Desde el blues con slide guitar pantanosa y voz poderosa en ‘Dance on my Grave’ hasta ‘Broken Fingers’, que agarra el blues como hicieron AC/DC en el 75 y consiguen un rock que te llega a la médula, con una excelente sección rítmica arrastrando nuestras articulaciones.
‘One Last Night’ tiene estupendos teclados en contrapunto a la voz y un bonito final con saxo, ‘Teeny Weeny’ es un boogie contagioso del que estaría orgulloso Ian Stewart, mientras ‘None of your Business’ tiene una guitarra de empuje ferroviario tan del estilo de Francisco Simón Red House.
Buenos temas, acertados arreglos y ejecución con clase. Noa y los bebedores infernales tienen todo para aumentar su base de seguidores nacionales e internacionales.