Sonorama – Aranda de Duero (Burgos) – 12 al 15/08/2015 (2ª parte)

Por , el 20 - 09 - 2015

El plan diurno del Sonorama ha ido ganando adeptos. El bullicio de las calles y plazas del pueblo del viernes por la mañana dieron fe de ello, sacando a la luz una nueva forma de vivir el festival: solo de día.
Hay sonoritos que deciden no comprar el abono para disfrutar al máximo de la programación gratuita que ofrece durante el día, y mucho joven arandino que se apunta a la fiesta que se ha montado bajo su balcón. Más raro es ver a gente que solamente acude al recinto de noche (aunque de todo hay en la viña del Señor) pues precisamente la actividad diurna es uno de los sellos de identidad de este evento.

Si intentabas vivir el festival durante las 24 horas, lo más habitual es que este no se reanudara hasta el día siguiente a la hora de comer, con los sevillanos Full viviendo por 2ª vez ese ambiente especial que se materializa cada año en la Plaza del Trigo, ese dulce pasaporte al escenario principal sellado por los cientos (este año, unos cuantos más) de voces que tarareaban sus letras. Y para la ocasión contaron con Sean Frutos de Second para interpretar juntos “Adiós“. Les siguió la “sorpresa”, lo que ya dejó caer La Habitación Roja la noche anterior: Jorge Martí y los suyos probaron el ya codiciado escenario entre las bandas consolidadas, y, como viene siendo habitual, a golpe de versiones. Y qué versiones. Los valencianos mostraron su exquisito gusto musical reinterpretando “Boys Don’t Cry” de The Cure, “Man on the Moon” de REM y demás clásicos de The Smiths, Joy Division o David Bowie que sonaron gloriosos, si bien “Don’t look back in anger” de Oasis y “Song 2” de Blur se perfilaron como los momentos más épicos.

Los Planetas, uno de los platos fuertes de 2014, se presentaban este año repartidos entre los distintos proyectos salidos de su particular Sistema Solar. La noche del jueves con Los Evangelistas, y al día siguiente en forma de Grupo de Expertos Solynieve, su salto hacia un sonido sureño y flamenco que no deja de ser planetario, azotando a los presentes al poco de abrir el recinto. Los aires sureños de Valladolid llegarían a continuación con Arizona Baby, un verdadero clásico del Sonorama, capitaneados por El Meister Javier Vielba, menso dicharachero de los habitual para sacarle más provecho al minutaje festivalero, que siempre se hace corto. Presentando Secret Fires, Vielba rugía al ritmo de las baquetas de Guillermo Aragón y de los dedos del Señor Marrón, que bailaban a toda prisa por las cuerdas de su guitarra, y con la misma destreza, demostraron al honorable cómo se cambia una cuerda rota en cuestión de segundos.

Con esa piña que siempre es la banda que acompaña a Jero Romero, el toledano arrancó su set según terminaron Arizona, para aprovechar al máximo u segudna visita en solitario al Sonorama, con su segundo asalto La Grieta como protagonista. De ahí salieron “Los columpios” o “Narciso“, que nada tuvieron que envidiar al efecto creado por “Nadie te ha tocado” o “Cabeza de león“, un buen rollo reinante entre el elevado aforo, el mismo que se respira siempre sobre todo escenario que pisan.

En una velada quizás menos polifacética que la anterior, el rock sureño, pero llevado a los desiertos de Arizona y a la frontera mexicana, volvía a la carga al caer la noche con Calexico, autores del mejor concierto del festival, sin duda alguna, aunque, entre el público, algunos jóvenes se rascaban la cabeza y se quejaban de que una banda así se programara a esas horas. Con Depedro engordando las ya apretadas filas del grupo de Tucson (poco antes, Depedro invitó a su cantante, Joey Burns, a su acústico del espacio Meeting Arts/Leaozinho), ofrecieron un recital exquisito, guiado por la elegante voz de Burns. En una exhibición de trompetas, batería y guitarras, entre otros instrumentos, fabricaron en directo “Falling from the sky“, una de sus últimas y mágicas novedades, además de “Bullets & Rocks” y la sabrosona “Cumbia de donde“, que animó al baile. Burns se empleó a fondo para enganchar a la multitud, y lo consiguieron poco a poco, también introduciendo letras de Manu Chao entre sus canciones. Quien firma espera que más de uno acabara valorando el sello de calidad que suponía este actuación para la historia del festival.

Aires indie rock soplaron el viernes, desde Filadelfia, de la mano de Clap Your Hands Say Yeah, que celebraban la década de vida de su álbum homónimo. Se disfrutó de lo lindo su particular himno, “The skin of my yellow country teeth“, aunque lo lanzaron demasiado pronto, y hubo viajes del pasado al presente y viceversa, pero seguramente no acabaron de calar del todo, porque un viento más fuerte estaba a punto de soplar desde Baeza, porque a los norteamericanos les seguían Supersubmarina con su trabajo más reciente, Viento de Cara, bajo el brazo. Con el recinto hasta arriba de seguidores de José Chino y compañía, el grupo volvía a frontar el escenario grande en un festival que los ha visto crecer y donde siempre les tratan como en casa, tal como aseguraban unas horas antes en la rueda de prensa. Con su nuevo espectáculo, nuevo atrezzo y un espectacular juego de luces, los jienenses sacaron a pasear nuevos temas en un repertorio al que no le faltó detalle, como recuperar “LN Granada” y “El Encuentro“, darle un lavado de cara a “Ana” y toda la emoción de la banda sonora de sus comienzos. El recinto acabó arrodillándose ante ellos.

Acelerado aún el personal por el espectáculo que acababa de terminar, y con nuevos retrasos en la programación, llenos de energía aparecieron La M.O.D.A. (La Maravillosa Orquesta del Alcohol). Con la ventaja (que no necesitaban pero siempre motiva más) de que tocaban en casa, la entrega fue total por parte de la banda y los presentes, que disfrutaron cada entrega de La Primavera del Invierno, su último trabajo, así como los temas que les han llevado a congregar a grandes multitudes como la que bailaba y saltaba sin parar en este Sonorama.

Bien entrada la madrugada siguió la fiesta con los británicos The Royal Concept y los bailes asegurados de 2manydjs, otro plato fuerte en Aranda, pero tocaba reservar energías para la última jornada.


Texto: Beatriz H. Viloria Fotos: Héctor Hugo Vila Rodríguez

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