Delicada versión del clásico de Rudy Clark a cargo del genial George Harrison, quien, tristemente, nos dejara hace ya casi diez años. Fue acompañado por este simpático clip de estética inequívocamente ochentera. La escena del coqueteo de dos adolescentes en un salón de recreativos podría ser vista ahora como un valioso documento costumbrista. Para muchos, pertenece, sin duda, a la banda sonora de una época.
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