Crónica Mark Olson, 15/03/11 — Charada

La noche comenzó donde lo hacen todas estas noches, en un bar. En esta ocasión, un tugurio llamado Muñiz situado en la acera de en frente de la sala Charada, lugar donde tendría lugar el concierto de uno de los padres de ese sonido llamado «americana» y que en tantas bocas está últimamente, Mark Olson, co-fundador de los emblemáticos The Jayhawks. Entre cañas y rebanadas de chorizo de pueblo a la plancha, parloteamos y especulamos acerca de lo que el señor Olson nos ofrecería en esta ocasión. Temíamos cierto tedio, no lo vamos a ocultar, pero aún así nuestra fe por el maestro es holgada. Así que sin más dilación, debido a la ausencia de teloneros, nos despedimos del barman burgalés y nos adentramos de lleno en una cálida noche más en el corazón de Madrid.

En este concierto, con Heart Of Gold como anfitriones, Mark Olson no vino acompañado de los Creekdippers, tampoco de su alma gemela (aunque le pese un poco), Gary Louris, ni por supuesto el resto de los Jayhawks, sino de una cantante noruega llamada Ingunn Ringvold, que además de la segunda voz se encarga del piano y la percusión. Y tras conocerla, la verdad es que nos alegramos de que no viniera tan sólo acompañado de su guitarra. Con las gira europea de presentación de su segundo disco en solitario Many Coloured Kite, recorrió todos los países europeos, excepto el nuestro. Algo bastante habitual (aunque cada vez menos, todo hay que decirlo), pero el caso es que se le quedó la espina clavada de venir aquí, así que decidió volver meses después. Siempre ha tenido una buena acogida en estos lares, sobre todo con el grupo que le dio la fama, aunque en esta ocasión apenas fuimos un centenar los que nos acercamos a escuchar sus canciones.

No cabe duda que, en el momento en el que Mark Olson grabó su primer disco en solitario hace cuatro años, The Salvation Blues, su carrera comenzó a caminar por un camino distinto al de los Jayhawks. No obstante, un año después cuando decidieron juntarse para dar aquel inolvidable concierto en el Azkena Rock Festival de Vitoria, nos colmamos de esperanza. Y todavía lo hicimos un poco más cuando declararon que la salida del nuevo disco está más cerca que nunca, así que veremos lo que ocurre. Por lo pronto, está claro que Mark Olson por ahora se siente más cómodo en escenarios pequeños, haciendo folk intimista y explorando nuevos sonidos e instrumentos. Mientras The Salvation Blues fue un álbum de inflexión tras su divorcio, en esta ocasión quiere mirar al cielo con alegría y sacar las cometas coloridas a paseo. Con el country y el folk de raíces siempre presente, este Mark Olson añejo está más apegado al campo que a la carretera, del mismo modo que lo está a la guitarra acústica más que a la eléctrica. Todos estos factores son los que nos hacían temer un concierto regado de algún que otro bostezo, pero finalmente resultó ser una velada humildemente deliciosa.

Reminiscencias orientales, e incluso dotadas de un poso africano y fundidas con el clasicismo rockero al que Olson nos tiene acostumbrados, prendieron la llama inicial. Armado con un peculiar instrumento con forma de guitarra horizontal y que se llama dulcémele de los Apalaches (ahí es nada), no tardó en deleitarnos con una renovada y simplificada «Wichita» para calmar nuestra estupefacción. Desde el primer momento, un djembé bajo las manos de la nueva compañera de carretera del norteamericano, Igunn Ringvold, y diversos arreglos como el de un curioso efecto de pedal conectado a la guitarra de Olson. Miradas cómplices entre ellos y una sonrisa de satisfacción por lo que estaban haciendo. Los coros armónicos de ella conectan a la perfección con la cristalina voz de él y dotan de poderosa intimidad al espacio. No tardaron en cantar a la vida, los sueños, la luz que brilla y el amor, a falta de flores en el pelo, a través de temas nuevos como el que da nombre al disco, «Many Colored Kite«, «Morning Dove» o «No time to live without her«. Nos queda claro que rebosa optimismo y madura jovialidad por todos sus poros. Además, en canciones como «Linda Lee» reviste el conjunto de un aura mística, apoyado en el armonio que Ringvold introduce con acierto. Este último instrumento alcanzó su apogeo absoluto en la maravillosa «Beehive«, sin duda alguna el mejor tema de su último trabajo. El caso es que entre las percusiones tribales, el teclado-fuelle tradicional indio y los coros devocionales, parece que el vaquero de Minneapolis se hubiera reencarnado en un monje tibetano. No obstante, he de reconocer que superada la pretensión de querer ver al Mark de los Jayhawks, esta nueva cara del cantante se me antoja de lo más disfrutable.

Como era de esperar, Olson y Ringvold también nos deleitaron con las canciones que todos estábamos esperando, «Pray For Me«, «Over my Shoulder» y la última que sonó en toda la noche, «Sister Cry«, de su época Jayhawks. Las tres carecieron de la fuerza que poseen originalmente, pero en cambio estuvieron dotadas de una honesta introspección y la misma alma con la que fueron compuestas. También hubo tiempo para el «Salvation Blues«, de su primer álbum, y «Ben Johnson’s Creek«, cúspide del ramalazo hippie-zen de Mark, en el que clamó en contra de la polución. Palmadas sesenteras como acompañamiento y buen rollito antipoliuretano. Por suerte aún quedaba «Little Bird Of Freedom«, el tema que canta mano a mano con Jolie Holland en el álbum, y con el que el combo Mark-Ingunn se despidió, además de con la citada «Sister Cry«, del puñado de amiguetes que fuimos a verle, y entre los que se encontraban los chicos de Amaral, habituales en este tipo de saraos. En fin, qué queréis que os diga, fueron 80 minutos agradables como pocos. Y es que cuando se tiene tanto talento como Mark Olson da lo mismo como lo manifiestes, porque el resultado siempre será un baño de aceites aromáticos para el espíritu (puestos a ponernos en plan ascético). Y con una sonrisa y el pulso templado, dimos la mano a Mark y nos fuimos de allí.


Texto: Javi JB
Fotos: Pablo Jiménez & Nacho Argote
javijb

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