Son las siete de la tarde del tercer día del Mad Cool y el concierto de Halsey parece una extensión del día anterior, el de las divas. Pero la artista tras ese nombre, Ashley Nicolette Frangipane, intenta tomar distancia con muchas de sus compañeras del divato con una actitud desafiante y temazos de puro rock. Comenta que nunca ha llevado gafas de sol en el escenario, y ríe porque se siente «a fucking asshole», pero la verdad es que su escenografía no está preparada para un show a plena luz del día, con fuego (real) constante sobre el escenario y unas escaleras con final en arco para subirlas como diosa del olimpo.
Quizás fue el motivo por el que redobló sus esfuerzos, desgañitándose en cada grito y revolcándose por el suelo a la mínima ocasión. Está (mucho) más cerca de Iggy Pop que de Taylor Swift. Además cambia mucho respecto a los discos, en directo es otra cosa. Revitalizó algunos de sus éxitos como ‘Colors’ o ‘Without Me’, y ‘Closer’ -compuesta y grabada a medias con The Chainsmokers- le salió realmente bien. Aprovechó sus últimos minutos para recomendarnos otras bandas que actuarían durante el día y para darse un baño de masas bajando al público antes de retirarse a los camerinos.
Como en el día de la marmota, volvemos a caminar del escenario principal al secundario (escenario de reparto dirían en los Goya) para ver a una artista a la que teníamos muchas ganas. Holly Humberstone nos había cautivado en disco y queríamos vivir sus píldoras pop con su bonita voz en directo.
No se complican, la banda apuesta por lo sencillo, no suenan ultra producido ni llevan pregrabados. Hasta la pantalla trasera es sobria, con su nombre en letras como de Harry Potter formando una llave. Nos da la sensación de que en un bar para 50 personas el concierto sería exactamente igual. ‘Cruel World’, tema que también da nombre a su último disco editado en abril, es sencilla pero efectiva. La elegancia y dulzura de Holly es suficiente para llevarla a buen puerto. En ‘Die Happy’ la cantante de Nottingham parece una Alannis del presente, pero es con ‘Falling Asleep At The Wheel’ cuando todos caemos rendidos ante Humberstone recorriendo el escenario mientras el viento mueve su vestido.
Fue terminar esta canción y ya podíamos oir desde el escenario principal «Gouge away, you can gouge away». Nos movemos prestos para ver a Pixies soltar clasicazo tras clasicazo. Parece un karaoke donde todos nos sabemos todas las canciones. Todas las editadas el siglo pasado, claro, que fueron la inmensa mayoría del repertorio.
Con el mítico logo con la P con alas, felicitamos a la realización de las pantallas, que mostraron los instrumentos en primerísimos planos. Así podemos fijarnos en detalles como el micrófono etiquetado como ‘Charles’, nombre de pila de Black Francis, líder de la banda y responsable máximo de que sus primeros discos sean auténticos evangelios del rock alternativo.
¿Hace falta destacar temas? pues disfrutamos especialmente de ‘Isla de Encanta’, ‘Debaser’, ‘Here Comes Your Man’, ‘Vamos’ o ‘Wave of Mutilation’, pero no hay nada como compartir con muchos miles de personas los cánticos de wuuuuús en ‘Where Is My Mind?’. Me gustaría saber cómo deciden su setlist, porque siempre están prácticamente las mismas pero en cada concierto tienen un orden diferente.
Hoy hace menos calor (gracias, viento) y se nota en el ánimo y las sonrisas de la gente. Mientras unos cuantos se van a ver el España-Bélgica en una pantalla desplegada a tal efecto, paseamos por el recinto hasta encontrarnos con la noruega ‘Sigrid’, que por divismo podría haber tocado el día anterior, donde su hit ‘Strangers’ hubiera triunfado incluso más.
Con casi 15 minutos de retraso (los de Boston terminaron tarde) y con bastante público varado en el mundial de fútbol, Kings Of Leon abrieron con ‘Find Me’ de su disco WALLS. Aseados y hacendosos, su sonido es limpio y todo está bien colocado. «Esta es una de mis ciudades favoritas del mundo» afirmó Caleb Followill sin mencionar el nombre de la ciudad explícitamente. La audiencia no terminó de explotar hasta que llegaron sus éxitos (o hasta que terminó el partido de España, con victoria anunciada por las pantallas gigantes justo antes de una ‘Use Somebody’ celebrada como nunca).
Algunos todavía nos acordamos de ese primer álbum de los de Tennessee: Youth and Young Manhood, donde hacían rock sureño y consiguieron algún corte interesante como ‘Red Morning Light’. Sorpresivamente -y muy sabiamente- dieron un volantazo a su sonido y, al cuarto intento, 5 años después, sacaron el plástico que contenía ‘Sex On Fire’ y ‘Use Somebody’, dos hits que no pueden faltar en ninguna lista de temazos del primer cuarto de siglo. Desde entonces siguen sacando discos con canciones sólidas, pero intentan no salirse nunca del carril ni asustar de más a ningún posible futuro fan. Es curioso que lo más cambiante del combo son las portadas de sus álbumes, de estilo y gusto dispar.
¿Por qué comento todo esto? Porque supuestos adalides del rock de masas de hoy como Kings Of Leon o Twenty One Pilots (que actuarían dos horas más tarde) tienen un público masivo, pero que en su inmensa mayoría apenas conoce 5 o 6 temas de la banda. Como dijo el ínclito Jorge Arenillas en una de sus crónicas: «No se puede gustar a todo el mundo, demonios, eso no es el rock».
A lo largo del día se habían visto numerosas camisetas de Tool y de los diferentes grupos donde canta Maynard James Keenan. No era casualidad, las 23:05 era el momento de A Perfect Circle. La intro de ‘War Pigs’ nos pone a tono hasta que entra ‘The Package’ con sutileza, subiendo de intensidad con la elegancia que siempre ha caracterizado a esta banda hasta que atruena sin piedad en nuestros oídos. Una formación como esta siempre es un reto sónico y en Villaverde sonaron a la perfección. Las proyecciones encajaban con la música y te removían por dentro, con la única constante de las dos medias lunas que es el símbolo del grupo. Mientras tanto, las luces y el humo les situaban en una eterna penumbra que aumentó su halo misterioso.
Maynard confirma «Two to one. Spain», único aporte del hombre de la cresta más allá de regalarnos su prodigiosa voz que fluye etérea entre la sofisticada oscuridad de las composiciones del otro fundador de la banda, el guitarrista Billy Howerdel. En las partes tranquilas de ‘Disillusioned’ se cuela parte del sonido de la otra banda que está tocando, pero lo que sacan de sus instrumentos APC es tan profundo y enérgico que nos da igual.
Durante la catedralicia ‘The Doomed’ nos fijamos en el importante papel que tiene la batería en el intrincado y complejo sonido de la banda, que además gana majestuosidad con los teclados. Las letras enigmáticas de Maynard sobrevuelan cada textura que le proponen, y nos traspasan canciones como ‘Rose’ o ‘The Outsider’. ‘Starless’, editada hace menos de dos meses, suena al nivel de sus mejores composiciones, y la conclusión de 65 minutos de apoteósis metalera es el clásico ‘Judith’.
Aún nos quedaba otro acople, por lo que apostamos por ver un rato tanto a Twenty One Pilots como a Interpol. Los primeros apostaron por el espectáculo, con llamaradas de fuego y un final de vértigo sobre la torre de sonido. Entre medias presentaron muchos temas de su último disco Breach, donde han añadido atmósferas oscuras a su sonido, pero los mejores momentos llegaron con ‘Stressed Out’ o ‘Ride’, himnos del collage con buenos estribillos y momentos entre el hip-hop, el reggae y el rock alternativo.
Aunque con menor afluencia, los fans de Interpol son más fieles y acompañaron a Paul Banks, Daniel Kessler y compañía mientras repasaban toda su discografía, siempre con especial atención a su debut Turn on the Bright Lights, donde apostaron por la senda del post punk con pose sobria pero sonido grandioso. ¿Es ‘Rest My Chemistry’ el lado oscuro de ‘Where Is My Mind?’?
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