fuera de “Balmoral” bajo el nombre de ‘Barrios viejos’.

Y ya que se habla de cortes inéditos, habría que destacar dos características: el inusual positivismo de esta y otras canciones, y las composiciones que ya firmara Sabino en su único disco en solitario de 1996 con Los Montaña, “El día que murió Marcello Mastroianni”; ‘Planeta Rock’ y ‘La nave de los locos (Sin novedad en el paraíso)’, aunque en el trabajo de Sabino se titulara únicamente como ‘Sin novedad en el paraíso’.

Las letras, como no podía ser de otra manera, se recrean en la épica del Rock and Roll (‘El mundo necesita hombres objeto’, por ejemplo) y en las historias callejeras que ocupan la actualidad, palpable en la apertura del álbum a cargo de ‘La nave de los locos (Sin novedad en el paraíso)’: «Mar está en el paro / Rosa hace terapia / María compra en la herboristería / Jaime está en la cárcel, cuarta galería / Ramón tiene un bar / Su hermana va a votar».

Y por su lado, ‘Contento’, single de presentación dice así: «Y en la calle la lucha sigue siendo igual / tan cotidiana y tan sucia / pero llega a emocionar / huelo a pelea en el bar». Efectivamente, canciones de lucha a pie de calle con sentimiento combatiente sobre una guerra social que permanecerá enraizada en la población por los siglos de los siglos.

Por cierto, es menester hablar también del clip dirigido por Óscar Aibar, pues a esa manía Mod (en el sonido) se le añaden crónicas barriales disfrazadas –en blanco y negro- bajo telas de personajes ítaloamericanos de extrarradio neoyorquino. Bueno, en este caso se trata de España, exactamente y como reza en el vídeo “sur de Europa”. Donde antes había un traje, ahora hay tatuajes.

En medio de todo el asfalto y el polvo del maquillaje, ‘De vez en cuando y para siempre’ parte la dinámica autoproclamándose el adjetivo de “receso”, dedicado a Raymond Chandler, el escritor de novela negra que inspira esta sección divisoria del long-play.

Paseo solo’ hace el amor con los medios tiempos en una perversión sexual a la que se unen ‘Mi bella ayudante en mallas’ y ‘Luna sobre Montjuïc’. La primera porque recrea la sonoridad en la calma: «Clavarte en la penumbra de rodillas, de pie, en cualquier sitio / Caer como un corsario en tu garganta y robar tu olor». Y las siguientes por esa oda a la nostalgia, reinante, más concretamente, en el texto de ‘Luna sobre Montjuïc’: «Se vuelve una cabeza / y ese giro me recuerda / que no te volví a ver más». Sin duda, uno de los mejores temas, sacando el marcado lado “galán” de Loquillo que vuelve a repetirse en ‘Canción de despedida’ (como bonus track) y que comparte con Mikel Erentxun en tono más descarado que romántico sobre las féminas que compaginan noche y amaneceres: «Al darle pechos a las mujeres / qué gran idea tuvo el señor / y qué franqueza al colocarlos / justo delante del corazón».

Después de sacar varias conclusiones (tal vez algo corto, pero exacto para tiempos rápidos), “La nave de los locos” es la batalla necesaria de Loquillo entre la maleza de las canas de la edad que le depara el futuro que, siendo la fantasía de un cuentacuentos veterano (hablando de Sabino Méndez), descienden al infierno para narrar cosas que se escapan al intelecto. Como dice el propio autor: “Tanto Sabino como yo tuvimos bien claro que para trabajar juntos, tenía que pasar el agua bajo el puente, como dicen en ‘Casablanca’. Las cosas al fin y al cabo en esta vida terminan por ponerse en su sitio”.


Texto: Carlos H. Vázquez
Fotos: Manuel Esclusa
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