Un compañero con conocimiento interno del festival nos contaba que las dos bandas que, por sí solas, habían vendido más tickets habían sido Foo Fighters y Jennie. ¿Jennie?. Efectivamente, la reina del K-Pop tiene un ejército de seguidores cuya presencia se notó sobremanera en el segundo día de festejos. Curiosamente con gran cantidad de público asiático o, mejor dicho, español de ascendencia asiática.
Tras el habitual peregrinaje por el polígono llegamos a los estertores de Renee Rapp, con su uso de autotune a cascoporro en temas con mucho éxito como ‘I Think I Like You Better When You’re Gone’. Cambio rápido de escenario y la propuesta que nos esperaba superó nuestras expectativas. La intro con ‘September’ de Earth, Wind & Fire ya nos daba pistas de por dónde irían los tiros, y es que el amigo Charlie Puth en directo lleva una banda de funk impresionante.
Inicia el concierto con voces a capella en ‘Beat Yourself Up’, y ya desde el principio sacamos los pasos prohibidos de baile. Puth, con pinta de nerd triunfador, se gusta a los teclados en ‘How Long’, y aunque baja revoluciones con ‘LA Girls’, el guitarrista anima con cánticos al público para que nadie baje los brazos.
‘We Don’t Talk Anymore’ es el primero de sus múltiples hits en los que la mitad del público saca el móvil y graba. Extienden el tema con una elegante coda jazzera, algo que harán en muchas canciones. Su planteamiento en vivo parece ser: menos canciones, pero más sabrosas. Nos alegra mucho que plantee un concierto muy diferente a sus cuidadas producciones en el estudio, donde sus píldoras de pop amable son las que han hecho que no baje de las listas de éxitos desde su irrupción.
«Hola gente, este es el primer festival en el que tocamos en Europa» y aunque setlist.fm le contradiga, agradecemos que Charlie sienta Madrid como si fuera su primera parada en el continente. Prosiguen con ‘Cheating On You’, que aumenta su nivel con acordes santaneros, y de nuevo cámaras arriba con ‘Attention’. ‘One Call Away’ fue el momento de sentirse en una misa gospel con armonías celestiales, ¡qué bonito sonó!. El de Nueva Jersey agarra el micro «¿Queda tiempo? Pues está es la primera canción que escribí»: ‘See You Again’ a piano y 4 voces vuelve a hacernos levitar, mientras el cierre con ‘Changes’ hace que el baile retorne para finiquitar una hora en la que la música ganó al calor.
Para ese momento Lorde ya llevaba la mitad de su set, ¡malditos solapes! pero aún disfrutamos de una de nuestras baladas favoritas de siempre ‘Liability’ y de enormes bangers como ‘Supercut’ o ‘Green Light’. Sí, Melodrama es nuestro álbum favorito de la neozelandesa y en directo nuestra opinión es refrendada por buena parte del público. Tras verla en otras ocasiones con excesivos problemas de afinación, en esta ocasión cantó bien (¿con ayudas? quién sabe) y montó un show excelente. Lástima que la PA del lateral izquierdo estuviera apagada y no la pudiéramos oír como nos gustaría.
Apenas acaba de terminar ‘Ribs’ y miles de postadolescentes con purpurina en la cara y un par de despedidas de soltera con toda su parafernalia fálica corren hacia el escenario 2 para ver a Zara Larsson. Teniendo en cuenta la enorme cantidad de gente que congregó, nosotros la vimos un rato desde la lejanía, donde confirmamos que -al contrario que muchas otras divas- Zara canta en directo y consigue conectar con su público. La masa de gente que desbordaba la explanada era impresionante. Así a ojo nos pareció que había el doble de gente de la que cabía en esa zona, con las consiguientes quejas de que debería haber actuado en el principal. A todos se nos olvidan los contratiempos cuando suena ‘Lush Life’. Parece que fue ayer cuando se convirtió en una de las canciones del verano de 2017, bailada y cantada hoy con unos graditos de más gracias al cambio climático que negarán muchos invitados de ese rincón del piso superior de la zona VIP que usted sabe.
Aparte de los 3 escenarios principales que ya hemos mencionado, hay un par de carpas denominadas bajo un par de tipos de cerveza que contraprograman propuestas menos populares pero, en muchos casos, muy interesantes. Una especie de Mad Cool alternativo con el atractivo añadido de escenarios refrigerados. Si el patrocinador quería que asociáramos su producto con el frescor lo consiguió con creces.
En una de estas carpas para 2100 personas actuó La Paloma que puso ‘Sabotage’ de Beastie Boys como intro y tuvo a varios fans acérrimos en las primeras filas. Un poco de barrio entre purpurina nunca está mal. Estribillos como el de ‘Sé lo que quiero’ son vociferados a grito pelado en un pogo incipiente, pero el cantante sabe de qué va esto: «Gracias por venir, el aire acondicionado creo que juega un papel aquí».
En esta banda cantan dos, como en Pereza, y la mayoría de los temas que canta la gente son de uno de ellos. Y todo gana enteros cuando el que canta deja la guitarra de lado (aún así quedan otras dos) y aumenta su presencia escénica. En Musicópolis nos gustó su disco del año pasado Un Golpe de Suerte, del que ofrecieron temas como ‘Las cosas que me gustan’, que suena genial con acústica, o ‘Elegante’, que tiene esa voz arrastrada con contrapunto de guitarras que hace años ya facturó Dinero, pero ahora con macarrismo.
Observamos con alegría que ya tienen varias canciones muy coreadas como ‘Quejas célebres’ o ‘La edad que tengo’, pero el culmen de todo viene con la canción de la calle que va desde Quevedo a Plaza Castilla: «En una terraza de Bravo Murillo espero a la muerte». En un negocio cada vez menos analógico es gratificante oír guitarras frescas y potentes, junto a un baterista más que solvente, dando variedad y expresividad a los temas.
La diva del día en el día de las divas no cantó una nota en su concierto. O no se la oyó entre tanto pregrabado. El espectáculo de Jennie tiene una producción al nivel de sus millones de escuchas, con muchas plataformas y fondos faraónicos. El show es mucho más grandilocuente que la música en sí, que no deja de ser una cuidada mezcla del pop de las últimas décadas. Por esto se nota mucho la diferencia entre los que conocen todas sus canciones al dedillo -mucho preadolescente que ha venido con sus padres- que bailan y celebran cada gesto de la coreana, y miles de personas sentadas en los laterales, disfrutando de una bebida y de que el volumen no es demasiado alto para charlar. La de Seongnam, al sur de Seúl, tiene 30 años y ya es una veterana del negocio, formando parte del fenómeno BLACKPINK desde 2016. «Gracias mucho».
No juzgues un libro por su portada. Busca una foto de Teddy Swims y dime qué tipo de música crees que hace. No acertarías más que a la cuarta o a la quinta. Rudo por fuera y tierno por dentro, este norteamericano del estado de Georgia es, posiblemente, la voz de soul más importantes que ha salido en esta década. Sólo ha editado dos largos, pero con multitud de versiones y variaciones, el I’ve Tried Everything but Therapy con sus partes 1 y 2 que has escuchado por todas partes en los últimos meses.
Con la cara tatuadísima, una visera con el lema «make her squirt not cry» y hasta un micrófono con un puño americano, de Swims nunca hubiéramos imaginado que ofreciera una voz profunda y potente a más que correctos temas soul con dejes de R&B y pop. Lleva en el negocio un tiempo, ya ha cumplido 33 años, pero no fue hasta 2023 que editó ‘Lose Control’, un exitazo a nivel global que ya supera los 2500 millones de escuchas en Spotify. Quizás por esto tiene tatuado encima de la ceja derecha la palabra «patience».
La banda que lleva es monumental, y las plataformas que conforman su escenario dejan un resultado ciertamente pintón para escuchar ese nuevo clásico del soul que es ‘Bad Dreams’. ‘Somethin’ ‘Bout a Woman’ la grabó a pachas con el artista country Thomas Rhett y en Madrid el teclista se luce, ‘Mr. Know It All’ la ha editado hace poco e intenta dar otro color a sus canciones, lo mismo pasa con ‘All That Really Matters’, que aunque tenga una base de pop más actual en ningún momento el arreglo puede el protagonismo de su voz. Es una maravilla ver a una banda sin miedo a sonar rock, al menos verlo fuera de USA, donde es lo más habitual, y es por esto que una cover excelsa de Jump de Van Halen nos parece que encaja perfectamente en el show mientras nos acordamos de Galko de MercadeoPop y su devoción por el maestro del tapping.
Los coristas son cantante excelentes, y el dueto que se marca con una de ellas en ‘Bed On Fire’ es increíble (aquí la versión de unos días antes en Werchter con una escenografía más modesta), dejándonos KO antes de poner la guinda con su súper éxito ‘Lose Control’. Teddy consigue una conexión real con el público, primero se saca las entrañas en una canción y a continuación te habla como si fueras su colega de toda la vida. Ha transformado un estilo asociado a la elegancia y el buen vestir a su rollo callejero y visceral sin perder un gramo de autenticidad soul.
Para finalizar el día teníamos a algo más que una diva. A una gran chamana, a una suma sacerdotisa, a Florence Welch de Florence + The Machine. Dentro de un negocio bastante estandarizado los británicos han conseguido que su mezcla de folk y rock con artificios pop sea totalmente adorada por varias generaciones de amantes de la música. Con una puesta en escena espectacular y unas bailarinas muy teatrales que aportan mística al conjunto, el principio con ‘Everybody Scream’ nos preparaba para uno de sus estribillos más reconocibles en ‘Shake It Out’ o la apasionada cabalgada en ‘Spectrum’ poco después. Excelente desenlace para llegar a la mitad de este Mad Cool.