Roskilde Festival 2026- 1-4/7/2026- Día 3: viento huracanado, divas a medio gas y Byrne histórico

Mañana del viernes. Salimos de la tienda y el vendaval es importante, menos mal que -perros viejos- hemos asegurado bien los vientos de la tienda. Más tarde nos enteraríamos que fue el día con más viento de la historia del festival, y, entre consejos prácticos, las redes sociales del festival muestran cómo una tienda y un carro puede usarse como medio de transporte entre los campings… con divertidos resultados. Espero que ningún voluntario fuera herido al rodar ese vídeo.

De anécdota atmosférica histórica a otros históricos. The Savage Rose es una banda que ya estaban en activo cuando se celebró el primer festival de Roskilde en 1971. Su legendaria cantante Annisette Koppel sigue al pie del cañón y congregó a varios miles de espectadores en uno de esos conciertos con tintes -de nuevo- históricos.

Además de por sus 23 álbumes de estudio que abarcan desde el rock progresivo al psicodélico pasando por épocas soul, folk o rock, Koppel es conocida por su activismo político a favor de los derechos humanos. Este país es el primerísimo mundo por algo. Con 77 años es un auténtico icono en Dinamarca, dirigió a una formación completa entre varios de sus éxitos y su voz resonante logró arrancar lágrimas a varias generaciones de asistentes.

Nos movemos al cercano escenario Lagune para ver a Getdown Services, un dúo de Bristol que empezó a hacer música en la pandemia y que basan su show en un sonido básico y crudo, con un sentido del humor también básico. Incluyendo chistes de pedos. Dejamos atrás a los británicos encuerados y pasamos frente al Orange, donde Tessa demuestra una gran capacidad de convocatoria y muchas ráfagas de versos replicados al dedillo por sus fans. Por motivos como este Theresa Ann Fallesen, su verdadero nombre, fue merecedora de un gran graffiti en la zona central del recinto.

De la claridad del día a la oscuridad del Gloria, tanto lumínica como sonora, ya que Milkweed liberan su folk pagano y mágico con toques experimentales que descolocan las mentes y te hacen viajar a parajes fantásticos gracias al ambiente del edificio. De película.

Volvemos a ver el sol y llegamos al Fauna, donde Maruja muestran una faceta más jazzística de la que imaginábamos en disco. Swans podría ser una buena referencia, ya que también son unos maestros en el manejo de las dinámicas. Cuando sus temas son tangentes al metal más intenso -donde aplican afinaciones bajísimas propias del nu metal- entonces nos recuerdan a los mejores Blackjazz en su mixtura de fuerza, intensidad y toques progresivos. Hasta en los saxos desatados cual sirena en verbena. Todos estos elementos se pueden palpar en temas como ‘Bloodsport’ o ‘Look Down On Us’. Se despiden deseándonos «Solidarity and love».

El momento country de este año tenía el nombre de Sierra Ferrell. Nos chivan que la virginiana ha tenido tanto éxito desde que editase Trail of Flowers en 2024 que este verano ningún festival español pudo llegar a sus requerimientos económicos. Con apenas dos largos publicados, el ya mencionado y su debut Long Time Coming de 2021, Sierra ha pasado de tocar en el antiguo -y pequeño- escenario Pavilion a desbordar el Arena. Tiene canciones de country para todos los públicos, como ‘American Dreaming’ o ‘In Dreams’ que ganan con una bandaza con el sombrero cowboy y el pelo facial requerido en el estilo. Pedal steel, violín y banjo aumentan el sabor tradicional norteamericano, donde la guinda es la imagen de Ferrell que parece Bo Peep, la novia de Woody de Toy Story.

Nos encaminamos hacia la primera cabeza del día en el Orange, pero antes pasamos por el Gloria para ver como Luisa Almaguer lucha con su música contra las problemáticas que las personas trans tienen en su propio país, México, y en todo el mundo. Cuando llegamos a la explanada principal subimos la edad media por mucho. Addison Rae es una diva pop relativamente nueva, su primer y mayor éxito hasta la fecha es ‘Diet Pepsi’, de hace apenas dos veranos, y basta echar un vistazo alrededor para notar que su mercadotecnia está dirigida al mismo público que los Cigarrillos Laramie (The Simpsons cover).

Precisamente ese refresco de cola light es su tema de inicio, y ya comprobamos que el 99% de lo que suena está pregrabado, que a Addison se la escucha gritar al público, pero nunca cantar, y que fía su (verificable) éxito a una gran producción (gran de grande, de que cabe en el Orange nuevo) y a mucho baile y posturitas que son imitadas por sus fans. Malo cuando un concierto requiere más gimnasio que clases de canto. Este show fue uno de los que elevó el debate en diversos foros y medios (como soundvenue) ¿Debería la música en directo ser en directo? Una perogrullada que cada vez es más falsa.

De la decepción (¿de los boomer?) a la validación del arte. Sin plataformas, sin escenografías caras, pero con muchos músicos, ensayos, creatividad y -ojo- frescura, el gran David Byrne se plantó ante un público con el doble de edad media que el del bolo anterior.

‘Heaven’ con cuerdas y la imagen de fondo de Earthrise, la mejor foto de la historia, emociona por partida doble. Los músicos están todos de pie con su instrumento (las percusiones están repartidas entre varios) y en cada canción se posicionan o mueven de una manera determinada. Hasta hipnótica, ya que todos llevan camiseta y mono azul. Toda una marching band sin salirse del Arena. Finaliza el tema y David señala la Tierra en la pantalla: «The only one we’ve got».

El último lanzamiento del célebre músico fue Who is the Sky? en 2025, y de él rescata ‘Everybody Laughs’ y ‘What is the Reason For It’ («Love and kindness is a form of resistance»), con ritmos apetitosos y bailables. Pero en esta gira está tocando dos terceras partes de temas de Talking Heads, y el público Roskildense más veterano lo agradece, cantando a grito pelado ‘And She Was’ o ‘This Must Be The Place (Naive Melody)’.

Nos maravillan las coreografías sencillas, de apenas pasearse -con gracia- por el escenario músicos, bailarines y coristas. Además un cámara sobre las tablas acerca los gestos y complicidades de los artistas hasta al oyente más lejano. Alardes de producción inteligente, que consiguen expresar mucho con muy poco. Depende de la canción Byrne agarra la guitarra o simplemente canta y baila. Y conecta, estamos ante una de esas figuras que, cada vez que habla, parece que se está dirigiendo a ti.

Es una obviedad, pero una docena de voces armonizadas siempre sonará mejor que cualquier autotune. ‘Houses in Motion’ es celestial con un gran solo de guitarra, en ‘(Nothing But) Flowers’ todos respondemos «you got it, you got it» mientras las caderas se mueven con la polirritmia africana, y ‘Life During Wartime’ en 2026 se acompaña de imágenes del ICE y profusión de banderas mexicanas.

Aún quedó tiempo para un par de apoteósis colectivas durante ‘Psycho Killer’ y ‘Once in a Lifetime’, con el remate de ‘Everybody’s Coming to My House’ y ‘Burning Down the House’. La lección de clase no termina con la música, al final vemos los títulos de crédito y todo. Elegancia máxima la de un David Byrne eternamente inquieto y curioso. Ayer, hoy y siempre: una de las mentes más preclaras del negocio.

No sólo gozamos el espectáculo como nadie, también hicimos amigos, conocimos a erasmus roskildenses de los 90 y hasta se nos reveló (con mucho humor) que la corrupción en Dinamarca no es robar dinero, sino conseguir que te inviten al festival de Roskilde. Siempre está bien juntarse con gente que sabe de qué va el percal.

La surcoreana Jennie usa la misma técnica de negocio que Addison: menos música, más imagen. Ya lo dice ella misma en la letra de ‘Like Jennie’: «Who wanna rock with Jennie? Keep your hair done, nails done like Jennie?». Qué curioso que los dos ejemplos que nos puso el mánager del Orange Stage sobre grandes producciones que ya podían actuar en el escenario fueron de los que menos música ejecutada en vivo y en directo tuvieron (if any).

El acceso al EOS se complica muchísimo a las once de la noche. El año pasado Oklou editó un tercer disco, choke enough, que la ha aupado en las listas y, sobre todo, ha conseguido un público que mereció otro recinto mayor. La francesa emplea una original amalgama de influencias con toque propio entre la mística y la oscuridad. Su escenografía no es nada común, iluminaciones gélidas, un columpio, focos colgantes, dos músicos enfrentados a las teclas y programaciones y un videógrafo que, cámara en mano, acerca -mucho- la cara de la de Poitiers al público a través de la pantalla.

Es un tópico bastante manido que los franceses meten electrónica en todo, y en este caso se cumple en temas com mucho autotune, teclado con líneas barrocas y algún subidón bailongo para acompañar. Ya sea cantando, a los teclados, a la guitarra o a la flauta dulce luminosa, Marylou Vanina Mayniel triunfa en la sutilidad acústica y en los saltos de ‘harvest sky’, donde es obligatorio subir a hombros a tus compañeros. Como único debe observamos que su fórmula es muy estática (‘take me by the hand’ es casi un autoplagio de su gran éxito) y debería ampliarse un poco para no ser un one trick pony de manual.

Con el cuerpo ya danzante nos acercamos a ver a Kin’Gongolo Kiniata, una banda del Congo que ha construido varios de sus instrumentos con residuos urbanos. Ahora los botes, utensilios de cocina y placas metálicas son las responsables de bailes endiablados.

Poison Ruïn es una de esas formaciones que no sabes si hacen metal apunkarrado o punk metalizado. En todo caso aprovechan la fuerza de ambos géneros en un estilo que condensan en poco más de media hora de actuación arrolladora. Su nuevo disco está recién sacado del horno, y de Hymns from the Hills ofrecieron trallazos como ‘Lily of the Valley’ o ‘Eidolon’. La voz rasgada es perfecta para las canciones y el bajista está más que animado, mientras los guitarristas suenan potentes ya sea con acordes pesados o racaraca ramoniano.

Por si el fogonazo de los de Philadelphia nos supiera a poco, fuera del Gloria nos reciben los fuegos artificiales que Aphaca estaban lanzando desde el Orange. Va a ser verdad que las bandas locales se gastan todo su caché en montar un espectáculo inolvidable. Chispazos de felicidad en la breve noche azul danesa.


Texto y fotos: Rafael Mozún
Fotos portada: Steffen Joergensen

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