Crónica The Skatalites. Joy Eslava. 10/05/2010

Es bueno hacerse preguntas. Y lo es porque la necesidad de satisfacerlas ha movido al mundo desde la antigüedad. Hay que hacerse preguntas. Trascendentes o banales, aunque es difícil descifrar si una banalidad se va a convertir en algo trascendental. Que le cuestionen a Newton cuando empezó a pensar «¿Por qué la manzana cae al suelo en lugar de flotar?». Pero también nos podemos hacer otras preguntas, tales que ¿Quién tuvo la idea [el calificativo corre a cuenta suya] de mezclar el vino con el refresco de Cola? O ¿A qué huelen las nubes?

Al concierto de The Skatalites celebrado en la madrileña sala [antiguo teatro] Joy Eslava llegué con varios interrogantes, deduzco que banales, en mi cabeza. Pero, fundamentalmente, se resumían en dos: ¿Qué pueden ofrecer The Skatalites en 2010? y ¿Tiene sentido que sigan girando con este nombre cuando sólo se mantienen [con vida] Lester Sterling y Lloyd Knibb?

Y su inicio de actuación, me deparó otra cuestión: ¿Por qué no todos los grupos toman ejemplo de The Skatalites y empiezan el concierto a la hora fijada? ¿Es tan difícil? Increíble e inaudito, aunque igual se debe a la edad de los dos músicos anteriormente citados…

A las 21.00 horas estaban sobre el escenario y comenzaban a entonar los primeros compases de la introducción. Eso sí, más de uno entró al concierto cuando ya habían interpretado un par de canciones, entre ellas «Freedom Sounds» y «Occupation«, con las que arrancaron su actuación en Madrid.

La primera cuestión, y la segunda prácticamente también, fue resuelta en pocos minutos. No tenía nada más que girar a mi alrededor para ver a la gente disfrutando, bailando y sudando con la música de The Skatalites. Así que, sí, The Skatalites tienen muchas cosas que ofrecer en 2010. Entre ellas, diversión y sobre todo, un show de dos horas y cuarto, ejecutado por unos músicos que, evidentemente, no son Tommy McCook, Roland Alphonso, Don Drummond o Lloyd Brevett, pero que no les tienen nada que desmerecer.

Kevin Bacherlor -trompeta-, Azemebo Osikhena -saxo tenor- y Andrae Murchison -trombón- tienen muchos recursos que ofrecer. Sinceramente, dieron toda una exhibición interpretativa de jazz en clave jamaiquina. En la sala, la parroquia quedó satisfecha con su actuación y no paró de animarles en cada uno de los solos que ejecutaron.

De hecho, se les notó tan seguros que antes de los tres cuartos de hora de actuación ya habían interpretado «Guns of Navarone«, uno de los momentos álgidos de la velada gracias a los coros emanados desde el corazón de la sala y una de las grandes bazas en directo de The Skatalites.

Y, por supuesto, Lester Sterling y Lloyd Knibb también tienen cosas que ofrecer. Más el primero que el segundo, debido a su condición de saxofonista, aunque el señor Knibb no perdió el ritmo con sus baquetas. Y, puestos a ofrecer, también Doreen Shaffer, que compareció sobre las tablas de Joy Eslava a la hora de concierto, tiene cosas que ofrecer. Con ella, del jazz ala jamaiquina pasamos al rocksteady. Su cálida voz interpretó varias canciones, entre ellas «Sugar, Sugar, Sugar» o «Nice Time«. Su presencia supuso un buen rato, independientemente de si tu pasió es el rocksteady o no.

Tras la aparición, estelar, de Doreen Shaffer, llegó el momento que menos me gustó de la actuación de The Skatalites. Cuando empezaron a hacer versiones que, sinceramente, sobran, aunque viendo la reacción del público, uno se cuestiona su propia opinión. Pero entiendo poco que hagan «Simmer Down» de The Wailers, por mucho que ellos fuesen la banda que grabó la parte instrumental, y eso que adoro esta canción. Pero entiendo aún menos que encarasen «Rivers of Babylon» de The Melodians, con la que la sala casi se vino abajo, «Rudy, A Message To You» de Dandy Livingstone o «James Bond Theme«, a pesar de que es un fijo en su repertorio desde sus inicios.

Tras el tiempo de Shaffer y de las versiones, The Skatalites volvieron a retomar sus composiciones propias. Así llegaron a sonar auténticos ‘clasicazos’ del calibre de «Confucius«, «Ball of Fire«, «Latin Goes Ska«, «Ringo» o «Phoenix City«. La temperatura ambiental no bajó, todo lo contrario, y las dudas quedaron despejadas.

PD-Y por si se preguntan la respuesta de la segunda pregunta que me inquietaba a mi llegada a Joy Eslava, sí, Lester Sterling y Lloyd Knibb hacen muy bien en seguir girando bajo el nombre de The Skatalites ya que su espíritu y sus canciones se mantienen vivos en las notas de la banda que rodea y acompaña a estos dos mitos de la música jamaiquina.


Texto: Carlos A.S.

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