Plaza de la Virgen Blanca
Una de las cosas que hacen que el Azkena sea el Azkena son las matinales en la Plaza de La Virgen Blanca, en el centro de Vitoria-Gasteiz, donde se presentan de forma gratuita formaciones musicales para todos los públicos. Este viernes, y bajo un sol de justicia, tocaron los canadienses Bywater Call. Acaban de editar el EP No One Else y su estilo bebe de diferentes fuentes del soul, R&B y blues, aderezado con notas de southern y gospel. Como todas las músicas que son de verdad, en directo mejoran, sobre todo por la presencia de su frontwoman Meghan Parnell, una Sandy Denny contemporánea. Aunque son de Toronto, su nombre hace referencia a un barrio de Nueva Orleans que es uno de los principales focos de cultura del planeta.
Viernes en el recinto
Tras los zuritos y pintxos de rigor con la parroquia de Azkenitos y Azkenitas (The Hives cover) nos encaminamos hacia el recinto y el diluvio arrecia sobre nuestras cabezas. Muy rico para sortear por un rato los dolorosos 35º de temperatura que asolaban la capital alavesa. Queríamos comenzar el día en el recinto con otros canadienses, pero el escenario La Salve, donde iban a tocar The Damn Truth se mojó demasiado y los de Montreal empezaron con una hora de retraso. Menos mal que no dimos su concierto por perdido, su rock setentero con estética y actitud glam nos puso las pilas para el resto del día. Destacamos potentes canciones como ‘This is Who we are Now’ o ‘Tomorrow’.
A la espera de ese concierto nos dimos un paseo, donde vimos a The Del Fuegos en el escenario Respect (escenario 2 para los amigos). Todos con chaqueta y con camisa, y el cantante con el pelo turquesa para despistar, ejecutaron su rock americano con sentimiento heartland, pero fueron un par de versiones las que más cabezas movieron. ‘If You Don’t Know Me by Now’ de la banda de Philly Harold Melvin & The Blue Notes pero popularizada por Simply Red y ‘Evil Ways’, de Willie Bobo pero conocida gracias a Santana. Una pena de la lluvia, este concierto ameritaba sentarse en la hierba con un tinto de verano.
Abriendo el Trashville, Cave-girl & Neandergals se mostraron divertidas y cañeras. Durante ‘Real Wild Child’ la guitarrista correteó por el lateral de la carpa y pudimos disfrutar del vozarrón de la contrabajista en ‘Hound Dog’.
«Enemigos, enemigos… los dolores de muelas». Los Enemigos hollaron el escenario God (escenario 1 para los amigos) con la confianza de tener uno de los mejores repertorios de la música en castellano. Recambios de Counting Crows, que se cayeron hace unas semanas, pudimos cantar letras tan resonantes como ‘John Wayne’, ‘Brindis’ o ‘Me sobra carnaval’. La voz inconfundible de Josele nos llega al alma acompañada de sus acordes con garra, Fino «Slim» Oyonarte cantó ‘No se lo cuentes’, David Krahe secundó con estilo y Chema (que se ha puesto pelo, ¡parece otro!) nos parece mejor baterista que nunca.
Hay canciones que no caducan nunca, como ‘Complejo’, un irónico retrato de la sociedad de clases donde siempre incluyen la primera y última coreografía en la historia de la banda. Tras dejar claro que lo hacen «Todo por ellas, por las canciones chulas», se despiden con el canto a la amistad de ‘Paracaídas’. Una máquina infalible en directo.
Hällas se presentaban como uno de los mayores hypes del festival, y las opiniones tras su recital eran dispares. Desde concierto del año a Gretas Van Fleets de Hacendado. Nosotros nos quedamos en medio, nos pareció que son una mezcla curiosa. Que parecen venidos de una realidad paralela donde los templarios son synthwavers y montan bandas con heavies melenudos. El tema que da título a la banda es muy Rush de la primera época, y el heavy ochentero de ascendencia más conanbarbariana se palpa en el ambiente. Ante un público entregadísimo (hasta gritos se oyeron durante ‘Star Rider’), los suecos con capas levantaron sus puños al aire y le dieron épica from outer space a cada cabalgada guitarrera.
Volvemos a la carpa para vivir la experiencia Stompin’ Riffraffs, un japonés y tres japonesas que practican rock de primera hornada, del que está basado en ideas simples más que en complejidades innecesarias, y le añaden una capa garagera con sus antifaces, teclados y, claro está, theremin. Ya lo dijimos, el instrumento que es cuasi obligatorio en el Trashville.
Este año nos ha parecido que ha habido menos country que en otras ediciones, pero el que hubo fue disfrutón, como la fiesta que montaron Old Crow Medicine Show, con tremendos escupitajos sobre las tablas y guiños humorísticos por doquier. Desde Nashville llegaron cargados de temas propios y versiones transformadas a su estilo de banjo y violín, como una coreada ‘It’s so Easy’ de Buddy Holly and the Crickets.
¿Qué decíamos ayer? el debate en los corrillos del festival era cuándo un cantante hablaba demasiado, llevando hasta ahora Pelle Almqvist de The Hives el maillot amarillo. Pues Keith Morris de Circle Jerks le estuvo disputando el liderato en esta clasificación brasística. Conocemos los problemas de la seguridad social en los USA, pero varios minutos de charla sobre este tema fueron demasiados, aunque fuera para presentar ‘When the shit hits the fan’. Más tarde tocó discurrir sobre cristianos y biblias. Morris es una leyenda del hardcore, pero para hardcore, la turra que dio aunque él seguro que ‘Don’t Care’. Le disculpa que tiene 71 años e igual necesita descansar entre tema y tema. Menos mal que cada vez que sonaba la música estaban dando lecciones históricos del estilo como Joey Castillo o Greg Hetson, generando unos pogos monumentales.
Pero para leyenda ya estaba asomando por el escenario principal the one and only Bob Mould. Hüsker Dü, Sugar, en solitario… el rock alternativo no sería lo mismo sin él y, en esta ocasión, venía bajo del nombre de Sugar, una reunión improbable ¡31 años después! que nadie se esperaba y que dieron un bolazo tremebundo. Ojo a la tríada inicial: ‘The Act We Act’, ‘A Good Idea’ y ‘Changes’. Los tres primeros temas del imprescindibilísimo Copper Blue de 1992, siempre en todas las listas de los mejores discos de los 90. Un disco que nos recomendó hace un par de décadas Nano Lengua Armada, al que aprovechamos a darle las gracias desde aquí.
No todo iba a ser perfecto, la vocecilla del bajista David Barbe va bien para unos coros, pero cuando tiene que ser la voz principal en temas como ‘Company Book’ se te cae el alma a los pies. Instrumentalmente todo sonaba impecable, con Malcolm Travis a los parches completando el trío. Nosotros de mayores queremos ser como el señor Mould, que cumplirá 66 años en octubre y el tío saltó, gritó y disfrutó cada acorde o coro como cualquier fan de primera fila. No sólamente estaba a tope de energía, también hacían tema tras tema, yendo al grano. Turra free. Siendo ejemplo también sobre un escenario. No sabemos lo que durará este encuentro, pero incluso tres décadas después de su último concierto han puesto en valor la calidad que tenían en una escena donde triunfaron demasiados músicos que no sabían ni afinar una guitarra.
Tiempo para otra banda de opiniones dispersas, Henge fueron el bolo del festival para algunos y unos frikis que nos hicieron pasar calor en la carpa para el resto. Todos coincidimos en que son una marcianada. En esta banda formada por los alienígenas Zpor, Goo, Grok y Nom sólo faltaban Jiménez del Oso, alguien que haya pernoctado en el Palacio de Linares y cualquier vecino random de Bélmez.
Alice Cooper
«Bueno bueno bueno bueno bueno (well, well, well, well, well)». Atención, cabeza de cartel de toda la edición del festival a punto de salir. Alice Cooper es uno de los grandes del rock de los 70, siendo el primero que le metió (con mucho éxito, sorry Mr Zappa and others) teatralidad al rock.
Muchos de los clichés del rock SON ÉL: el maquillaje (Gene Simmons, quita, anda), la chistera (aparta Slash), los trucos de prestidigitador (Gene, qué te he dicho), el aprovecharse de sus polémicas para vender mito (Kiko Rivera, hola), su rollito misterioso, su rollito psycho, su rollito circus (Gene, por favor, compórtate). Porque hubo un tiempo en que la gente se creía que se decapitaba en cada concierto, ¿en qué lugar pone esto a los que «sólo» merendaban murciélago?.
Llegaron los 80, sus discípulos empezaron a componer como él, pintarse como él, a hacer gestitos como él. Apenas quitaron unos acordes y le añadieron laca como para ser culpables del 10% del calentamiento global actual. ¿Qué hizo el anteriormente llamado Vincent Damon Furnier? pues demostrar que él también podía triunfar en la era de las power ballads, las tachuelas, el exceso y la decadencia.
Casi todas esas formaciones terminaron con más procesos de rehab que hits, y mientras cincuentones y sesentones de esa época empeñan sus gibson y sus pianos blancos para polvos del mismo color, el amigo Cooper siguió sacando discos y los sigue editando a día de hoy. Algunos mejores, algunos peores, pero siempre tiene algo que ofrecer. ¡¡Si hasta fue el que hizo de Rey Herodes en una histórica versión de Jesucristo Superstar de hace unos años!!.
¿Cómo es un concierto de Alice Cooper en 2026? Pues no lo puedes enfocar como un concierto normal, no hay espacio para ningún tipo de improvisación, cada movimiento de cada miembro del equipo está coreografiado al milímetro y nadie se sale del guión marcado bajo ninguna circunstancia. Porque no es un concierto, es UN MUSICAL, y hay que entenderlo y disfrutarlo como tal. Si hasta la escenografía son libros gigantes, como si los músicos fueran mini criaturas en una biblioteca fantástica.
Evidentemente la música es la protagonista, sus hits ochenteros ‘Poison’ o ‘House of Fire’ son coreados como merecen, en ‘Feed my Frankenstein’ sale el propio monstruo a escena, durante ‘Dirty Diamonds’ reparte collares entre la concurrencia, cambia de vestuario casi cada canción y aprovechan sus entradas y salidas del escenario para hacerlo de la manera más espectacular posible.
Todos gritamos ‘I’m Eighteen’ aunque estemos más cerca del triple de esa edad que del doble. ‘Muscle of Love’ es imposible imaginarla sin la oscuridad de Black Sabbath o las transiciones guitarreras de Jimmy Page. ¿Hay algúna canción mejor que ‘Billion Dolar Babies’?. ‘Ballad of Dwight Fry’ es un retrato de la locura que actúa en directo, y el plato fuerte llega con (spoiler alert) la muñeca que cobra vida, mata, y es ajusticiado por ello al estilo francés. La actriz/bailarina es la señora de Cooper, Sheryl. Hace poco celebraron sus bodas de oro y salieron hasta en la versión norteamericana del Hola!.
El final tuvo varios momentos de euforia. En ‘School’s Out’ insertan con éxito ‘Another Brick in the Wall’ de Pink Floyd, hacen una genial versión de ‘Smells Like Teen Spirit’ («esta para Kurt») y el remate de la incombustible ‘Under My Wheels’. Alice Cooper con 78 años sigue siendo de los mejores espectáculos del planeta.
«Hola muy buenas». El vecino más popular de Agurain (a 25km de Vitoria) salió al escenario. Jugaba en casa, donde hace tiempo que no tocaba, y aprovechó para saludar a un montón de personas desde las tablas. Además de vecino es cantante y compositor, y en latinoamérica (aunque a él no le gusta que se lo digan) es una especie de semidios. Evaristo Páramos lideró durante varias décadas a La Polla Records, además de grabar y girar bajo los nombres de The Kagas, The Meas, Gatillazo o Tropa Do Carallo.
Ahora es simplemente Evaristo y recoge para sus directos canciones de todas sus épocas. Sean de 1981 o de hace un par de años, sus temas son afilados, reivindicativos desde la ironía más sangrante, sin pelos en la lengua y enfocando muchos temas de una manera indirecta, socarrona y genial.
Parece que el amigo Evas también tiene algo que decir de los turras: «Pero si estoy en un festival, olvidé decir que todos somos grandes artistas. ¡¡Sois los mejores!! ¡¡os quiero!!» soltó, supurando sarcasmo por cada poro. Él nunca ha sido de estos, sus temas se suceden sin un milisegundo de pausa entre ellos, ¡¡esto es el punk!!.
La mafia, la violencia, el turbocapitalismo, los abusadores, los políticos, las sectas… todos estos temas son tratados con minuciosidad por el gallego afincado en Álava. ‘Salve’, ‘Lucky Man for You’, ‘La Solución Final’, ‘Come Mierda’, ‘Txus’, ‘Ellos dicen mierda’. Himnos contra los poderosos, los violadores, los estafadores y la conformidad social. Sus canciones más recientes son igualmente demoledoras e irreverentes: ‘…O Esclavos’, ‘Come Libertad’, ‘Mucha Muerte’, ‘Esclavos del siglo XXI’. Evaristo se puede recomendar como filósofo e incluso recetar como ansiolítico. «A menudo llueve».
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