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Opinión — Cuestión de estilo

No debe ser fácil ponerse delante del ordenador algunos días a escribir una página entera sobre un disco del que quizá ese día tan sólo tienes que decir que es una jodida mierda. No todos los críticos tienen la libertad de escribir sobre el disco que quieran y aún así también hay veces en las que no tienes muchas ganas de ir más allá: el disco me gusta y punto. Pero hay que ponerse que para eso nos pagan y entonces es cuando ciertos perfiles se acentúan y, sobre todo, salen a la luz textos de todo tipo.

Blanco o negro

Hay quienes se dedican por sistema a poner a parir todo lo que les pasa por delante, ya sea por algún tipo de trauma infantil o por esa extraña creencia en la superioridad intelectual de quien todo lo destroza. Y en el lado opuesto están el aficionado talibán a quien cada disco de su banda favorita siempre le parecerá una obra maestra, y el que sólo escribe -bien, por supuesto- de cualquier disco que le mandes.

Cualquier tiempo pasado fue mejor

Estas me encantan. Salen muchos, muchísimos discos cada mes. Más de los que cualquier cerebro sano es capaz de asimilar. Y todos tenemos en nuestra memoria nuestros propios clásicos, nuestra lista de discos que nos han marcado, que nos parecen absolutamente imprescindibles. Así que cuando escuchas el nuevo trabajo de un músico que conoces bien es fácil caer en eso de «no está mal, pero tal y tal eran muchísimo mejores«. Y todos hemos caído en esto.

Mientras escribo la reseña estoy pensando en mi poemario

Vale. Damos por hecho que todas las reseñas usan en mayor o menor medida todo tipo de figuras retóricas. De hecho tiene hasta lógica, puesto que estamos tratando con arte. Pero hay quienes se pasan y mucho, quizá por confundir una reseña con aspiraciones literarias o simplemente por echar mano del diccionario de sinónimos en exceso. No todo puede ser evocador, ¿no?

Mi vida es mucho más importante que este disco

Ay… estas son reseñas en las que bien podemos encontrar un puñado de trastornos de personalidad. Vamos a leer algo sobre un disco y resulta que nos encontramos con párrafos y párrafos —porque suelen explayarse- de una autobiografía del redactor que debe considerar que es más relevante para el lector la historia de cómo descubrió al grupo y lo que significó en su vida que el propio disco.

Acabo de llegar

Nos acaban de dar la oportunidad, seguramente no remunerada tal y como funciona este país, de escribir nuestras primeras reseñas en una publicación y, claro, no es plan de quedar mal. Imagina que digo que el disco es buenísimo y lo acaban destripando en todas las revistas grandes… o al contrario. Mejor soltar cuatro cosas neutras y no mojarse demasiado, no vaya a ser que se note que acabo de llegar.

Si es en inglés suena mejor

Esto pasa en muchos sitios. La cultura anglosajona está por todas partes y cada día surge una nueva palabra de moda en inglés. Y muchos piensan ¿por qué no usarlas todas? Pues señores, porque no somos ingleses, ni más ni menos, y nuestro idioma cuenta con más que sobradas herramientas para decir todo lo que queramos. Y no, no parece más moderno ni más inteligente.

Me gustan las etiquetas

Queda mucho mejor hablar de post-indie-industrial-neo-classical que de pop y punto. A ver, está claro que no nos queda otra que usar términos anglosajones para referirnos a muchos géneros (rock, jazz, blues, etc.) pero tampoco es necesario meter ocho etiquetas para hablar de un disco. Démosle un par de vueltas más al texto y busquemos mejores opciones.

Hablemos de todo menos del disco que nos ocupa

No es fácil a veces hablar de un disco. A lo mejor no se te ocurre nada interesante que decir, pero por favor que una reseña no se convierta en un diario personal, una crítica de otros discos o un listado de bandas que más o menos suenan parecidas. Hay reseñas incluso que acaban siendo artículos de opinión sobre la actualidad. Hemos venido a hablar de este disco, ¿no? Pues eso.

Con este panorama es normal que haya quienes no se fíen de los críticos o quienes no tengan muy claro para quién acabamos escribiendo. Pero no es tan fácil reducir a unas pocas categorías todo el periodismo musical, y menos con un repaso jocoso y caricaturizado… ¿o sí?


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