El día prometía. Solecito y buen humor general. Nada como empezar bailando afrobeat con buen tiempo, el nigeriano Lojay insistió en ‘I need your body’ en una de las múltiples propuestas africanas disponibles en Selandia. Esperemos que en el futuro pueda contar con banda, sólo cantante y DJ se quedó corto. Pasamos al Fauna con Sara Parkman. Estos tres suecos tocaron hace 4 años en la catedral de Roskilde, donde nos cuadra mejor su folk impregnado de sentimientos extremos, con gritos y mezclas sonoras oscuras. Posiblemente otro horario también les hubiera hecho bien.
Al estudiar los nombres nuevos que nos encontraríamos en el festival ya nos quedamos prendandos de Eee Gee. También tocó en 2023 cuando apenas tenía un disco en el mercado (y no nos llamó la atención). Pero ahora en 2026, con su tercer álbum eeelluminagee recién salido del horno, acudimos sin dudar al Lagune y presenciamos un concierto realmente bonito, de un pop que bebe de influencias de la época del vinilo pero que también aprovecha los sonidos más actuales, sobre todo sus temas nuevos.
Desde el primer momento crea una atmósfera única en el escenario, una mesa con velas y flores blancas, vaporosos vestuarios también blancos y una banda que ayuda a crear ese ambiente íntimo en una carpa para varios miles de personas. Pudimos oírla tres días antes en el backstage village, pero con su equipo al completo logra desarrollos instrumentales con enjundia, efectos de voz empleados de forma inteligente y detalles en los arreglos que nos remiten a los mejores compositores de la historia del pop.
‘Killing It’ tiene la elegancia del Bowie setentero en la voz dulce de la danesa, en ‘promise to pick up the phone’ usa un registro grave hipnótico y además hubo varios momentos en los que nos recordó a la PJ Harvey más cautivadora. También aplaudimos que llevase dos coristas y no pregrabados. Se nota. Como ella deseó, salimos de allí con paz e inspiración, en un concierto especial, realmente bonito. Esperemos que Eee Gee amplíe mercado al resto del mundo porque realmente lo vale. Y en un par de años esperamos verla -por lo menos- en el Arena.
Tras esta revelación decidimos dar un paseo por el recinto, nos tomamos una sidra en la zona oeste de voluntarios, jugamos al conecta 4 gigante y vemos como el personal se relaja en un último día que anhelaremos el resto del año. Nuestras piernas nos llevan al Orange para presenciar a los veteranos TV-2 dándose un baño de masas. Máximos representantes de la escena new wave danesa de los 80 con su líder y cantante Steffen Brandt al frente, tuvieron varios invitados, como Eee Gee en ‘Alt hvad hun ville var at danse’.
Los dioses nórdicos nos sonreían y parecía que ya nada podía ir mejor cuando Roskilde volvió a crear un momento mágico. Los Mirlos es una de las formaciones de cumbia más importantes del planeta. No hay colonia ni barriada en américa latina donde no se les venere. Su líder y cantante Jorge Rodríguez Grández fundó la banda en 1973 y la pasea por todo el mundo desde entonces.
En el escenario EOS se juntó el barrio latino y se puso a bailar, a festejar, a cantar. En definitiva, a muchos se les notó el código postal y las sonrisas y los abrazos se volvieron multitudinarios. Decía Calvin a su amigo Hobbes que la felicidad no era suficiente para él, que él exigía euforia. Y la euforia se desató en fotos recursivas, camisas de parrots, gin-mandarina, flores en el pelo, pasos prohibidos, banderas, collares de caramelo y alocadas carreras henchidas de júbilo.
Es difícil destacar temas, todos y cada uno se bailaron desde el primer al último segundo: ‘La danza del petrolero’, ‘Muchachita del Oriente’, ‘Un traguito de Ayahuasca’ o su celebérrima ‘Cumbia de los pajaritos’. Todas ellas crearon un ambiente irrepetible. La más cantada fue ‘Cariñito’, versión de los también andinos Hijos del Sol, una canción que, junto a ‘El Condor Pasa’ y ‘Demolición’ forman -posiblemente- la tríada de canciones peruanas más importantes de la historia. ¡Y cada una de un estilo diferente!.
Desde el Peñón de los Baños hasta Moyobamba o Azcapotzalco pasando por Colombia, Chile o Perú, el barrio latino representado y representando consiguió un concierto high-energy que no estaba previsto. Otro momento roskildiano más al baúl de los que no olvidaremos en nuestras vidas. Orange feeling. Only in Roskilde. Best day ever. La verdadera felicidad.
La vida sigue, y tras media hora de celebrar lo vivido vamos hacia el Orange. La unión de Pusha T y su hermano mayor No Malice es Clipse, y en un inesperado retorno el año pasado editaron el más que interesante Let God Sort Em Out. En directo el gran escenario está muy desaprovechado, prácticamente vacío con un podio en un lateral y la pareja detrás del mismo, casi escondiéndose en demasiadas ocasiones. Mal asunto.
Ofrecen cortes de sus primeros lanzamientos, como ‘Keys Open Doors’, pero el gentío recibe mejor las nuevas como ‘Ace Trumpets’ o ‘So Far Ahead’, con esas sabrosas mixturas con bases soul del pequeño de los Thornton (Pusha T), aunque la actitud y el delivery de los virginianos es irregular, como si tuvieran problemas técnicos inadvertidos. Algunos cortes se quedan desnudos musicalmente, como una ‘So Be It’ con imágenes del juicio de OJ Simpson, pero en la que echamos a faltar muchas bases que hacían apetecible al tema. Un escenario tan grande jugó en su contra. «This is culturally inappropiate».
¡Qué importante es para los sonidos extremos sonar bien! y esto en Roskilde se cumple prácticamente siempre. En una abarrotada carpa Lagune los franceses Igorrr llevan a las tablas su particular revoltijo de sonidos: black metal, voces operísticas, interludios medievales… combinaciones extravagantes pero mezcladas y ejecutadas a la perfección en ‘Daemoni’ o ‘ADHD’ mientras Greta hace headbang.
Reparten el repertorio entre sus tres últimos álbumes, y disfrutamos del metal extremo con sonoridades inéditas de ‘Headbutt’, de temas más ortodoxos como ‘Infestis’, del drum&bass metalero para mentes abiertas de la sincera ‘Very Noise’ y hasta del rollo árabe de ‘Camel Dancefloor’ donde el baterista replica beats electrónicos. Colosal.
Apenas salimos de la carpa y se cuela el sonido de ‘Radio’ de Frost Children, el cruce de haces sónicos no nos abandonaría nunca, única excepción del Gloria, donde el colectivo madrileño 1111 hacían bailar a los presentes con píldoras como ‘la línea de la vida’ a un volumen brutal.
Imaginen acento cockney del oeste de Londres: «Soap opera on the telly». El bolo de Lily Allen fue exactamente eso, una interpretación directa de su último álbum West End Girl donde detalla el derrumbe de su matrimonio desde su dormitorio mientras ella se pone cómoda. Secretos de alcoba con boudoir. Que no llevara nada (de nada) de banda no nos lo esperábamos, y su show estuvo más cerca de una obra teatral de la escena Off-West End que de uno musical. Curioso.
Panda Bear & Sonic Boom acaban de sacar un disco que no está en ninguna plataforma de streaming y su música nos remite al maravilloso pop de los sesentas. Pero en directo son extremadamente decepcionantes. No consideramos que pinchar temas y cantar por encima sea luchar contra ningún algoritmo.
Nos movemos al último bolo del escenario principal. Zara Larsson se las sabe todas, pone de intro ‘Natteravn’, un tema que conocen todos los daneses, comienza directamente con ‘Midnight Sun’ y sus primeras palabras son «You’re the best crowd in the world». La sueca canta en directo, y si tenemos que especificarlo es porque empieza a ser una rareza en el divismo musical.
Sus tres o cuatro éxitos son incontestables, pero un show completo de hora y cuarto no se sostiene porque tiene muchas canciones muy flojas. Intenta variar con alguna incursión reggaetonera, versiones de Pink Pantheress o Clean Bandit y mucha interacción con un jovencísimo público que ha decidido que ‘Lush Life’ sea la canción del verano de sus vidas. ¿Hará carrera Larsson o se quedará como one-hit-wonder? el tiempo lo dirá.
Los últimos momentos dentro del recinto los vivimos con el rock alternativo intenso de Sorry o la caña de Lord Snow dando zapatilla a los últimos estertores del Gloria en este 2026. Tocaba volver al camping y prepararse para la vuelta a casa.
Un año más asistimos a algo más que un festival de música. A un escaparate gigante a favor de los derechos humanos. Un evento multitudinario en el que uno no se siente un borrego y con una calidad sonora inasible para la mayoría de los festivales del terruño. Un festival que, como lo imaginaba un graffiti, es una bolsa de caramelos que nunca se acaban y nunca quieres que se acaben. Un «elige tu propia aventura» con más de 160.000 finales diferentes.
En los últimos años el negocio de los festivales ha cambiado, la inmensa mayoría son propiedad de grupos con intereses espurios y existe un monopolio de facto que hace que bandas muy grandes no puedan hacer festivales. Ni aunque quieran. Mucho menos si un festival no entra por el aro en muchos aspectos como Roskilde, que incluso en horas bajas sigue siendo una experiencia a años luz de la que ofrecen otros competidores. Un festival con alma cuyo reclamo es el propio nombre del festival, toque quién toque.
2026 fue el año de dar la bienvenida a dos nuevos escenarios (reciclados de otros), el Fauna y el Lagune, a un Orange State aumentado y remozado, pero también la pérdida del escenario electrónico, el Apollo, una pena por la experiencia sonora que suponía, pero también la confirmación de que ya «todo» es electrónica. Este año también se completó la transición de un festival netamente internacional a una gran presencia de bandas importantes sólo en Dinamarca. Los mentideros apuestan a que, una vez ya se ha comprado el nuevo canopy del Orange, el presupuesto para bandas aumentará. Ya se verá en el futuro.
Estamos ya embarcados en el avión de vuelta a casa y hacemos repaso mental. Otro tremendo año más a la saca (ten times): sillas abandonadas, baños con sauna, pokémons como montañas, ginsquash ahora con mandarina, burning love, Greta haciendo headbanging con Igorrr, papá Byrne, encuentros de Erasmus en Dinamarca de 3 décadas diferentes (1996, 2007 y 2026), conciertos high energy por nuestra culpa, Pop Diva Albarn (Uncle Acid & The Deadbeats cover) acallando conciertos, spaghetti con queso aunque no haya hambre, corrupción a la danesa, sándwich de Flæskesteg con semillas, 4 en raya, inundaciones de tienda IA-powered, bichos bola, nuevos hacks de la zona norte, tarta de fresa, collares comestibles, 25% más de Orange Stage, haz la foto y tú ahora sales en la siguiente de forma recursiva, entrar y ser expulsado del pit en menos de 15 segundos, la cajera del Rema 1000 ¡¿Seven?!, heladito al lado del Warpigs, Los Mirlos concierto del año para La Heavy, el ‘all for 60’ ahora es ‘all for 70’, WYWH Manu, desatrancos jæn, tito Robert sal a bailar que lo haces fenomenal, el patriarca en la segunda fila y el resto en la primera por el final, vinos gratis y peligrosos para la dicción… y seguro que me dejo algo. ¡¡¡Viva la cumbia amazónica psicodélica!!!
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