Opinión – El futuro de la música en soporte físico

Por , el 01 - 10 - 2014

Si echo un vistazo a mis estanterías veo varios cientos de cd’s y unas cuantas decenas de discos en vinilo. También me quedan unas cuantas cintas de cassette después de haberme desecho de la mayoría de ellas hace algunos años –no sin cierta desazón- durante una mudanza. Much@s estaréis en la misma situación e incluso hay quienes cuentan sus discos por miles. Y recordad que estamos hablando sólo de formatos físicos.

Sin embargo, la situación es que llevamos más de diez años con las ventas de discos en caída año tras año sin que nada parezca evitarlo. Mientras tanto, las tiendas de música digital y los servicios en streaming han crecido, aunque no tanto como pretenden hacernos creer, y la industria sigue devanándose los sesos para encontrar el próximo formato que vuelva a llenar sus arcas como antaño.

El caso de Japón

Desde que los formatos digitales y los servicios de música en streaming hicieron su aparición se produjo una apabullante bajada en las ventas de discos en Europa y Estados Unidos. La industria no tardó en mirar a su alrededor para ver qué estaba pasando en otros lugares y se dieron cuenta que en Japón el descenso no estaba siendo tan grande. Recientemente, en el New York Times se decía que las ventas de cd’s allí aún eran del 85%, mientras que en países como Suecia representan sólo el 20% de las ventas totales de música.

Pero hay algunos factores que explican esos datos y la mayor parte difícilmente puede ser exportados: una gran parte de los ciudadanos japoneses son mayores de 60 años, personas mucho más proclives a seguir usando –y comprando- los formatos que conocen y menos interesados en las nuevas tecnologías. Las grandes plataformas de música en streaming no parecen haber llegado a un acuerdo con la industria musical japonesa, lo que ha provocado que su implantación allí esté siendo mucho más lenta. En Japón funciona bastante bien el servicio de alquiler de cd´s, por lo que no es difícil de imaginar que los aficionados prefieren alquilar un disco y copiarlo que comprarlo en formato digital, y tienen además una de las leyes más duras sobre piratería, que contempla importante sanciones. Y si echamos un vistazo a las ventas de música digital, según el IFPI Digital Music Report 2014, no parece que Japón sea una excepción. Más bien parece que allí el proceso de transición hacia los formatos digitales está siendo más lento, pero nada más.

El problema

La industria de la música no parece darse cuenta de muchas cosas. Quienes aún se empeñan en vendernos cd’s quieren hacerlo a precios altísimos, de los cuales ya sabemos que los músicos se llevan porcentajes mínimos. Si la tarea es convencer al aficionado de que pague 15€ por un cd, de los que el músico no va a percibir más de dos, se enfrentan a un duro trabajo. Pero los servicios de música en streaming tampoco lo tienen fácil, porque deben conseguir que paguemos una cantidad fija mensual por escuchar unas canciones en una calidad que deja bastante que desear y que no tendremos en nuestros discos duros, reproductores de mp3 o cualquier otro soporte. Ambas opciones no parecen demasiado buenas para el aficionado, pero tampoco para el músico.

Pero es que además, mientras el foco se pone a menudo en el soporte resulta que el gran cambio ha venido de la mano de los reproductores. Si la mayoría de los aficionados escucha música en sus teléfonos, reproductores de mp3 y ordenadores ¿para qué les sirve un cd? ¿No sería más lógico ofrecer un cd que incluya el disco también en algún formato digital de buena calidad? Es más ni siquiera haría falta el cd, tan sólo un pen drive con el disco en una caja en condiciones, de un tamaño decente y por supuesto con libreto. No es una idea nueva ni mucho menos. Ya se está haciendo con las películas, incluyendo una copia digital.

Quizá en pocos años la industria acabe por darse cuenta que siguen -y seguirán- existiendo dos tipos de aficionados: el melómano, que aunque sea usuario digital seguirá comprando discos en formatos físicos siempre y cuando se les ofrezca un producto por el que merezca la pena pagar, y el aficionado ocasional. A este último cada vez les será más difícil endilgarle el último disco de la estrella pop del momento a precios desorbitados y es ahí donde la venta de nuevos formatos a medio camino entre lo físico y lo digital pueden tener un amplio campo de crecimiento. Entretanto, seguro que seguiremos asistiendo a las últimas pataletas en forma de presiones a gobiernos, cánones, multas y demás de la casta de la industria musical.


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