La presentación consiguió llenar La Leyenda y los cinco integrantes superaron con nota la sufrida acústica del lugar. Lo primero a reseñar es que son una banda de verdad, no es un guitarrista habilidoso rodeado de comparsas. Cumplen todos y saben pasarse el testigo para tener cada uno su parte de protagonismo, redobles asincopados, bailes de colores al saxo y presencia absoluta del bajo. Parte de la culpa la tienen composiciones muy bien desarrolladas que dejan tiempo y respiro para que los guitarristas no se tapen y jueguen entre ellos.
Aparte de las inevitables versiones de pop sesentero -cayeron Beatles y Bravos- se escucharon entre otras ‘The Spy‘, con inevitables ecos a Dick Dale, ‘Thunderbird‘ a lo agente naranja -la más heavy del set-, o un gran final en ‘Suite Durango‘ con el saxo.
Conjugando momentos melódicos con otros donde liberar distorsión, manejan todos los trucos de un género repetitivo por definición, excelentemente ejecutado y superando ampliamente todas las expectativas de un primer disco.
Texto: Rafael Mozún
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