Crónica de A Summer Story 2019

Por , el 03 - 07 - 2019

Ir al festival electrónico A Summer Story puede asemejarse un poco a ir a la guerra. Tras conducir 40 kilómetros desde la capital, no queda otra que armarse de paciencia en el atasco que se forma en la entrada de la Ciudad del Rock, a la que habría que ir cambiándole el nombre, por cierto. Una vez en el parking, que parece una escena de Mad Max, comienzas a nadar en una nube de polvo que no te abandona en toda la noche. Tras dejarte llevar por la marabunta que recorre pedregal donde se levanta el festival, estás dentro. Entonces ves la esencia del festival. Un oasis en mitad de la nada donde la espectacularidad arrebata todo el protagonismo a la odisea precedente. Cuando estás frente a sus impresionantes escenarios, rodeado por gente que salta enloquecida, envuelto en un mar de luces y la mejor música posible para ilustrar la palabra fiesta, vuelves a recordar porque vuelves año tras año. A Summer Story dice que ahí es donde empieza el verano y no podríamos estar más de acuerdo.

Viernes 21 de junio

El quinto aniversario no podría tener un titular mejor: 50.000 personas bailaron cada día en el festival de Arganda del Rey. No era para menos. Este año el cartel era espectacular. Desde primera hora podías ver a nombres de la talla de Gareth Emery, Nic Fanciulli o Dj Neil. El primero fue el encargado de aportar tanto EDM como trance, un estilo que, como de costumbre, fue bastante relegado al olvido. Lo mismo pinchó a Martin Garrix que a Armin Van Buuren e incluso Prodigy, en justo homenaje. Fanciulli hizo una sesión un tanto insípida, aunque algo mejor de lo que nos tiene acostumbrados. Neil, histórico residente de Scorpia y MúsicaSí, tuvo un bonito gesto al invitar a Sansixto a hacer un b2b con él al haber tenido que pinchar a primera hora prácticamente con el viento como único espectador.

En el escenario dedicado a los directos, tras Delaporte y Beret, se subieron al escenario los dos hermanos Ayax & Prok, absoluta revelación del panorama hip hop español. Hay que admitir que de actitud van sobrados. Suenan crudos, agresivos y llenos de emoción. El aperitivo perfecto para encaminarse a un escenario principal completamente abarrotado para recibir el esperado regreso de Carl Cox. Desgraciadamente, el emblemático dj inglés no nos dio lo que esperábamos. Ni siquiera una décima parte. Aquellos tiempos en los que nos hacía bailar toda la noche en el Deep quedan muy lejanos. Tampoco evocó la frescura inimitable que ha desplegado en la última década y media en Ibiza. Fue, básicamente, una sesión palillera de tech-house desprovista de todo matiz. Fue una sesión digna de un amateur desprovisto de toda sensibilidad. Una selección de temas que podríamos calificar de pésima. La única duda que nos queda es si es la excepción o la norma desde que se especulara sobre su retiro hace dos años. En fin, nos quedaremos con el gran y remoto recuerdo que tenemos de él.

Suerte que una sesión vibrante de Ángel Sánchez en el escenario pequeño nos permitió sacudirnos rápidamente la decepción. El que estaba cosechando más éxito a esas horas era sin duda Don Diablo, el rey del llamado future house. El holandés sí que dio todo lo que se esperaba de él: una colección de hits vocales, disparados uno tras otro como si se tratara de una playlist de un gimnasio cool. Aunque se centró en sus dos últimas referencias publicadas el año pasado, ‘Reconstructions’ y ‘Future’, especialmente esta última, no se olvidó de ninguno de los remixes que le han hecho tan popular, como por ejemplo “Good Grief” de Bastille, ni tampoco de alguno de los últimos que ha lanzado, como “Sixteen” de Ellie Goulding.

Lo mejor de la noche estaba a punto de ocurrir. Third Party trajeron por primera vez su `LIIIVE’ a España y si algo demostraron es que son uno de los nombres más interesantes del progressive house de la actualidad. Cogieron todo su repertorio y lo tocaron, mezclaron y cantaron en directo. Desde el principio con “Together” hasta el final “Live Forever”, pasando por rompepistas como “Midnight”, “Come With Me” o la soberbia y emotiva “Higher”. Un directo impresionante.

Tan disfrutable que fue imposible irse antes al principal para ver al irreductible Richie Hawtin, así que solo llegamos al cierre. Un cierre tan rebosante de contundencia como lo estaba la pista, rendida por completo a uno de los dj’s de techno más reconocidos de este siglo. Claro que el encargado de coger el relevo no se queda atrás. Paco Osuna es uno de los dj’s de mayor renombre en la industria, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. No era cabeza de cartel de forma gratuita. Su dilatada experiencia ha hecho que tenga una insignia musical propia que descargó sin piedad sobre un público tan rendido como lo había estado con los dj’s internacionales que le habían precedido. Bravo, señor Osuna. Con las fuerzas ya por los suelos, tras unos cuantos beats de Adam Beyer, decidimos emprender la retirada. El sábado prometía ser aún más intenso.

Sábado 22 de junio

El protagonista absoluto de la segunda jornada del A Summer Story, aunque solo fuera por el tamaño en el que estaba su logo, fue sin duda Dj Nano y su gesta “De sol a sol” de Oro Viejo. Doce horas, de apertura a cierre, pinchando toda su maleta de remember. Su mayor logro fue el no bajar el ritmo en ningún momento. Es lo bueno que tiene la temática del bakalao, dentro de la que cabe desde el progressive, al techno, al trance, a la makina, al house, al eurodance y derivados, que nunca se te acaban las ideas. Hay demasiadas buenas canciones de una época gloriosa para la música de baile.

Acostumbrados como estamos a asistir a su cita anual, celebrada en los últimos años en IFEMA en el mes de diciembre, ya sabes lo que va a pinchar, pero en esta ocasión había que multiplicarlo por cuatro. Fuimos y vinimos varias veces a lo largo de toda la noche (es lo bueno que tenía, si te rallabas por un momento en cualquiera de los otros escenarios siempre podías pasarte por el de Nano para bailar temas que te sabes de memoria) y por lo que presenciamos podemos decir, con poco margen de error, que lo pinchó todo. Más que poner algunas canciones como ejemplo, lo mejor es citar discotecas. Hubo sonido Attica, Radical, Arena, Over Drive, Plastic, In, Soma, Van Vas, Voltereta… En fin, un repaso impresionante a la historia del bakalao en Madrid, aunque también hubo revival aún más antiguo, e incluso más moderno. El momento más recordable es cuando Nano subió a un hueco situado a varios metros del suelo, en mitad del muro de leds, donde desempolvó sus vinilos más emblemáticos y ofreció parte del set luchando contra el viento. En fin, un revivaleo para el recuerdo.

Atravesando el llamado túnel del tiempo, donde también había dj’s (lo más flipante del festival es que te encuentras dj’s donde menos te lo esperas, porque hay escenarios que incluso no figuran en los horarios oficiales), se llegaba fácilmente a la zona central desde la cual se accedía al escenario principal. Allí estaba la programación más destacada del día, de la mano de algunos de los dj’s más relevantes del panorama EDM actual. Y también, los reyes indiscutibles del trance: Above & Beyond. Antes de disfrutar de su magia vimos como Lost Frequencies ofrecía una sesión muy digna, desde luego mucho más que la de los cabezones que le sucederían a lo largo de la noche, como Nicky Romero o Dimitri Vegas & Like Mike.

Vayamos a lo importante: Above & Beyond. El prestigioso trío británico regresaba a A Summer Story cinco años después para volver a demostrar por qué su prestigio no deja de crecer. Más allá de sus temas llenos de sensibilidad e inspiradas melodías, como “Long Way From Home”, “Only Road” o “Thing Called Love”, es la atmósfera que consiguen crear lo que hace de sus actuaciones una experiencia especial. Sobre la pantalla proyectan todo tipo de mensajes de autoayuda que parecen sacados de algún Powerpoint, pero más allá de eso, la puesta en escena fue impresionante.

Mientras tanto, en el escenario techno, Paul Ritch hizo un magnífico live, cuyo listón Blawan supo mantener antes de ceder el turno a uno de los nuestros estandartes más imponentes: Oscar Mulero y su techno texturizado que terminó con una finísimo minimal que terminó por derretirnos. Por su parte, Oliver Heldens desplegó sus mejores bazas a golpe de “Gecko”, “This Groove” o “Koala”. Mucho nivel en todos los escenarios, aunque para quemar nuestras últimas energías, decidimos repartirnos entre el escenario de Oro Viejo y el del techno, con Ben Sims y, especialmente, Amelie Lens y su delicioso talento a los platos, para que pusieran la guinda a nuestra inolvidable vivencia de A Summer Story. Esa que todos los años nos hace decir lo mismo: joder, qué fiestón. Y sobre todo: el año que viene más.


Texto: Javi JB
Fotos: A Summer Story
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